“Magic City”: Una mirada efectista y fantasiosa del Miami Beach de los 50

Magic City” es una serie de TV que recrea el Miami Beach de los años 50, con una paleta de colores artificiales y saturados que hacen de ella una delicia para los ojos.

Sin duda, elegir bien el momento histórico y el lugar geográfico donde situar una historia tiene mucho que ver con el éxito que ésta obtendrá. Buena prueba de esta máxima es el éxito de series como “Mad Men” o “Downton Abbey” cuyas historias se apoyan o bien en acontecimientos históricos que les dotan de un gran interés, o bien simplemente se benefician de una estética atractiva derivada de dicho contexto histórico. El caso de “Magic City” es interesante puesto que si bien puede presumir de una brillante selección de contexto histórico, no ha obtenido la repercusión que seguramente se esperaba a juzgar por el enorme despliegue de su producción.

Magic City” arranca en 1959, la noche en que Castro y Che Guevara se alzan con el poder en la isla de Cuba poniendo fin al gobierno de Batista. Y su historia se sitúa en Florida, en uno de los complejos hoteleros más grandes y elegantes de la zona de Miami. No obstante, si alguien cree que los acontecimientos históricos en Cuba tienen algo que ver con la historia que se narra en “Magic City”, se equivoca, de modo que conviene afirmar cuanto antes que esta no es una serie de política. Ni Castro, ni la Revolución, ni los viajes entre las dos costas tienen hueco ninguno en la historia principal de esta serie de TV más interesada en contar una historia discreta sobre unos personajes que no van mucho más allá del contexto del hotel Miramar Playa, verdadero lugar de acción de la serie. Y quizás sea este uno de los principales motivos por los que esta serie de televisión acorta mucho su recorrido, quizás porque renuncia a entrelazar su historia con el atractivo del momento histórico en el que se sitúa, o quizás porque termina decepcionando a quiénes esperan que la serie explote esa vertiente política que sugiere el momento.

El valor principal de “Magic City”, o mejor, su galería de puntos fuertes, se ha de encontrar en su aspecto estético, en el más que cuidado diseño de producción de una serie de tv encantada con los colores, las formas, los edificios, los coches, los vestidos de noche, las gafas de sol y hasta las piscinas que dispone constantemente ante los ojos de los espectadores. Se construye así no tanto una recreación histórica de finales de los 50 y comienzos de la década de los 60, sino una saturada e imaginativa reinterpretación de la estética del momento a través de los ojos posmodernos de nuestra forma actual de conducir un diseño de producción más que generoso. Como en el caso de “Mad Men”, las líneas principales son sólo un pretexto histórico que sirve de base para diseñar toda la imagen que realmente emplea la serie, y que utiliza una saturación intensa de colores hacia tonos cálidos en donde las puestas de sol son absolutamente espectaculares, los coches descapotables tienen colores cincuenteros envidiables, las piscinas y sus azules son una proeza del color y los bañadores de las chicas reflejan la voluntad de apertura de una década que necesitaba una mirada tan fantasiosa como ésta.

 El estilo de “Magic City” comienza, aunque no termina, en su espectacular e inolvidable arquitectura, incluyendo al propio hotel Miramar Playa (Consulta aquí sus mejores imágenes). Su estilo, opulento a rabiar, refleja la voluntad de estilo y elegancia de un negocio con intención de ser el centro de la vida estilosa de la Miami más playera. Sus tonos son dorados con detalles en negro y con preciosas decoraciones basadas en el estilo europeo de la Francia provenzal. Aunque la fachada superior del Miramar Playa refleja claramente la dirección en la que la arquitectura evolucionaría durante los años 60, sus interiores están plagados de detalles decorativos y artísticos que recuerdan a las construcciones frente al Mar Mediterráneo que son fáciles de encontrar en localidades como Saint Raphael, Cannes o Niza. Lo mismo sucede con los estilos de los jardines que rodean las piscinas, las escaleras, las columnas, etc. Todo en tonos dorados que transmiten el lujo esperado de un resort diseñado para el descanso más glamuroso. Es evidente que si a “Magic City” le despojamos de esta enorme y preciosa carga de estilo le arrebatamos uno de sus mayores atractivos.

Magic City

Llaman la atención, también, los planos exteriores con luces de ocaso en donde destacan las increíbles puestas de sol de “Magic City”: Tienen colores falsos, más que saturados, en donde los recortes de los perfiles de los personajes contrastan son sus fondos infantiles con colores que van más allá de los presentes en cualquier ocaso. Y aún así, frente a tales colores, uno tiene la sensación de que asiste a la verdadera esencia de una serie que es en sí misma un homenaje eterno a una época perdida que, seguramente, tampoco tuvo tales colores, pero a la que nos encanta imaginar de tal modo. El rostro de Olga Kurylenko brillando por la luz del sol junto a la barandilla de su suite en lo más alto del Miramar Playa es una proeza visual cuyo coste de artificio no es una rémora para querer disfrutarlo cada segundo en que aparece.

Sumemos a esta estética, sin embargo, un imaginario adicional y alternativo que cuesta ubicar: La estética de los años 30. Y es que la trama dispone enseguida a una buena cantidad de hombres con sombrero, investigadores de la fiscalía, coches curvilíneos y otro montón de elementos propios de una estética que hace tiempo que reconocemos como la de los años 30. Aquí, en Código Cine, ya hemos analizado mucho de este imaginario de la década que desde la posmodernidad hemos “mejorado” a nuestra conveniencia, y que en “Magic City” parece incorporarse como un ingrediente extra sobre el que se articula gran parte de la trama (no ya de la estética).

Magic City

La estética de “Magic City” no esconde una influencia clara: “Mad Men”. El personaje principal, Ike Evans, interpretado por Jeffrey Dean Morgan, no es Don Drapper, aunque, en primer lugar, viste similar y adopta muchos de sus detalles de estilo; y segundo, comparte algunas funciones y características como personaje con el de Don Drapper, como por ejemplo su permanente sentido de la responsabilidad que le lleva a hacerse cargo de todos los asuntos de los que tiene noticia. Son ambos personajes que recogen el peso de las historias con las que entran en contacto, responsabilizándose de las personas que tienen a su cargo o con las que ellos consideran que tienen alguna suerte de deuda. Obviamente, la conexión entre ambas series se produce también por la coincidencia temporal: Finales de los años 50, lo que hace que las motivaciones de los personajes sean similares y también la estética que los acompaña. De hecho, “Mad Men” y “Magic City” integran los acontecimientos históricos de una forma similar. La caída de

Batista tiene una presencia en el guión muy similar en importancia a que los acontecimientos políticos sobre Nixon tienen en “Mad Men”, compareciendo como telón de fondo pero nunca como elemento de intervención sobre la historia en cuestión. Y si tiene algún contacto más directo, siempre es a través de algún personaje que no termina afectando a la historia principal de los personajes clave. Pareciera que gran parte de la estructura de los guiones de ambas series responden a la misma estrategia, más allá de la simple coincidencia temporal. Un detalle final: Aunque la combinación de una copa en una mano y un puro en la otra es un clásico cinematográfico universal (citaré la serie “Boston Legal” de David E. Kelly por poner un ejemplo), la forma en que le sientan a nuestro protagonista es casi idéntica a la manera cómo le sientan a Don Drapper. ¡Y hasta parecen usarlos para cada plano de la serie con similar frecuencia!.

Atrevámonos a incluir una referencia estética que parece muy próxima a “Magic City”: Los anuncios de Martini que, durante algunos años, nos sedujeron con la estética propia de la Dolce Vita, y en cuyas historias encontramos muchos, muchos de los elementos con los que se ha tejido la apariencia de “Magic City”. En el spot…

y por citar algunas de estas referencias claras, aparece una estética muy similar a la serie de tv. El personaje del hombre maduro, con malas pulgas, que es la pareja del personaje de Charlize Theron tiene evidentes puntos en común con el personaje Ben diamond interpretado por Danny Huston, que parecen dar vida al mismo personaje y que parece tener las mismas relaciones con los otros dos personajes, el de su pareja, y el del joven seductor que se acerca a ella. El “hombre Martini” tiene muchos puntos en común con el personaje de “Stevie” (el hijo de Ike Evans), interpretado por Steven Strait. De hecho, la escena en la que Stevie conoce y seduce a Lily en la barra del Atlantis (el bar subterráneo del Miramar) recuerda enérgicamente a la forma cómo el Hombre Martini seduce a Charlize Theron en el anuncio de Martini. Los planos son realmente parecidos, como lo son las miradas, el ritmo, los encuadres y hasta la actitud del uno y de la otra. Es un paralelismo claro que se apoya sin tapujos en el empleo de una teatralidad cinematográfica desmedida que puede rayar en la inverosimilitud pero que resulta simplemente irresistible. E incluso, puestos a buscar conexiones tan solo esbozadas, baste comparar el modo cómo el tipo maduro observa beber a Charlize Theron mientras ésta mira al hombre Martini, con el modo cómo funciona la sexualidad de Ben Diamond en “Magic City”, cuando aparta la alfombra que cubre el suelo transparente sobre la habitación de su esposa para verla proporcionarse placer a sí misma… o entregarse en manos, precisamente, de Stevie. El triángulo de personajes parece tener una traslación milimétrica entre los dos textos, haciéndonos preguntarnos si esto es solo una casualidad. En 1998, cuando el anuncio de Martini fue estrenado, se consideró no sólo un homenaje al estilo de la Dolce Vita, sino también un homenaje al cine mismo, y puestos a extender la cuestión a “Magic City”, y atendiendo al artificio de su estética que hemos documentado aquí, cabe preguntarse si la serie no será también una enorme oda al esplendor histórico de Miami Beach durante finales de los años 50 y también un homenaje al cine que siempre supo tomar estos elementos para diseñar su propio lenguaje y su propia forma de seducción. “Magic City” es seducción estética desde el capítulo piloto.

Magic City

Donde el aprovechamiento, llamémoslo “estético”, no está a la altura de la expectativa es, sin duda, en la parte musical. Y es que cabría esperar que una serie ubicada en un contexto tan musical y con tantos lazos de conexión con Cuba, sacara más partido a la música jazz latina. Se echan de menos más músicas del género y más escenas en donde la música cumpliera una función más importante. Se advierte el tímido intento de la serie por acometer ese objetivo en detalles como el hecho de que el padre de nuestro protagonista tocara en una banda de jazz, o que éste conociera a su esposa bailando en el Tropicana. Es como si la serie fuera consciente de que es difícil cubrir la realidad histórica del lugar sin prestar una atención enorme a la parte musical, pero al mismo tiempo fuera consciente de que no está haciendo. Y así, la serie continúa dejando ese aspecto inexplorado. O incluso “torcido”, puesto que la mayor presencia musical en el guión se produce en el primer capítulo cuando el invitado al Miramar Playa es Frank Sinatra. No es que esperáramos algo al estilo de la serie “Treme“, pero sí que la presencia musical tuviera mayor impacto en la estética o en la trama.

Buscando otra conexión o influencia evidente, debemos citar la que se detecta en los títulos de crédito de la serie: Imágenes submarinas con detalles de cuerpos femeninos desnudos nadando y flotando en una especie de éter espacial y detalles masculinos. Las imágenes de los cuerpos buceando y nadando sobre las imágenes de Miami al fondo, en tonos más refrescantes que los empleados en el interior de la serie, recuerdan claramente a los montajes de las películas de James Bond, cuyos títulos de crédito merecen todo un análisis de contenido que abarcaran todas sus décadas de historia. Ciertamente, nuestro personaje principal no es 007 ni comparte con él más cosas que la estética de su traje y el tabaco en su mano, pero los títulos de crédito sí que pudieran ser prácticamente intercambiables. Por cierto, atención a su música: perfecta para una serie de tv.

Magic City

 Decíamos que la serie se ubica en un contexto político extraordinario que, sin embargo, no se abarca políticamente. La política sólo funciona como marco en donde contar una historia que tiene sus propias preocupaciones. La única conexión que se produce con el mundo político es la de uno de sus personajes que pretende ayudar a su esposa a escapar de la Cuba de Castro. Para contar esta subhistoria, aparecen grupos de exiliados cubanos que van a encargarse de la operación pero que articulan una simple ayuda operativa, perdiendo la oportunidad de comparecer en la narración como una clase política con reivindicaciones complejas. La expresión “Cuba Libre” aparece en numerosas ocasiones, pero los personajes que lo exclaman son más que secundarios en una historia que tiene su interés centrado en otras historias más endodérmicas. Esa conexión política podría haber sido excesiva para la historia, pero también habría servido para incorporar una facción mucho más adulta a una serie que termina echando de menos una carga de importancia en su devenir narrativo.

En definitiva, una serie que se consume por los ojos… y que aunque puede resultar agotadora en muchas ocasiones, sorprende con los planos más hermosos y efectistas para dibujar una Miami Beach absolutamente fantástica. Y si no fue así, ojalá lo hubiera sido.

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  • Bueno bueno bueno, Rii, has encontrado una serie con la que deleitarte visualmente, jejeje y no pasa nada porque no tenga política, digamos que de vez en cuando nos tenemos que dar algún capricho visual. Ya la tengo apuntada como próxima serie! 🙂

  • jajaja Creo que me he pasado con las fotos, ¿no? 🙂 Lo peor de todo es que ha sido sin darme ni cuenta. ¡Pero que conste que ese “capricho visual” que tú dices no sólo es por los bikinis!!!
    La estética de la serie está muy cuidada; es lo mejor de ella, sin duda.

  • Jejej si si, ?sin darme cuenta?, dice el cachondo jaja como Marcos con Mónica Bellucci en Dracula, que solo escuchaba la BSO jeje
    Bueno, en cuanto pueda empiezo a verla 🙂

  • jajajaja Ahora entiendo a Marcos, y me siento un incomprendido!!! 🙂

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