El “Batman” de Christopher Nolan o cómo hacer brillar una saga descarriada

Christopher Nolan dirigiendo Batman

Que la película de un superhéroe enmascarado, nada menos, encandile a los seres más pequeños de la casa, a los niños grandes o a esa franja irrepetible de la vida que llamaríamos “los frikis”, no puede etiquetarse de gran novedad; pero que la misma película deje admirada al sector de la crítica cinematográfica de todo el mundo es algo verdaderamente insólito. Y sin embargo es lo que sucedió en el verano de 2008 cuando el director Christopher Nolan estrenó “El Caballero Oscuro”, una eximia secuela de la anterior “Batman begins” que sirvió entonces como “restart” de la franquicia. El éxito, también de taquilla, fue tan inmenso que la de Batman se convirtió pronto en la saga más envidiada entre los especialistas del género, y Chris Nolan, rápidamente, en su meritorio demiurgo, gran titular de la hazaña.


Así, la saga de Batman ha coronado a Nolan como uno de los más exitosos directores de cine del Hollywood actual, que no atraviesa, precisamente, por su etapa más dorada. Sin embargo, Nolan parece reunir suficientes características para postularse como el paradigma del nuevo director de cine que Hollywood necesita: Solvente, fiable, con estilo personal bien reconocible y con un punto experimental que ha demostrado en diversas ocasiones (véase, sin ir más lejos, “Memento”, 2000). Incluso en propuestas más o menos comerciales con un fondo anodino es capaz de sacar partido al elenco y dar lugar a filmes con cierto valor (“El truco final”, 2006).

Sin embargo, el nombre de Nolan está ahora definitivamente asociado al éxito incomparable de la saga Batman, y más concretamente al éxito del difunto Heath Ledger en su inolvidable papel de Joker (“El caballero oscuro”). El éxito de uno, tras la cámara; y del otro, en la pantalla, articularon un tándem insólito que cogió a la crítica por sorpresa y embelesó al público con una digna película de superhéroes de lo más psicológica, analítica, a veces profunda, casi siempre adulta y, por supuesto espectacular.

¿Cuáles son los puntos clave para comprender el éxito de la nueva saga de Batman de Christopher Nolan?

1 – Verosimilitud general:

Los Batman de Joel Schumacher, las previas adaptaciones del cómic que incluso llegaron a hacer que el enmascarado fuera interpretado por George Clooney, se habían caracterizado por la exageración: Un diseño de producción histriónico, una paleta de colores abigarrada, repartos actorales descarriados (Schwarzenegger, Alicia Silverstone…), una oscuridad desencajada de color donde la figura principal se ensalzaba y veneraba casi sin control, etc. Pareciera que la saga, ya entonces nostálgica de su primer Joker (Jack Nicholson), hubiera decidido intensificar cada uno de sus rasgos hasta la caricatura, cayendo en un ridículo definitivamente abocado a un profundo “restyling”.

Batman de Christopher Nolan

Con Nolan, la saga Batman se sacude toda rémora Schumacheriana y toma el rumbo de la prudencia, de lo verosímil: Gotham se aleja de la fantasía que había llegado a ser y se viste con las fachadas verdaderas de la auténtica Nueva York. La dirección prescinde de encuadres extremos propios del lenguaje del cómic y opta por composiciones más convencionales. Las escenas de acción se cuentan con mayor claridad confiando en que sea la narración quién construya la espectacularidad, y no sobreexplotando el código con la esperanza de que la forma hinche el contenido. El guión no simplifica los conceptos del bien (Batman) y el mal (los villanos), sino que acepta centrarse en la narración permitiendo que la historia avance a través de sus escenas (ninguna de las tres películas dura menos de 140 minutos) y dotando a cada personaje de un interior moral y emocional con cuya lógica llegamos incluso a empatizar. Y, por último, Nolan nunca abusa del traje del superhéroe, sino que lo hace comparecer tarde y siempre de forma justificada. Se diría que Bruce Wayne gana claramente a Batman en cada una de las tres películas.

2 – Personajes ricos y ambiguos.

La primera entrega de la saga, “Batman begins”, se plantea con una seriedad insólita construir un pasado sólido que sostenga el devenir del personaje principal. El Batman de Nolan no nace en la pantalla enfundado en las mallas sino que parte de algo tan sencillo como el rostro atemorizado de un niño. El miedo se convierte en el concepto clave alrededor del cuál se articulan todos los acontecimientos que, durante su niñez, su adolescencia y su primera adultez, se van a orquestar para dar lugar al personaje de Batman. Cada espectador recibe, durante la película, una seria exposición de hechos que justifican la construcción del alter ego de Bruce Wayne en forma de “Batman”, de tal modo que éste no es una arbitraria respuesta ante el crimen de Gotham, sino el único resultado posible por el histórico de Bruce Wayne. “Batman begins” siempre tiene en cuenta cómo afecta el miedo al personaje, cómo condiciona sus decisiones, cómo se convierte en su única debilidad (resulta curioso que en “La leyenda renace” sea el miedo el que le proporcionará la libertad en un simbólico salto en el vacío) y cómo entronca el sentido mismo del personaje hasta hacerlo comparecer erguido ante la audiencia con una dignidad profunda y comprensible que a todos resulta verosímil.

El joven Batman

Parte de esa verosimilitud proviene también del hecho de que el personaje de Batman no tiene un sentido acendrado y limpio: Su espíritu arrastra erróneas decisiones del pasado (a punto está de cometer asesinato a sangre fría en un juzgado clamando venganza) que dejan traslucir una humanidad más próxima a la de cualquiera de nosotros que la dureza moral que otras películas atribuían a un férreo personaje que nunca duda entre el bien y el mal. Durante “Batman begins” vemos cómo se construyen sus valores, cómo comienza a sufrir por sostenerlos (ver su dificultosa huída del templo de Rashal gul al negarse a ejecutar a un hombre cuál verdugo) y cómo puede llegar a dudar. Esta imperfección le dota de una novedosa humanidad que fortalece nuestro vínculo con el personaje y nos une a él en forma de identificación sincera. Advertimos en el Batman de Nolan grietas sensibles y un espíritu en ocasiones en construcción sólo guiado por la buena fé pero en ocasiones algo perdido (en estos casos resulta fundamental la intervención primero de Rachel y segundo de Alfred, que le recuerdan explícitamente el camino a seguir). Que su brújula moral tarde en ocasiones en enderezarse…

podría relacionarse con que su adiestramiento fue procurado por un grupo que terminó revelando su condición terrorista, o quizás sólo esté relacionado con la verdadera naturaleza humana; sea como sea, el de Nolan es un Batman que antes de decidir bien puede equivocarse a pesar del consejo de muchos.

Nolan subraya incluso la ambigüedad moral de personajes como Dos Caras, Harvey Dent, que comienza como un héroe civil enarbolando la lucha contra el crimen organizado por la vía legal, atraviesa una metamorfosis progresiva y culmina convirtiéndose en un terrible villano que aunque de forma poco espectacular pondrá la zancadilla gravemente a Batman y al comisario Gordon. Nolan dedica tiempo y espacio a contar y explicar el procedimiento de reconversión desde el punto de vista puramente psicológico de tal forma que las decisiones de su personaje y su desenlace cobren un sentido profundo y verosímil. A menudo, los personajes más ambiguos, los menos acendrados, los que combinan por igual más elementos luminosos con tentaciones oscuras, son los más interesantes, los más ricos y los más verosímiles.

El comisario Gordon también es otro de esos personajes ambiguos y ricos. Nadie duda de su incorruptible compromiso con la legalidad y con el orden. Sin embargo, el personaje se desborda por el lado contrario saltando la raya de lo legal y de lo moral en forma de actuaciones no del todo presentables pero con las mejores intenciones (llega incluso a fingir su muerte sin avisar ni tan siquiera a su familia, o miente a la ciudad de Gotham al final de “El caballero oscuro” porque Batman “es el héroe que Gotham se merece pero no el que necesita ahora”). La hipertrofia de su compromiso trasciende los bordes de lo presentable planteando a corazón abierto el eterno debate sobre si el fin justifica los medios. Lo interesante no es la respuesta, sino la pregunta en sí, buena prueba de que el personaje intoxica su buena fé con elementos dudosos que, de nuevo, concluyen un fondo de lo más… verosímil.

3 – Un valioso elenco de actores.

A nadie se le escapa que para un Batman complejo donde la construcción de los personajes es una pieza clave de la producción, hacía falta un elenco de actores capaces de articular dicha estela psicológica. Se requerían actores con rostros sobre los que colgar los detalles necesarios para contar una historia llena de matices, ambigüedades y profundidad psicológica. Frente al Batman de George Clooney, cuya elección para el papel daría para escribir todo un post independiente, Nolan confía en un Christian Bale famoso por tomarse realmente en serio su participación en las películas (célebre es su adelgazamiento extremo para “El maquinista”, 2004), que no destaca por ser especialmente atractivo y que además exhibe un aspecto poco emparentado como el imaginario de los cómics. El éxito fue tan grande que durante el éxito de la primera “Batman begins” costaba romper el tándem Nolan-Bale y muchos fueron los que atribuyeron al segundo gran parte del éxito del primero. Con “El Caballero oscuro” el mérito quedó más claro puesto que la producción brilló especialmente en áreas que no tenían tanto que ver con Bale y sí con el guión, la dirección y la producción (con permiso de Heath Ledger).

Sin embargo, el elenco se completa con algunos nombres que son ya leyendas vivas de la historia del cine. Es el caso de Michael Caine, cuyo solo nombre eleva el prestigio de toda la producción y hace que la saga gane de partida una importante confianza. Hay quién le acusa de sobreactuado en la saga de Batman, pero quizás se trate tan sólo de que sus capacidades se vuelven enérgicas en un personaje que no necesita tanto. El resultado, sin embargo, es magnético. Es imposible no disfrutar con las escenas en las que Alfred interviene, y a uno se le antoja que la historia y el personaje se le quedan pequeños a este inglés extraordinario que cuando aparece en pantalla aparta con su presencia a todos los demás actores.

Christian Bale y Michael Caine

Caine, además, propone aquí un nuevo tándem: El que tiene con Morgan Freeman, otro de esos nombres de la historia del cine, este posterior, que evoca en nuestras mentes quizás alguna película para la historia y una estela firme de personajes serios construidos con el esmero que este actor ha sabido imprimir siempre en sus trabajos. Da igual lo precario de las producciones en las que participe, sus personajes suelen aprobar con dignidad. Gran ventaja contar con él para un personaje sarcástico como el de Lucius Fox.

Gary Oldman. Hubo un tiempo en los 90 en el que pronunciar su nombre era hacer comparecer un largo y exitoso plantel de villanos y malos de película que atraviesa películas tan dispares como “León, el profesional” (de Luc Besson, 1994) y “Drácula” (de Coppola, 1992) incluyendo experimentos como “El quinto elemento” (de Luc Besson, 1997). Solvente, enérgico, camaleónico como pocos, Oldman rompe aquí su inercia histriónica y malvada para dar vida a un personaje de profunda buena fé y limpias intenciones que, sin embargo, ve corrompida su voluntad en lo más profundo y termina cayendo en la tentación de lo incorrecto para tratar de salvar el bien. Si su personaje en “Batman begins” ya se ganó a todos, en “La leyenda renace” se desenrolla por completo y muestra su enorme potencial. Gran elección.

Heath Ledger como "Joker"Heath Ledger. Decía Rowan Atkinson que cuando un actor se encuentra con su “personaje visual”, todo funciona a la perfección, pensando en “Mr. Bean”. Quizás sea el caso de Heath Ledger que se encontró tan cómodo dando vida al Joker que puede que toda la saga del Batman de Nolan sea recordada por su espléndida y brillante interpretación. El Joker ha sido el plato fuerte de las tres películas, el personaje más intenso de todos, el más espectacular, y es posible que una de las grandes razones por las que esta nueva saga le ha cogido la delantera a todas las películas anteriores de Batman. Su muerte, acaecida durante el estreno de la película, contribuyó a incrementar su brillo y elevarlo a la categoría de estrella absoluta a la que, es indudable, hasta Nolan le debe mucho.

Y aún habría que mencionar los nombres de, nada menos, Liam Neeson, Cillian Murphy, Marion Cotillard… nombres firmes asociados a buenas interpretaciones.

4 – Acertada banda sonora.

La saga opta en “Batman begins” por una melodía más profunda, más comedida y más a la medida de los nuevos tiempos de Batman. Atrás quedan los singles promocionales, las melodías tópicas y los estrépitos de acción. Adicionalmente, y porque Batman tiene mucha acción, la banda sonora añade pistas trepidantes para animar las escenas más dinámicas. Todo bien integrado, con un toque de prudencia, y con un color que recuerda al del propio personaje central.

En definitiva, y aunque se trata de una saga sobre nada menos que un superhéroe, la de “Batman” se ha convertido en una de las más brillantes adaptaciones que se han creado de superhéroes de cómic y ha creado toda una escuela estética y de estilo narrativo que promete ser el comienzo incluso para el restyling de otras sagas de superhéroes como “Superman”. No en vano, el bueno de Nolan ya está involucrado no en la dirección pero sí en la producción de las nuevas adaptaciones de “Superman” al cine. La visión de Nolan ha puesto a “Batman” de nuevo en los cines, en los blockbusters de mayor éxito en las taquillas, y con un poco de suerte y el talento de algunos fantásticos terceros, léanse aquí los nombres de Heath Ledger o Michael Caine, ha puesto el listón de la saga lo suficientemente alto como para que los próximos años veamos pocas evoluciones. Nolan se ha convertido en uno de los grandes nombres de este Hollywood que ya no es el que era y que tanto le necesita.

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