El final de “Los Soprano”: Metáforas e inercias narrativas de su desenlace

Al escribir cualquier obra, todo guionista es consciente de que sus decisiones más cruciales en los albores del final de su texto no solo van a condicionar la percepción de este, sino de toda la obra en su conjunto. Se trata, sin duda, de una de las grandes injusticias que acompañan al arte de escribir para el cine o la tv y, aunque es cierto que cuanto mayor sea la calidad de la obra en su conjunto, menor será su dependencia de la calidad de su momento final, lo cierto es que es en este donde toda obra, al menos en cierta medida, se la juega. Y con ella, su guionista. Si quieren un ejemplo, acuérdense de una de las obras más alabadas de la “era dorada de las series de tv” como fue “Mad Men”, cuya calidad no precisa justificación alguna a estas alturas, y aún así, el acierto de su final fue, desde mucho antes de ser alcanzado, uno de los temas que más preocupó a sus espectadores. Y, de hecho, es uno de los finales más analizados de las grandes series de tv de su período activo.

Y entonces, ¿muere o no muere Toni Soprano? Vaya por delante la advertencia de espoilers, antes de decir que, de todos los finales de las series de tv de más éxito de los últimos veinte años, el final de “Los Soprano” (“The Sopranos”, 1999 – 2007) merece mención aparte. Y no la merece por tratarse de un final abierto, pues semejante categoría está ya bien asimilada en la historia del cine y de la tv, sino por algo que tiene más que ver con el espectador… que con la obra. Esto es, con su persistente resistencia a aceptar lo que si bien no está explicitado en el texto de su último capítulo, el 6×21 “Made in America”, sí está presente en la inercia de su enunciación, que es la única “materia” que resiste al violento corte con el que David Chase interrumpe la narración del capítulo, de la temporada y, con ella, de la serie de tv al completo. Pero veámoslo un poco más despacio.

 

El corte en la escena final de “Los Soprano

Tendemos a pensar que un final abierto es ese que no brinda al espectador de forma explícita los acontecimientos necesarios para que la historia quede debidamente cerrada, es decir, que deja preguntas sin respuesta. Sin embargo, no todos los finales de relato que se reservan hechos importantes, que no explicitan al espectador todos los detalles de lo acaecido, deben ser considerados “finales abiertos”. Al menos, deberíamos abrir un espacio más difuso en el que podamos añadir otros elementos, como el del “sentido”, para determinar hasta qué punto estamos ante un auténtico “final abierto”. ¿Es el final de “Los Soprano” un auténtico “final abierto”?

Hagámonos la pregunta volviendo a ver su última escena. Recordarán los espectadores que, al final del último capítulo, el núcleo de la familia Soprano se cita para cenar en un restaurante llamado “Holster’s” y que la que se desarrollará allí será la última escena de toda la serie, literalmente, “la última cena”. Toni Soprano es el primero en llegar.

"Los Soprano" ("The Sopranos", David Chase). Episodio final, 6x21.

Lo que sucederá a continuación es una bien coreografiada incorporación a la escena del resto de miembros de la familia: su esposa Carmela, su hijo A.J. y su hija Meadow, única a la que no terminaremos de ver entrar de facto en el restaurante. Sin embargo, recordemos que la coreografía de incorporación de personajes también añade a otros que consideraremos no-personajes, es decir, todos esos otros personajes que la cámara se asegura no solo de que les veamos entrar, sino además, de que sepamos que Toni (James Gandolfini) es consciente de su llegada, pues les mira, le vemos mirarles, les vemos nosotros mismos, con su aspecto sospechoso y descontextualizado. No hay ninguna duda de que la voluntad de la cámara y del montaje es que el espectador localice pronto la llegada de estos no-personajes cuyo vínculo con nuestro protagonista va a quedar trazado con claridad en el plano de la enunciación. Montaje, plano-contraplano, posición de cámara, planos repetidos de personajes aparentemente desconocidos que disuelven la “casualidad” de su presencia, miradas sospechosas… todo se articula para que el espectador sienta que su llegada no será en vano, y hasta diríase que esta incorporación ni siquiera es sutil. Podría haberlo sido, complicando el análisis, empujando la exégesis del suceso “imaginario” del asesinato de la familia Soprano en la dirección de la elucubración, pero lo cierto es que no es así: la cámara nos hace saber con claridad su voluntad de hacer sentir la inminencia de un suceso, y nada menos que en el límite final del relato, la última escena de “Los Soprano”.

"Los Soprano" ("The Sopranos", David Chase). Episodio final, 6x21.

Una constelación de personajes de aspecto deliberadamente sospechoso y amenazante, sobre todo si consideramos la naturaleza del sitio público en que se encuentran, parece tomar posición rodeando la mesa de Los Soprano, vigilándoles en la distancia y tomando nada más que café. Los plano-contraplano también son de lo más evidentes:

"Los Soprano" ("The Sopranos", David Chase). Episodio final, 6x21.

De modo que, a estas alturas, el espectador tiene ya mucha información: 1) Estamos prácticamente en el final de la serie por lo que, o no va a llegar ningún acontecimiento más, y por tanto este es el fin del relato mismo, que se da por finalizado y se agota en una meseta hasta los títulos de crédito, o va a llegar un nuevo acontecimiento que por su adyacencia con el final del metraje solo puede ser de carácter muy relevante. 2) El relato, mediante herramientas de enunciación, nos ha hecho saber que un conjunto de personajes amenazantes rodean la mesa de la familia Soprano y no de forma casual. 3) Que la reunión familiar de sus cuatro personajes cruciales clama por un acontecimiento que le dé sentido en un pasaje caracterizado por ser el último de la serie, de naturaleza “constitutiva”. 4) Que la posición de Toni con respecto al resto de fuerzas de la Cosa Nostra ya no es la que era y que su tiempo, simplemente, ha pasado. De hecho, es justo en la escena anterior donde le habíamos escuchado hablar en pasado sobre ello con Junior Soprano:

"Los Soprano" ("The Sopranos", David Chase). Episodio final, 6x21.

Toni: Tú y mi padre, controlábais Nueva Jersey.
Junior: ¿Ah, sí? – contesta Junior que ha perdido sus recuerdos por culpa de su demencia.
Toni: Sí.
Junior: Qué bien.

Toni se refiere en pasado a un poder familiar que el espectador ha visto disminuir y diluirse para siempre, mala señal en todo relato de gángsters y muy especialmente en lo que se refiere al destino de sus líderes. No se nos escape que, con esta visita que Toni le hace a su tío, su viejo jefe, el antiguo líder de su organización, Chase ya está escribiendo el final de “Los Soprano”, mediante una visita en la que uno y otro se nivelan en la senescencia, se homogeneizan al “perder la cabeza”. Junior celebra, con inconsciente indolencia, su vieja gloria, sin aprehenderla siquiera; y Toni le mira nostálgico, añorando tiempos mejores y reconociendo en el de Junior su propio destino como sucesor del poder. Chase nos escribe ya, metafóricamente, lo que está por suceder, aunque no nos lo vaya a mostrar sin más.

Meadow, la última en llegar, consigue aparcar, por fin, el coche, y se dispone a entrar al restaurante. Toni la descubre y el relato alcanza su punto más enigmático: un negro cuya aparición no se introduce significativamente por un recurso como el del fundido, sino que acontece, se precipita en el irrefrenable terraplén de un raccord de mirada que el espectador da por hecho que se le va a mostrar, pero que en su punto álgido de articulación afronta una interrupción y choca contra un plano negro absoluto. Chase nos estampa contra un plano que nos hace sentir el off-heterogéneo que suele acompañar a los fallos técnicos de la proyección cinematográfica, las interrupciones de naturaleza técnicas, un retorno a la conciencia de espectador que había quedado en suspenso. Cuesta asimilar que allí donde jamás habríase concebido la interrupción, en el punto de articulación de un plano-contraplano de sentido evidente, ese raccord de mirada cuyo sentido no estaba llamado a trascender, es donde Chase escribirá nada menos que el final de “Los Soprano”.

Los diez segundos más famosos del metraje completo de “Los Soprano”, que mantendrán ese plano negro impenetrable con el que Chase nos abandona en el maremagnum de nuestras preguntas. “¿Qué sucede ahora?”, “¿se materializa el asesinato?”, “¿se salva de la contienda?”, “¿consigue escapar?”. De la sensación de fallo técnico, el espectador pasa a una leve ira contra el propio metraje con el que aún tardará unos segundos en reconciliarse. Y la duda cabalga: ¿qué suceso es el que no me han dejado ver? ¿Por qué no me lo han dejado ver? Pero, en realidad, el espectador, que tras ochenta y seis episodios y seis largas temporadas ha construido ya un enorme vínculo emocional con Toni, Carmela, A.J., Meadow…, se aferra sin darse del todo cuenta a la posibilidad de que el final más dramático no se produzca. Nada en lo que acaba de ver le debe hacer pensar que el asesinato no se consumará, todo lo contrario, de hecho, según hemos podido comprobar atendiendo a la voluntad de la dirección, pero el espectador se resiste a aceptar que ese sea el final, y para ello tiene el mejor argumento: El asesinato no se le ha dado a ver, y por tanto, podría no suceder. “Quién sabe cómo se saldaría finalmente la escena”, “igual no pasaba nada y solo nos estaban dando a ver una escena de naturaleza familiar capaz de cifrar la estética propia de una familia que se merece ese homenaje”. La inexistencia de ese último plano, o secuencia, que nos dé a ver lo que sucede a continuación, se convierte en el argumento definitivo para justificar la posibilidad de que el asesinato no se produzca, pero el espectador sabe que la inercia narrativa de la escena no era otra que la de conducir a un suceso trágico y que por su situación en el metraje iba a alcanzar necesariamente a Toni y, al parecer, al resto de su familia… o casi.

Decimos “casi” porque si es digno apoyarse, como hemos hecho, en la “inercia narrativa” de un metraje que con sus planos nos hacía sentir que la familia se reunía y se ponía a tiro de unos gángsters, es justo anotar al lado que no se nos da a saber ninguna razón por la que el retraso de Meadow tuviera sentido, y por tanto, en lo que respecta a ella, la “inercia narrativa” del relato es separarla del conjunto de su familia, insinuando que algo de su destino se desliga del de sus padres y el de su hermano que comparecen del todo unidos en su escena:

"Los Soprano" ("The Sopranos", David Chase). Episodio final, 6x21.

¿Que su tardanza sería la razón por la que quizás se salvara en el último momento de la matanza? Bueno, no hay elementos explícitos para pensarlo así, pero lo cierto es que los elementos presentes en el texto de todo buen relato, están por una buena razón, y no hay duda del empeño de David Chase por hacer a Meadow llegar tarde, hasta el punto de fragmentar la escena interior principal en varias ocasiones para incluir el inserto exterior de Meadow y sus dificultades para aparcar en la puerta misma del restaurante. Y todo ello atendiendo tan solo a la inercia de una escena cuya reputación es la de un corte ininteligible pero que, sin embargo, no ahorra en detalles para que podamos proporcionar un sentido a lo que va a suceder.

¿No pareciera, más bien, que David Chase nos ha ahorrado el trágico plano que nadie quería ver, empezando por sí mismo, sin renunciar a contarnos, sin embargo, el final que la serie merece, del que ya no puede zafarse, que no es otro que el del asesinato de Toni y del resto de la familia? Y es que, ¿alguien frente a la pantalla deseó el asesinato de Toni y su familia? Difícil imaginarlo, ¿no? Gángster, asesino, defraudador, … un delincuente indigno de toda consideración que afronta el final que parece haberse labrado, pero que, a este lado de la pantalla, como suele pasarnos tan frecuentemente con los antihéroes en los relatos de la posmodernidad, encuentra nuestro deseo de salvarle in extremis, ¿no es así? “Los Soprano” nos ahorra el audio y el video de una escena de diez segundos de duración de contenido inimaginable, el violento final de una familia a la que no deseamos ver morir, sustituyéndola por diez segundos asumibles, normalizables, que al menos rebajan el horror de una pérdida indeseada y cambiándosela al espectador por un momento de desorientación, de confusión, y que al evolucionar solo hacia los últimos títulos de crédito de toda la serie, hace de metáfora de un final encontrado de forma inesperada, tanto para el espectador, como para la familia Soprano.

No dejen de reparar en el hecho de que David Chase no cortó a negro una historia y a continuación cerró con los títulos de crédito, sino que cortó a un plano negro que mantuvo durante diez largos segundos. ¿Por qué hacer durar ese plano hasta diez segundos si solo valía en cuanto que “corte”? Esos diez segundos incorporan al plano negro su duración, remitiendo a la de unos acontecimientos que suceden en una escena de diez segundos, en la que todo se resuelve. La duración de ese plano negro es la de una escena que si bien no se rodó, “existió” en el plano del relato. Y el espectador no solo sabe de la existencia de esa escena sino que sabe bien lo que “contenía”, que no era otra cosa que el asesinato de Toni Soprano y de, al menos, su esposa e hijo. Lo sabe porque lo ha sentido en la inercia narrativa de la escena y porque si no fuera la muerte de Toni, ¿qué otra cosa podría ser si no una invención del espectador que, probablemente, no aportaba sentido alguno a la historia, y mucho menos como su final?

Un final violento, sin duda, que conduciría a un rostro sin vida, inerte, terrible, pero también necesario. David Chase nos ahorra la vivencia del plano de Toni tendido, nos ahorra un momento de horror, aunque no nos lo sisa del todo. En realidad, ese plano que no vimos al final fue el plano con el que abrió el último capítulo de “Los Soprano”, jugando el trampantojo de su cuerpo sin vida que por un momento parece situarse en el interior de un ataúd. Así había empezado el capítulo 6×21, “Made in America”:

"Los Soprano" ("The Sopranos", David Chase). Episodio final, 6x21.

O mejor, había empezado así:

"Los Soprano" ("The Sopranos", David Chase). Episodio final, 6x21.

Había empezado con un plano negro al que, si lo pensamos despacio, detectaremos resonancias claras con el último plano negro con el que David Chase corta violentamente la narración al final del capítulo. Y, en el fundido desde el negro hasta el plano de Toni, la degradación del claroscuro juega a favor de esa visión fantasmagórica de su cuerpo sin vida en el interior de un hipotético ataúd. Decíamos que uno y otro plano negro se miran entre sí, se quieren decir cosas, como si guardaran una relación. ¿De qué naturaleza podría ser? Bueno, quizás, cambiando el orden, podrían ser, primero, el negro que conduce a la muerte inesperada, y después, el fundido desde el negro que nos trasladaría, elipsis de por medio, al momento en que el cuerpo de Toni reposara fúnebre.

Dicho de otra manera, como si el final mismo de la serie ya se nos hubiera ofrecido en su faz más verdadera, la del rostro sin vida de Toni, en el inicio mismo del capítulo, y lo que sigue no fuera sino la interesante pormenorización de la línea imaginaria que conectaría dos instantes, dos momentos marcados, cada uno, por un plano negro.

Un último plano negro, sin duda, que se presta fácilmente, casi lo pide a gritos, a una interpretación en clave de inefabilidad, es decir, la que cabe esperar en aquellos que con su fidelidad de espectadores han alcanzado el capítulo 86º, y a los que, como decíamos, suponemos deseosos de indultar a Toni. Para ellos, su muerte se articula como un terrible acontecimiento cuya representación en la pantalla desean evitar; es más, para la que cabe poca posible representación verdadera, siendo mejor idea, por tanto, simplemente sustituirla por un plano negro. Sin embargo, un plano negro que por su dimisión en materia de forma y representación, es el espacio abierto y vulnerable al monstruo y el fantasma que pueden venir a la presencia (lo estudiamos ya a propósito de aquel cielo negro en “Paisaje en la niebla”, Angelopoulos, 1988), entregándonos así a un evento trágico que puede “no-comparecer” de una forma aún más violenta que el plano de Toni siendo impactado por las balas. Y por cierto, unas balas que parecían haber sido ya puestas en juego en el plano de ese posible asesino, tres “balas” preparadas para tres miembros de la familia Soprano que ya se encontraban dentro del restaurante.

"Los Soprano" ("The Sopranos", David Chase). Episodio final, 6x21.

 

La violencia o amabilidad del corte

Cabe preguntarse si, en efecto, la impronta del “corte” que David Chase imprime en la escena crucial, ese inesperado plano negro que será el mismo final de la serie en su conjunto, tiene un carácter violento, como parece, o es en realidad un poco más amable de lo que pensamos cuando lo “padecemos” en el primer visionado. Y es que, una vez que ya hemos certificado lo profundamente súbita que resulta dicha interrupción, atacando el tenso engranaje de bisagra de un plano-contraplano bien comprensible, parece que nos decantamos por la primera opción, la de una profunda violencia narrativa. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el corte responde a dos ritmos distintos, siendo el sintáctico, es decir, el que sucede en la superficie del relato, el único que sufre el atropello, pues en el plano subjetivo del sentido del relato, para cuando el metraje alcanza el plano negro, hace tiempo ya que este viene escribiendo el final hacia el que se venía dirigiendo sin remedio.

Sí, tan solo hay que atender a algunos elementos y escenas complementarias que aparecen en el mismo episodio y que van a dar cuenta de que nos encontramos en la última fase del relato. Es más, todo el capítulo, en realidad, hace sentir que el relato terminó hace tiempo, y que lo que se nos está dando a ver no es sino una meseta lánguida donde nada es lo que fue y en donde ya no hay relato posible, más que el del final de sus protagonistas. Ellos mismos hablan de ello en escenas cuyo valor es prácticamente metadiscursivo, como si hablaran sobre el momento en que se encuentra el propio relato al que pertenecen. Recordemos una de las primeras escenas del capítulo en que Toni y Carmela hablan, aparentemente, sobre la casa en la que están viviendo temporalmente por motivos de seguridad:

"Los Soprano" ("The Sopranos", David Chase). Episodio final, 6x21.

Toni: ¿Qué tal estás?
Carmela: Ella también lo ha olido – Dice señalando la puerta por la que hace solo un momento se ha marchado Meadow.
Toni: [Respira con fuerza oliendo el aire de la casa] Ya lo arreglarás con la reforma.
Carmela: Quizá sea tóxico y no debamos respirarlo.
Toni: No es tóxico, los propietarios tenían noventa años. Son meados.
Carmela: Quiero volver a casa.
Toni: Estoy en ello.

¿No les parece que Carmela ha sentido ya que el relato en el que se encuentran está empezando a ser tóxico para ellos? Como si fueran capaces de oler su propio final, el veneno literario que los liquidará como personajes. Oler a viejo, a viejo de noventa años, que es la vejez del relato que ya ha asimilado su propio final y que está a punto de desaparecer bajo los pies de Toni y Carmela. Ese “Quiero volver a casa” sabe un poco a “fin de fiesta”, a la conciencia de haber entendido que no queda lugar al que ir en términos narrativos y que su esencia como personajes está, por tanto, cuestionada. Que Toni diga “Son meados” nos sirve para confirmar que él mismo huele algo, que no es del todo ajeno a esa sensación fatal de Carmela, que es la suya propia, por más que él quiera restarle importancia puesto que aún no ha aceptado su final. Lo hará, y sin tener que esperar mucho, en el mismo episodio, sobre todo en presencia de otro que pasó por lo mismo antes que él, es decir, Junior. La aceptación de su propio final se va a producir en el arco que va desde ese “No es tóxico […] Son meados”, hasta esa mirada nostálgica con la que mirará a Junior intuyendo en sí mismo algo de ese final:

"Los Soprano" ("The Sopranos", David Chase). Episodio final, 6x21.

Y es más, ¿no les parece que ese abrazo entre Toni y Carmela con el que había empezado esa escena, por cierto no demasiado habitual en el resto de la serie de “Los Soprano” en su conjunto, funciona en cierta medida como la despedida final entre dos personajes que han compartido una serie entera y que ya queda a sus espaldas? Como si fuera un reconocimiento a una labor terminada, una fase que finaliza y que se alegran de haber transitado juntos, antes de afrontar el/su final.

"Los Soprano" ("The Sopranos", David Chase). Episodio final, 6x21.

Un abrazo cuya lógica también remite a lo metadiscursivo, como si se nos diera a ver algo que sucede en las inmediaciones del relato, pero más verosímil fuera de él, como la despedida final de dos actores que se separan hasta que vuelvan a coincidir en alguna otra película. ¡Una celebración exógena al relato!, que se cuela en su interior porque encaja con esa intuición de final de la que Carmela habla, ese “tóxico” olor a final. De algún modo, el relato parece haber empezado a conducirse asimilando la hipótesis de que se trata de personajes ya fallecidos, en tiempo de descuento. ¿Exageramos? Porque… algo así es lo que viene a decir Paulie un otra escena posterior:

"Los Soprano" ("The Sopranos", David Chase). Episodio final, 6x21.

Paulie: In the midst of death, we are in life. Or is it the other way round?  [“En medio de la muerte, estamos en la vida. ¿O era al revés?”]. – Respetamos el idioma original para subrayar el detalle.

Tal como el propio Paulie sospecha, la frase es al revés, pero aquí se nos presenta en este siniestro orden que pone de manifiesto que el momento de la enunciación de la frase corresponde a la muerte, como si otro personaje más hubiera “olido” ese “tóxico” olor a final, haciéndole comparecer como otro “muerto en vida” que ya no puede sino atestiguar que la naturaleza de su presencia participa de una desintegración narrativa de la que no podrá salir indemne; que su tiempo ha pasado. Y, siempre siguiendo la metáfora, de eso parece estar hablando cuando dice:

Paulie: Arrhh – exclama aliviado al desabrocharse el pantalón y golpearse la barriga. – Sí que he comido.
Chico a la mesa: It was good.

Un “it was good” de difícil traducción, pues si mantenemos la ambigüedad que presenta la frase en inglés, se aprecia mejor que Paulie podría estar de acuerdo con que la comida estaba rica, pero también con que el viaje de “Los Soprano” “ha estado bien”. No en vano, el suyo es uno de los personajes más carismáticos de la serie y ha sido protegido hasta el último episodio. Pero él mismo sabe que el final ha llegado, como también podremos ver en una escena posterior en la que Toni le encarga “capitanear” una operación delictiva y Paulie hace lo posible por librarse de ello:

Toni: Quiero que te pongas al mando.
Paulie: ¿En serio?
Toni: Ese rollo da una pasta gansa. Todas las construcciones con Nueva York son tu punto fuerte.
Paulie: Sí…
Toni: Jesús, creí que te alegrarías. Ni que te hubiera diagnosticado gonorrea…
Paulie: Con el debido respeto, quiero pensármelo. Los años no pasan en balde. No quiero morirme y dejarte peor de lo que estabas.
Toni: Ya estamos con la muerte.

Por no hablar de esos tonos cálidos y senescentes con los que David Chase ilumina a sus personajes denotando una sensación de final otoñal:

"Los Soprano" ("The Sopranos", David Chase). Episodio final, 6x21.

Un recurso estético externo que, sin embargo, cala dentro de los personajes, que poco a poco van tomando consciencia de que ya se encuentran “fuera de tiempo”, que son “muertos vivientes”. Sienten la lenta llegada a una “muerte interna” que va apropiándose de ellos desde que comenzó el capítulo, o incluso antes, frente a una muerte externa, irrelevante, en forma de plano negro, como un artificio del lenguaje, que ya no sirve, que solo da cuenta de otra muerte auténtica que es la que se los está ganando. Se brinda a los personajes el privilegio de una muerte circular, in crescendo, aunque también suponga la oportunidad de ver un mundo impropio, el decorado abandonado de una voluntad que murió hace tiempo. Personajes a los que se les dio a ver aquello que les competía por su condición de tales, por su naturaleza ficcional, más allá de la diégesis propia de sus caracteres, casi cruzando la línea hacia lo metadiscursivo, como ese abrazo de Toni y Carmela que sabe más al que se darían James Gandolfini y Edie Falco, en una confusión deliberada que transparenta la ya entonces incipiente leyenda de la serie.

Resumiendo, ¿qué otra cosa es la que el plano negro de diez segundos nos impide ver sino la realización final de esa conclusión de la que el capítulo no hace más que hablarnos y que tiene que ver con el final mismo del relato? Nada en el texto remite a otra cosa que no sea la aceptación del final y la muerte. Independientemente de la violencia del corte con que se introduce el plano negro del final, el relato viene preparándonos gradual y amablemente para la aceptación de su trágico desenlace. Es más, podríamos decir que, precisamente porque el texto ha elaborado generosamente el “sentido de final” y cómo cobra cuerpo, o lo pierde, en cada uno de los personajes principales a lo largo del metraje de este último capítulo, es que esa muerte final no resulta tan trágica, pues el final de sus personajes queda cosido al sentido del relato, dando así una circularidad a todo lo sucedido durante seis temporadas. Intentemos entenderlo desde las palabras de Byung Chul Han:

“Quien no puede morir a su debido tiempo perece a destiempo. La muerte supone que la vida se termina por completo. Es una forma de final. Si la vida carece de toda forma de unidad de sentido, acaba a destiempo. Es difícil morir en un mundo en el que el final y la conclusión han sido desplazados por una carrera interminable sin rumbo, una incompletud permanente y un comienzo siempre nuevo, en un mundo, pues, en el que la vida no concluye con una estructura, una unidad. De este modo, la trayectoria vital queda interrumpida a destiempo.”

Byung Chul Han, “El aroma del tiempo”, 2009.

Chase persigue, en un último acto de generosidad y cariño con sus personajes, que su final no sea “a destiempo”, que no suponga una expiración radical, sino que contribuya a dar una “unidad de sentido”. Dicho de otra manera, Chase le da a Toni la oportunidad de morir en sentido completo, como un acto en el relato, que sabe a final y que recoge, arrastra e incorpora los restos de su lejano comienzo. Si todo esto está en la voluntad de su relato, ¿en sustitución de qué otra imagen puede venir, si no de la de su asesinato, ese plano negro de diez segundos? No es violencia lo que lo motiva, sino el amor y la consideración de un narrador tan apegado a su creación como para no ser capaz de asesinarlo violentamente en la pantalla, pero entender que ese es su final más necesario.

En definitiva, la visión paternal de David Chase para quien sus personajes, Toni y Carmela, habían quedado retratados con estas palabras que son la letra de la canción que él elige para que suene mientras espera la llegada de su familia:

[Con Carmela en plano]

Just a small town girl
Livin’ in a lonely world
She took the midnight train goin’ anywhere

[Con Toni en plano]

Just a city boy
Born and raised in south Detroit
He took the midnight train goin’ anywhere

Don’t stop believing” (Journey)

 

La confirmación de David Chase

The New York Times publicó hace pocos días una entrevista con David Chase, realizada por los periodistas Matt Zoller Seitz y Alan Sepinwall para su libro “The Sopranos Sessions”, en donde tuvieron ocasión de comentar la preparación de la última escena de la serie. “El País” recogía hace unos días este insólito momento de la entrevista:

Bueno, tenía la escena de la muerte en la cabeza desde hacía años”. Matt se lanzó y dijo: “David, ¿te das cuenta de que acabas de decir la escena de la muerte?”

Pero, entonces, ¿Tony Soprano muere en la escena final? Responde su creador (ICON, “El País”, 10 de enero de 2019)

Da igual que todo apunte a esa muerte, que el capítulo no haga sino escribir su llegada, que comience con la imagen de Toni aparentemente sin vida en un ataúd, que los planos de esos amenazantes desconocidos se repitan varias veces mirándole sospechosamente, … y hasta que el creador de la serie confiese en pleno lapsus que el final es “la escena de la muerte”. Tras 86 episodios nos sentimos tan identificados con Toni y su familia que nos aferramos como sea a la posibilidad de que no muera, solo por el hecho de que la imagen se fue a negro cuando la única cosa posible iba a suceder. Al menos, Chase nos ahorró la imagen terrible y, en la misma escena final, mientras Los Soprano comían aros de cebolla, nos dio las palabras con las que poder aceptar la tragedia, quizás no en ese instante, pero después, un rato después:

A.J.: Pensaré en los buenos momentos.
Toni: No seas sarcástico.
A.J.: ¿No me dijiste eso? Trata de recordar los buenos tiempos.
Toni: ¿Eso hice?
A.J.: Sí.
Toni: Bueno, es cierto, supongo.

 

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  • Mira que he leido artículos, comentarios, blogs, he visto videos… Todos ellos explicando el final de Los Soprano y me extraña muchísimo no haber visto en ningún sitio la posibilidad de la detención. El actor de la gorra me recuerda más a 1 agente de paisano que a 1 sicario y la mujer que entra antes que el hijo, también. Las escenas paralelas del agente del F.B.I. durante el último episodio, la confirmación de que hay 1 topo colaborando justo en ese momento de Tony a Carmela, la misteriosa prisa y ansiedad de la hija por aparcar y entrar corriendo en el restaurante (como si tuviera algo importante que contarle a su padre) no se, seguramente no profundizare tanto o se me habrán escapado otras cosas y estaré equivocado pero yo sentí eso al acabar el capítulo, fue lo primero que me vino a la cabeza porque también fue la idea que estuve barajando durante todo el episodio (según mis sensaciones). Tampoco le veo mucho sentido el asesinato de Carmela y A.J. y mucho menos viendo durante toda la serie como van muriendo jefes, capos y miembros por asesinato y a las mujeres e hijos, no les pasa nada. Y en el caso de relacionar el fundido negro con el momento del primer disparo… 10 segundos y todos muertos…? Todos? La hija también? Si ni siquiera está dentro… El supuesto sicario ni la ha visto… No se, repito que seguro que estoy equivocado, pero hay demasiadas piezas que no me encajan, demasiados detalles que no me cuadran… Pim pam pum… 10 segundos en negro y todos muertos… No parece demasisdo simple y evidente para una serie tan bien escrita, a veces algo enrevesada y tan metódica?… A mi si.

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