La intervención del ente perverso: Lógica del pacto y contractual

Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno.

  Jorge Luis Borges, “Deutsches Requiem“, de “El Aleph“, 1949.

Dante, en la primera parte de su antológica “La Divina Comedia”, describe el infierno, siendo acorde con el contenido bíblico, de siete círculos, según el pecado que el condenado hubiera cometido. Así pues, esta condena variaba en tanto en cuanto la gravedad del pecado, otorgándole a toda la sistemática infernal un carácter penitenciario en el estricto sentido de la palabra, en donde es complicado discernir esa relación entre el apóstata Lucifer y su creador, Dios, más que una especie de enfrentamiento directo referido al Armagedón, entre los herederos de estos dos, sino como una relación de mutuo entendimiento en donde Dios ejerce como juez y condena, pero el  Diablo acepta de buen agrado su papel de alcaide y jefe supremo del funcionariado demoníaco. Alejándonos ya del aparato bíblico-teológico mencionado, aunque era preciso mencionarlo de manera introductoria dado que hay ciertos aspectos que tienen su influencia en la consiguiente teorización y exposición en torno a  “El corazón del Ángel” (“Angel´s Heart”) de Alan Parker, 1987 y “Carretera Perdida” (“Lost Highway”) de David Lynch, 1997. Dos películas que, a pesar de distar una década entre ellas, han terminado alzándose, tanto en sus épocas como en la actualidad, con el apelativo de obras de culto y que tras varios visionados, he decidido establecer un paradigma de similitudes y matizaciones alrededor del que considero que es la temática subyacente en las mismas: la intervención del ente perverso y su lógica del pacto y contractual. Sin ánimo de caer en arbitrariedades y tampoco queriendo establecer conclusiones categóricas (todo lo discernido a continuación es discutible y puede ser puesto en tela de juicio), he tomado la decisión de elaborar este ensayo-comparativo de ambas cintas con la intención de indagar y meditar acerca del porqué de los enfoques de dos cineastas tan aparentemente distintos en forma y contenido.

 

El Ente Perverso: Los dos Roberts

Antes de entrar en materia me gustaría detenerme solo unas líneas para poder definir concienzudamente de forma que quede con la mayor claridad posible este concepto; el ente perverso tendría sus raíces en la mitología griega asociada a la figura de Hades/Plutón que, a su vez estaría estrechamente relacionado con la figura del Diablo o el Demonio tentador, que es donde hallaríamos su principal esencia. No obstante, es inevitable acordarse del  Genio Maligno cartesiano que detalladamente nos describe el filósofo en sus “Meditaciones”, 1647: “no un verdadero Dios -que es fuente suprema de verdad-, sino cierto genio maligno, no menos artero y engañador que poderoso, el cual ha usado de toda su industria para engañarme. Pensaré que el cielo, el aire, la tierra, los colores, las figuras, los sonidos y las demás cosas exteriores, no son sino ilusiones y ensueños, de los que él se sirve para atrapar mi credulidad. Me consideraré a mí mismo como sin manos, sin ojos, sin carne, sin sangre, sin sentido alguno, y creyendo falsamente que tengo todo eso.

No quiero cerrar el debate a esta conceptualización, que probablemente daría para un largo ensayo cinematográfico-metafísico en torno a esta cuestión, pero centrándonos de nuevo en el objeto de esta reflexión, me interesa puntualizar la intervención del denominado ente perverso como principal factor en ambas tramas, aunque el catalizador corresponde al siguiente apartado a tratar. Además esta es la primera similitud; el nombre de los dos actores, donde la diferenciación radicaría en que el Louis Cyphre de Robert De Niro, concordaría más a una interpretación basada en la encarnación y dinámica del Lucifer bíblico que osa equipararse a Jehová. Mientras que en el caso del Hombre Misterioso de Robert Blake, su presencia es más asociable a la de un demiurgo malévolo que pudiera habitar la peor de las pesadillas de Descartes.

"El corazón del ángel" de Alan Parker y "Carretera Perdida" de David Lynch

La selección de ambos actores podría tener una razón clara y definida para los dos cineastas. De Parker tenemos constancia, por sus comentarios de la película, que él deseaba específicamente a De Niro para este papel, a pesar de que el actor no estaba muy interesado en el rol; la elección no pudo ser más acertada, ofreciendo el actor una de sus más enigmáticas y curiosas interpretaciones. Muchos detalles fueron añadidos por el propio histrión: la manicura cuidada y alargada, el cabello largo, el bastón… Lynch tenía claro que Blake, el que fuera protagonista de la famosa adaptación cinematográfica de la novela de Capote, “A sangre fría” (“In Cold Blood”), 1966, debía estar en el reparto de la película; el director era un ferviente admirador del intérprete. Como anécdota, señalar que a pesar de que Blake no entendía especialmente el guión aportó su particular toque al personaje: se fabricó su propio vestuario y maquillaje. La última y, posiblemente, más escalofriante interpretación de su longeva carrera.

"El corazón del ángel" de Alan Parker y "Carretera Perdida" de David Lynch

Cuesta no ahondar en los matices interpretativos de cada uno, estrechamente relacionados con las características que hemos comentado con anterioridad respecto al enfoque del ente perverso: Louis Cyphre nos es presentado en su primera aparición cual personaje extranjero, un tanto elegante y un tanto extravagante. Por sonido, damos con los ventiladores de época, que tanto fascinaban a Parker y que terminaron convirtiéndose en el sello visual de identidad del filme, junto con la portezuela del ascensor cerrándose. Los ventiladores nos plantean una idea de contraste entre calor (infierno) y frío (invierno neoyorquino), una constatación en toda regla de la separación del submundo y del mundo terrenal. El Hombre Misterioso eclosiona en el rostro de Renee (una sensual y soberbia Patricia Arquette), justo después de que Fred Madison (estupendo e intuitivo Bill Pullman) intente mantener relaciones sexuales con ella. Cada director deja su firma con este acto: Parker introduce a su ente a través de un acto social e interpersonal, conocer a Harry Angel (un Mickey Rourke en estado de gracia; su mejor interpretación junto con “La ley de la calle”, 1983) dentro de la realidad tangible. Por su parte, Lynch hace surgir a su criatura del subconsciente de Fred Madison, sumido en dudas y temores con respeto a la fidelidad conyugal de su mujer para con él. Madison conocerá al Hombre Misterioso en un ambiente social mucho más tarde, y es aquí, en estas dos secuencias, tanto en la referida a la presentación de Cyphre y Angel, junto con la que estamos puntualizando en la que se produce la segunda similitud pareja y temática de las dos cintas:

"El corazón del ángel" de Alan Parker y "Carretera Perdida" de David Lynch

Louis Cyphre: Es divertido, pero tengo la sensación de habernos visto antes.
Harry Angel: No sé. No, no lo creo.

Hombre Misterioso: Nos habíamos visto antes, ¿verdad?
Fred Madison: No, no lo creo.

¿Feliz casualidad? Es probable. Pero como expresa idóneamente el dicho inglés: “El diablo está en los detalles”.  A continuación profundizaremos más en estos aspectos y en las consecuencias que tendrán para los demandantes de estos servicios tan exclusivos, como bien expresaba Daniel Defoe en la introducción de su “Historia del Diablo”, 2010: “(…) de hacer ver lo que es y lo que no es, dónde está y dónde no está, cuándo está en nosotros y cuándo no lo está; pues yo no podría dudar de que el Diablo no esté realmente, y en buena fe, en buen número de nuestros Espíritus débiles, aunque honestos, sin que ellos se den cuenta.

 

Deudas pendientes y contratos indeterminados: Johnny Favourite y Dick Laurent

Tengo ideas un tanto desfasadas con respecto al honor, ya sabe… Ojo por ojo y cosas por el estilo.

Louis Cyphre.

Aquí entra en juego otro elemento ya cuanto más tratado dentro de la doctrina católica imperante, así como por la tradición oral alemana de finales del siglo XVI en “La historia del Dr. Fausto” de Johan Spies, después en Inglaterra con la traducción del texto, siendo Christopher Marlowe el perpetrador de la obra teatral de marcado carácter renacentista “La trágica historia de la vida y muerte del Doctor Fausto”, y más tardíamente, en la primera mitad del siglo XIX, el extenso poemario que también tomaba el nombre del personaje, articulado por Goethe. Representaciones artísticas que derivan de la figura histórica del denominado como alquimista, mago, astrólogo y sanador, Johann Georg Faust, que como bien expone E. J. Rodríguez en  el artículo que le dedica en la revista “Jot Down” por título “Yo, Fausto: Vender el alma al diablo”: “(…) figura huidiza y controvertida que vivió en la Alemania de finales del siglo XV y principios XVI, que no ganó fama universal —no hasta ser convertido en tema literario— pero de cuya existencia y figura quedaron testimonios contemporáneos, incluso por parte de individuos cercanos a Martín Lutero. Naturalmente, resulta difícil distinguir entre las informaciones veraces en torno a la vida de Faust y las habladurías que, tanto en vida como tras su muerte, parecieron rodearlo siempre, y que incluían numerosas referencias a la magia negra, la hechicería y los tratos íntimos con las tinieblas.” La decisión de Parker de disfrazar este pacto tan conocido y visto ya de otras maneras a nivel fílmico: “La semilla del diablo” (“Rosemary´s Baby“), de Polanski, 1968 o la más reciente “Pactar con el Diablo” (“The Devil´s Advocate“), de Hackford, 1997, resulta hasta cierto punto acertada, pero sin duda alguna poco sutil en los elementos visuales que ya nos está dando a entender desde el comienzo del filme: Cyphre no descansará y no permitirá que Angel descanse hasta que dé con Johnny Favourite.

"El corazón del ángel" de Alan Parker

Sin embargo, en “Carretera Perdida”, comprobaremos que quizás esta lógica pactual adquiere otro tipo de cláusulas más propias de un contrato en el estricto sentido de la palabra.

Fred Madison: ¿Cómo has entrado en mi casa?
Hombre Misterioso: Tú me has invitado. Y no es mi costumbre ir adonde no se me precisa.

El ente perverso de Lynch está compuesto de materia abstracta, de celos y de frustración sexual albergados en la mente de Madison, repercutiendo en su matrimonio con su callada y aparente tímida esposa, René. Ella por primera vez aparece vestida en rojo, atisbo de pasión y sensualidad, y aún con estos ingredientes subversivos en escena, tenemos la impresión como espectadores de que son dos completos desconocidos.

"Carretera Perdida" de David Lynch

Seguidamente se nos muestra el oficio de Fred como saxofonista profesional. Las luces, el ruido y el ambiente aparentemente pueden ser simplemente una descripción más para que el personaje nos resulte más tridimensional, para conocerlo mejor. Más adelante, tras el fallido intento de tener sexo con Renee; momento en el que aparece por primera vez el Hombre Misterioso. Solo partiendo de este hecho podemos entender que la secuencia del concierto no es sino la traslación de la libido de Madison al plano interpretativo musical; siente una liberación orgásmica al tocar el saxofón, se desfoga con el instrumento musical en contraste con la distancia y frialdad previas a su diálogo con Renee.

"Carretera Perdida" de David Lynch

Esta circunstancia podría sugerirnos un enlace con el unheimlich freudiano: “lo «íntimo-hogareño» que ha sido reprimido y ha retornado de la represión, y que cuanto es siniestro cumple esta condición.”. Lo siniestro cobra fuerza en las cortinas rojas del pasillo de la casa de Madison, que no es sino una metáfora del estado metal del protagonista, un interior sumido en penumbra y de extenuante frialdad con respecto al exterior, apacible y residencial. No entrevemos claramente cuáles son las intenciones del Hombre Misterioso con el músico, al menos en primera instancia, más tarde vemos que los efectos de esta relación, insisto, plenamente contractual, se van dirimiendo progresivamente, teniendo una correlación psicológica entre Renee y el nombrado al principio en un mensaje postmortem de una voz áspera y siniestra que Fred no logra reconocer: “Dick Laurent está muerto.”.

Dos nombres curiosos,  uno desaparecido y el otro finado, o al menos eso se nos traslada y cuyas desapariciones (físicas o existenciales) constituyen el incidente desencadenante que vertebrará las dos tramas. Un rasgo frecuentemente peculiar del cine negro, donde el mejor exponente es el Harry Lime, interpretado por Orson Welles en “El Tercer Hombre”, de Carol Reed, 1949. Donde Favourite se nos sugiere como deudor de Cyphre, comprobamos que Laurent es amigo del Hombre Misterioso, dejando cabida a la opción de una posible asociación entre ambos. La fragmentación fáctica se hace patente y con ello la forma de pesadilla remarcada por puntuales instantes visuales en “El corazón del ángel”, y sin tampoco restar este recurso, siendo más incisiva en el conjunto estructural de “Carretera Perdida”.

 

Memorias quebradas: El soldado de Times Square y la caseta del prestamista

Estuve en el ejército por un período muy breve de tiempo, hasta que, bueno, acabé jodido, disculpe mi lenguaje, y me mandaron de vuelta a casa. Supongo que tuve suerte.

Harry Angel.

Aquí me gustaría confluir en lo que denominaría sin lugar a dudas como la síntesis del proceso de fragilidad memorística en los dos protagonistas. Sin perder el orden que habíamos ido siguiendo; Harry Angel, quien a lo largo de la trama cree estar realmente desconectado del mundo familiar y del entorno de Johnny Favourite, avanza en su investigación descubriendo hechos que le llevan a cuestionarse determinados aspectos y que ahondan en un acontecimiento redundante que no consigue alcanzar a ver completo. Se trata de nada más y nada menos que de la celebración en Times Square del fin de la 2ª Guerra Mundial. Hay mucho alboroto y júbilo, en donde Angel se ve en la perspectiva de una persona que trata de acercarse por todos los medios posibles a un joven soldado al que jamás llegamos a ver el rostro.

"El corazón del ángel" de Alan Parker

A lo largo de toda la película, esta imagen se hace aún más recurrente, especialmente con el viaje a Nueva Orleans donde el detective conoce a Epiphany (una Lisa Bonet que jamás volvería brillar con tal fuerza),  la hija de Favourite, la cual desconoce el paradero de su padre:

"El corazón del ángel" de Alan Parker

Epiphany: Puede estar a seis metros bajo tierra.
Harry: Entonces tendré que comprar una pala.

Se llega a un punto en el que se da prácticamente por sentado que Favourite está muerto y no desaparecido. ¿Entonces por qué seguir la investigación? Las muertes se van encadenando a lo largo de este proceder de Angel, más propias de ritos de magias negras o vinculadas al vudú que de homicidios no premeditados. Estas sospechas serán confirmadas al dar con Toots Sweet, el músico de jazz de Nueva Orleans que parece ser más experto en la materia de lo que en realidad no aparenta… La celebración en Times Square por un motivo que desconocemos se ve encadenada de una mujer vestida de negro, que recorre unas largas escaleras que parecen no tener fin, custodiando entre sus manos una caja cuyo contenido ignoramos.

"El corazón del ángel" de Alan Parker

El plano nos muestra de forma breve y visceral la fachada de un edificio donde tan solo una de sus ventanas, provista de un anticuado ventilador de anchas aspas, despide una luz interior, lo que nos señala que algo se está produciendo en su interior. No sabemos el qué, pero resulta terriblemente oscuro en la mente del detective, que parece temer el asumir esos recuerdos como propios. Es imposible no pensar en un grave caso de admisible amnesia disociativa, concretamente una de carácter retrógrada, dado que el afectado no consigue recordar memorias pasadas que están almacenadas.

Me gusta recordar las cosas a mi manera. (…) No necesariamente de la forma en que ocurrieron.

Fred Madison.

Donde en Angel tenemos la sensación de asistir a alguien que no desea encarar plenamente sus recuerdos pasados, en Madison tenemos una derivación bastante peculiar. Se obceca en dejar constancia de que su percepción de la realidad es completamente subjetiva a su parecer, anteponiendo lo que va a ser más adelante una fuga, tanto física, a través de esa carretera sin retorno que da título al filme, así como al alejado hotel (que también recurre al título) en donde se produce el enfrentamiento final, mucho más ambigua y abstracta. Podríamos hablar de mitomanía, comportamiento de mentira compulsiva propio de Leonard, protagonista de “Memento”, de Nolan, 2000. Fred, constante y ciegamente cree que Renee le es infiel, hasta el punto de que se nos da a entender que termina por asesinarla; primer punto de giro de la película, estructuralmente hablando. Fred entra, y vive, un estado de fuga que lo induce a adoptar la personalidad y apariencia del joven mecánico Pete (Balthazar Getty).

"El corazón del ángel" de Alan Parker y "Carretera Perdida" de David Lynch

Acerca del estado de fuga o fuga disociativa que explicaría la consecuente concatenación de acontecimientos a lo largo de la trama, debido en gran medida a los síntomas estipulados en el artículo de Livia De Rezende Borges, Ángel Ramos Muñoz y Juan Carlos González, “La fuga disociativa. A propósito de un caso y una breve revisión bibliográfica”, 2011: “se caracteriza por un viaje repentino e inesperado lejos del hogar o del puesto de trabajo, acompañado de incapacidad para recordar el pasado, de confusión sobre su identidad o asunción de otra nueva (4). Una persona aparentemente integrada desaparece repentinamente y se dirige a otro lugar sin saber explicar el porqué (5), aunque su conducta parece intencional (6) está adaptada. Durante la fuga no presentan psicopatología y no llaman la atención. Suele haber amnesia sin otras alteraciones cognitivas (4). En los casos donde se asume otra identidad, esta suele tener rasgos más desinhibidos que la previa, pudiendo darse un nuevo nombre, elegir nueva residencia y dedicarse a actividades sociales complejas que estén bien integradas y que no sugieren la presencia de trastorno mental (4), de modo que la recuperación de la memoria y el regreso a las circunstancias de partida suelen acompañarse de malestar (5).” La propuesta es tan surrealista como disparatada, pero todo apunta a otro recuerdo recurrente en la mente del inestable Pete: una casa que ha volado en una detonación, reconstruyéndose sobre sí misma.

"Carretera Perdida" de David Lynch

Esta imagen de la caseta del prestamista va a posteriori de la secuencia de sexo en el desierto entre Pete y la femme fatal Alice (Patricia Arquette de nuevo deslumbrante), a ras del vehículo, cuya canción ambiente “Song to the siren” es, como precisamente indica el título, un canto de sirena: “Navega hacia mí, déjame envolverte, aquí estoy, preparada para sostenerte.”. Nada de esto es baladí; durante el coito, él desesperadamente le expresa: “Te deseo, te deseo…”. A lo que ella responde: “Nunca me tendrás.”.

"Carretera Perdida" de David Lynch

Retornamos al conflicto pretensión (deseo)/acción (realidad). Y básicamente esto se imposibilita porque Alice se nos descubre como un artificio que toma forma basándose en las expectativas de Pete y el pasado de la propia Renee en el mundo de la pornografía y su apariencia física. El perpetrador es el prestamista,  que  no es otro que el Hombre Misterioso.

"Carretera Perdida" de David Lynch

Fred ya había soñado con ese canto de sirena al comienzo de la película, en su primer intento de mantener relaciones con Renee. Esta sería una tercera coincidencia que a su vez iría acompañada de una cuarta, a modo de conclusión unánime, sin desmerecer el enorme abanico de opciones coincidentes en otros factores que hubiéramos podido pasar por alto. Redundancia y quiebro memorístico, inestablemente sustentados por una percepción difusa del presente viviente de Angel por no afrontar y consumar dichas alusiones pasadas, siendo efervescente la deriva amnésica disociativa del detective: “Según Spiegel (2), la disociación no es sólo una defensa contra los recuerdos traumáticos y los deseos inconscientes inaceptables, sino también contra la propia respuesta al trauma.”. Los celos de Madison, un mitómano imbuido por una tendencia paranoide, no son sino una respuesta a su acomplejamiento derivado de su impotencia sexual.

 

La dualidad maléfica: Reminiscencias sonoras y aceptación

Angel y Pete (Madison) comparten una cuarta similitud en su proceso catártico; el sentido del oído muy bien afinado, lo que les permite establecer fundamentos de correlación entre su Yo actual, en la situación del detective, y el Yo momentáneo, referido al estado de fuga de Madison. En Nueva Orleans, concretamente en la residencia de la mística Margaret Krusemark (Charlotte Rampling), este parece juguetear con las teclas del piano. Ella le pregunta si tiene dotes con el instrumento, cosa que él niega, pero por algún extraño motivo se ve impulsado a recrearse en él. Algo similar sucede en el taller en el que Pete trabaja: hay una radio encendida por Phil (Jack Nance), el que fuera actor principal en la ópera prima de Lynch, “Cabeza Borradora” (“Eraserhead“), 1977, en la que suena el solo de saxofón que Fred interpretaba en el local al inicio del filme. Pete intenta concentrarse en su tarea de reparación de un vehículo, pero la música le molesta, no en el sentido musical; sino en el psicológico.

"El corazón del ángel" de Alan Parker

Margaret Krusemark: ¿Sabe tocarlo?

"Carretera Perdida" de David Lynch

Phil: Me gustaba.
Pete: Pues a mí no.

Esto no hace sino ocultar la cláusula que todo contrato tiene, la denominada letra pequeña, habitualmente una insignificante proposición que desvirtúa todo el contenido acordado. Aquí ya podemos hablar plenamente de la maléfica dualidad subyacente, efecto de esas reminiscencias memorísticas pertenecientes a otra identidad pasada a la que, en el presente, no se pretende conferir ninguna clase de atributo coherente o sólido. Y esa dualidad maléfica, ciertamente está asociada al unheimlich freudiano: “el «doble» fue primitivamente una medida de seguridad contra la destrucción del yo, un «enérgico mentís a la omnipotencia de la muerte» (O. Rank), y probablemente haya sido el alma «inmortal» el primer «doble» de nuestro cuerpo.

Parker primero muestra la verdad a su trágico antihéroe, a pesar de que inconscientemente es conocedor de la terrible fatalidad, que acertadamente reseñaba Jose M. Rodríguez en “Cinedivergente” en su análisis-ensayo del filme, “Yo sé quién soy“: “Parker no trata de convertirlo en un elemento de misterio para dar un giro en el guion en el último momento.”. Que Harry Angel es Johnny Favourite, que tratando de engañar a Louis Cyphre/Lucifer, ejecutó un rito de magia negra, devorando el corazón de un soldado al que raptó en Times Square con la ayuda de Krusemark y Sweet con el fin de adoptar su identidad. Absurdo, si tenemos en cuenta que toda liturgia de culto al demonio, tarde o temprano, llamará la atención del señor de las tinieblas que siempre buscará cobrar su deuda. La pesadilla no es sino un juego dispuesto por el propio Cyphre para torturar a Angel, dándole a entender que su alma le pertenece y que no podrá escapar a sus pecados cometidos: los crímenes han sido cometidos por un Harry Angel fuera de sí, podría decirse en un también estado de fuga, demonizado o poseído. ¿Pero es Favourite quien fuera? Cyphre da a entender que Favourite durante la guerra regresó con el rostro maltrecho… ¿Quién es este nuevo ser? Lo dicho, la letra pequeña: un condenado que intenta evitar su condición, a sabiendas de que lo es y siempre lo será.

"El corazón del ángel" de Alan Parker

Lynch se decanta por una línea más ambigua, más sutil, pero que en conjunto no deja de ser una rocambolesca paranoia cíclica que lleva a Fred Madison al mismo punto de partida, regresar de la paradoja onírico-temporal para decirse a sí mismo en la realidad material no perturbada que Dick Laurent está muerto… Porque él, indirecta o directamente, lo ha asesinado, siendo este el plan del Hombre Misterioso. Para ello, a sabiendas de la marcada paranoia y mitomanía del músico, consiguió introducirse en su subconsciente, desde el que abordarle con la intención de que asesine a su mujer, hecho que nunca llegamos a comprobar si es cierto o no; ¿cómo? Mediante el empleo de un doppëlganger cuya gestación se produce en el momento en que Fred se pierde por los pasillos de la casa, ejerciendo un paseo sin rumbo, donde detrás de su sombra hay otra idéntica a la de él: el que camina a su lado, el asesino producido por el Hombre Misterioso para culminar el instinto homicida de Fred. ¿La cláusula? Acabar con Dick Laurent/El Sr. Eddy (fantástico Robert Loggia), quien como le muestra el Hombre Misterioso en su pequeña pantalla televisiva, habría sucumbido a los excesos de su mutua asociación tratando de emularlo y de sustituirlo a través de la industria pornográfica: vanidad y lujuria.

"Carretera Perdida" de David Lynch


(…) y volviendo en sí, {escapen} del lazo del diablo, habiendo estado cautivos de él para {hacer} su voluntad.

Juan 5:18.

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