Del látigo al walkman: Simetrías textuales entre “Guardianes de la galaxia” e “Indiana Jones, En busca del Arca perdida”

El presente artículo versa sobre los paralelismos temáticos, narrativos y formales que conectan directamente la memorable secuencia que abre la saga de Indiana Jones y el arca perdida con su melliza interestelar presentada en Guardianes de la galaxia 1, de la casa Marvel. En ambas somos testigos de la presentación de los personajes protagonistas de cada obra, Indiana Jones, por un lado, Peter Jason Quill –alias Starlord–, por el otro. A pesar de las abundantes contribuciones que los cómics han hecho del pasado de este último, aquí solamente se tendrá en cuenta aquello expuesto por la obra de James Gunn. Un juego de equivalencias sirve para explicar la forma y el ser de ambos protagonistas. Gunn se vale de las situaciones y vías discursivas expuestas por Spielberg para dibujar a su Starlord particular. De hecho, esta primera secuencia les sirve a ambos directores para colocar los títulos de crédito iniciales.

Para empezar, El arca perdida nos sitúa en una selva del Amazonas en 1936. Indiana está comandando una expedición compuesta por él mismo en busca de un ídolo áureo, perteneciente a una tribu primitiva autóctona, oculto en un templo llevo de trampas. Spielberg emplea esta opening scene para trazar los rasgos más importantes de su protagonista, en particular, y del largometraje, en general. Para empezar, el primer hombre que aparece en pantalla es el propio Indiana, mostrado de espaldas de manera que nos oculta su rostro, su identidad, apostando por una sensación de intriga, de misterio, de querer-saber que define la tonalidad total de la obra. La niebla que vela la profundidad de la selva, la falta de diálogo entre los personajes, el mutismo de la seriedad, el sonido de la jungla y la música compuesta por John Williams sirven para acrecentar esa impresión de inquietud arcaica y enigmática. Por el momento, solo conocemos parte de su característica vestimenta: la chaqueta de cuero y el sombrero.

Indiana Jones - En busca del arca perdida

Del mismo modo, la primera aparición de Peter Quill nos traslada a una galaxia aparentemente “muy, muy lejana” pero temporalmente muy, muy contemporánea, exactamente, estamos en el planeta abandonado Moraj, en el año 2014 –tan abandonado como el templo al que Indiana quiere acceder–. Una nave espacial aterriza en el terreno de este inhóspito lugar, que comparte la misma niebla y sensación de peligro mortal que el Amazonas spielbergiano. La flora de la jungla se sustituye por las afiladas piedras del entorno, no obstante, en ambos casos la naturaleza se presenta amenazante y enemiga del protagonista. Al igual que en El arca perdida, el rostro del protagonista nos es ocultado, esta vez, por una casco que luce una estética bélica similar a las máscaras antigás de la I Guerra Mundial, otorgando a Starlord una significación de soldado intergaláctico.

Guardianes de la galaxia

Volviendo a la obra de Spielberg, un miembro de la expedición se topa con una figura de un dios nativo esculpido en una columna. El temor a la muerte le hace enloquecer al instante y huye despavorido. Esta actitud choca completamente con la personalidad fría, racional y científica de Indiana, que ante la presencia de ese mal augurio, lo interpreta en favor de un mapa que lo está guiando hacia su objetivo. Ya sabemos algo de su personalidad: no es un cobarde.

La escena siguiente da sentido a su sombrero, que no es simple estética. Este sirve para indicar sus cualidades detectivescas, al estilo del cine noir. Avanzando por la selva, clavado en el tronco de un árbol, una flecha con veneno todavía húmedo indica que la tribu autóctona los está siguiendo y que, evidentemente, tienen armas y son violentos, a juzgar por la preocupación del resto de expedicionarios.

Cuanto más se acercan al templo, el peligro se acrecienta. Uno de los exploradores trata de traicionar a Indiana, ya que amartilla su revólver a espaldas del protagonista con la intención de dispararle. Ante su arma de fuego, el látigo multiusos del arqueólogo, que desenfunda antes que su rival, desarmándolo e hiriéndole la mano. Este traidor abandona el grupo, quedando únicamente el propio “Indi” y otro más. Tras este gesto de brutalidad, nos es presentada la cara del héroe, en primer plano. Barba de tres días, pelo rubio, ojos azules, gran presencia física; todos ellos atributos que Starlord heredará treinta y tres años más tarde.

Indiana Jones y Guardianes de la galaxia

En este sentido, Guardianes de la galaxia emula la fórmula traduciéndola al emblemático humor de la cinta. Starlord no se guía con un mapa clásico, en su lugar emplea una especie GPS tridimensional que le indica el camino a través de realidad aumentada que, junto a su yelmo y la nave, dejan clara su familiaridad con la tecnología punta. Al igual que Indiana, anda tras los pasos de un santuario de una civilización ya extinta, que recuerda sospechosamente a los templos derruidos de las culturas indochinas, es decir, un lugar tan exótico como los paisajes a los que acude Indiana Jones en sus múltiples aventuras.

Al penetrar a la primera cámara de su templo, por fin logra librarse del molesto viento, polvo y agua que lo incomodan. En este momento, al igual que en “El arca” nos es desvelada su cara. Efectivamente, rubio, alto, ojos azules, etcétera: el arquetipo de héroe hollywoodiense. El humor antes citado da lugar cuando, en lugar de un látigo, Starlord “desenfunda” el cable de los auriculares de su –también extremadamente característico– walkman. De este modo, la espiral del látigo colgado en el cinto, por la cinta enrollada del casete de Quill.

Indiana Jones y Guardianes de la galaxia

El temor al misterio queda atrás cuando el héroe pulsa al “play” y el Come and get your love de los Redbone condiciona completamente el ambiente de la secuencia. Starlord supera sin problema alguno todas las trampas e impedimentos que obstaculizan su camino hacia el objetivo. De hecho, canta y baila en su avance, en contraste con la minuciosidad y el cuidado con el que Indiana debe dar cada paso si no quiere sufrir una muerte terrible.

Por fin, alcanza su objetivo: el santuario abandonado de una civilización anterior. Él y su compañero se adentran en lo prohibido: “nadie sale vivo de ahí”, advierte este último. La forma sigue poniendo en contacto a ambas películas, pues tanto el acceso a un templo como al otro, solo pueden diferenciarse por el contexto espacio-temporal en el que están, pues en todo lo demás son iguales.

Indiana Jones y Guardianes de la galaxia

Cada una de las trampas que Indi, por su extremado conocimiento de la cultura a la que se está enfrentando, es capaz de superar tienen su eco en la obra de Gunn. De este modo, al terrorífico esqueleto atravesado por las lanzas del templo amazónico le corresponde el de una especie de alienígena humanoide con el que Starlord se pone a bailar.

Indiana Jones y Guardianes de la galaxia

El agujero sin fondo que Starlord deja atrás con la facilidad de sus botas autopropulsadas es un salto lleno de emoción y suspense cuando Indiana emplea, de nuevo, su látigo para cruzar de un lado al otro. Su compañero queda a un paso de caer al vacío por los rudimentarios, aunque efectivos, métodos del arqueólogo, que en última instancia, le salva la vida.

Indiana Jones y Guardianes de la galaxia

Seguido a esto, Jones alcanza la última sala del templo, en la que se oculta el ídolo. Cegado por la cercanía del éxito, su compañero está a punto de cometer el fatal error de pensar que no quedan más artilugios, nada más lejos de la realidad. Indiana enfoca su atención en el suelo de este nuevo emplazamiento, llamativo por su decorativa forma en mosaicos circulares. Resulta que cada una de estas baldosas está automatizada para disparar una flecha desde las múltiples aberturas que decoran las paredes, a ambos lados de la estancia. Por este motivo, el protagonista no debe dar un paso en falso, nunca mejor dicho, avanzando con cautela y cuidando de no apoyar su peso en ninguna de las mortales baldosas.

Por su lado, Starlord hace gala de su ritmo musical y progresa sin problemas. En claro contraste con los milimétricos pasitos de Indiana, Peter se desliza –directamente– a través del terreno, sin mayor dificultad que la de dejarse llevar. Incluso la manera en la que sube unos escalones parece una “burla” a las complicaciones a las que debe verse el pobre Doctor Jones.

Indiana Jones y Guardianes de la galaxia

Finalmente, Indiana presume de su estratagema para sustituir el ídolo por una bolsa de tierra, de peso similar pero no exacto, provocando la activación de la última trampa, la más mortal de todas: una gran bola de piedra que cae del techo del templo, arrasando con todo lo que hay en su paso. Toda la habilidad y control de la situación demostrados hasta el momento queda destruido bajo el gran peso y persecución al que les somete la gran piedra. Por el contrario, el ardid de Starlord da sus frutos, al usar otro de sus aparatos tecnológicos con el que atrapar el orbe que perseguía desde el principio.

En cualquier caso, el desenlace de esta secuencia sigue siendo parecido, como a lo largo de este microanálisis comparativo se ha demostrado, pero opuesto. Por su lado, el clímax de la secuencia en “El arca” ya ha pasado, en el punto que parecía que Indiana había alcanzado su meta, antes de que todo se fuera al garete con la dichosa piedra. Logra huir y salir del templo evitando la muerte. Sin embargo, al alcanzar la salida, su principal competidor, René Belloq, aparece aliado con la tribu que perseguía a la expedición de Indiana desde el comienzo de la obra. Se queda con el ídolo y ordena a los nativos que acaben con el protagonista que, afortunadamente, escapa por los aires gracias al hidroavión que lo esperaba junto a la orilla de un afluente del Amazonas.

De manera opuesta, Starlord consigue su ansiado orbe, aunque nada más obtenerlo, soldados del ejército del titán Thanos (el mayor enemigo de toda la galaxia) aparecen en ese mismo lugar para arrebatárselo. Quill logra dejarlos atrás y, al igual que Indiana, huye por los aires, gracias a su nave espacial. De este modo, uno preserva su tesoro y el otro lo pierde.

Sin embargo, antes de alcanzar la libertad, ambos protagonistas deben realizar un gran salto. Patético y gracioso en el caso de Indiana, carismático y admirable en el de Starlord –filmado a cámara lenta, aquí estriba el clímax de esta secuencia–. Parece que en esta última analogía formal los roles se han intercambiado, siendo Quill a quien hay que tomar en serio y Jones el que nos permite reírnos de/con él.

Indiana Jones y Guardianes de la galaxia

Tras esto, ambos personajes huyen por donde han venido, el aire. Un hidroavión en el caso de Indiana, una nave espacial en el de Starlord. Ambas huidas sirven para cerrar las secuencias y devolver la estabilidad al agitado mundo de estos aventureros.

Indiana Jones y Guardianes de la galaxia

Además de todo lo dicho, cabe señalar que temáticamente ambos personajes guardan ciertas particularidades que los enlazan en sus naturalezas y pasados. Ambos comparten el dolor de la muerte de sus respectivas madres. En el caso de Starlord, este suceso consiste en una herida sin cicatrizar cuyo efecto es la búsqueda interestelar de una familia veintiséis años atrás perdida, cuando fue raptado por Yondu. Quill, poco a poco, va formando una banda que acabará culminando en los Guardianes de la Galaxia, que serán los seres queridos de este saqueador espacial. Jones, sin embargo, no muestra síntomas de dolor o trauma por la pérdida de su madre, sino que   es con su padre con quien tiene una relación más conflictiva. Según el protagonista, este nunca le procuró la atención paternal conveniente y, por este motivo, Indiana es tan duro y frío. Starlord tampoco puede fardar de tener un padre modelo, pues en la segunda parte de “Guardianes” debe enfrentarse a él hasta matarlo, ya que   pretende apoderarse de todo el universo.

 

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