“Marriage Story”: el duelo y la melancolía romántica

Noah Baumbach debutó con su última película este pasado año 2019: Marriage Story. Con Scarlett Johansson y Adam Driver como protagonistas, quienes encarnaron y representaron con una emotividad titánica el proceso de una separación romántica.

Un gran reto, tanto para el director y guionista —Baumbach— como para los actores protagonistas, teniendo en cuenta que el hecho de representar tiende normalmente hacia un punto de vista personal y subjetivo, definiéndose así por una perspectiva concreta. Pero, en esta ocasión, vemos una representación escrupulosamente objetiva, rozando el análisis científico del hecho en sí: de la separación de dos personas.

Vemos la narración individual de cada uno de los individuos pero la trama no deja a ninguno por encima del otro, ninguno sale victorioso —aunque sus abogados luchen por ello— porque realmente es un hecho traumático para ambos y así, con pleno realismo y dignidad, es como lo concibe Baumbach.

Escuchamos y vemos en las primeras escenas el amor de la pareja, los pequeños detalles que llaman la atención el uno del otro, esos tics que en la convivencia diaria nutren la rutina y construyen el cariño entre ambos. Esa construcción romántica imparable que los consolida como pareja.

Quizá la culpable de la ruptura es esa misma rutina que en un principio los consolida y reafirma su unión. Cuando estos hábitos, cuando las acciones diarias se incrustan en la cotidianidad evitando cualquier cambio, podríamos decir que congela la evolución personal e individual de los miembros así como de la pareja en sí, cuanto a unión se refiere. Es en este punto de freno y estancada que nace la frustración, comienzan los reproches y, en casos extremos, nace el odio.

Ahora bien, antes de llegar a este punto de extrema decepción comienzan los cuestionamientos y entre las mil preguntas que pueden aparecer en la mente de una persona que inicia el proceso de desamor estarían: ¿qué está pasando? ¿Se puede arreglar? Estas preguntas demuestran la madurez de la persona adulta, quien reconoce el problema y quiere gestionarlo. Así como vemos con nuestros protagonistas quienes asisten a terapia de pareja, vemos como en un principio tienen la clara intención y motivación de arreglar su relación que finalmente resulta fallida. Una vez se dan cuenta ambas partes, quienes además en este caso comparten un hijo fruto de su relación amorosa, de que verdaderamente han llegado a un punto sin salida, a lo que parece el final de su historia, es cuando toman la decisión de separarse.

Es interesante como en esta terapia de pareja mencionada, una de las dinámicas que llevan a cabo, si bien preparan aunque no la acaban de ejecutar, consiste en que cada uno le escribe una carta al otro con todo aquello bueno de la otra persona. Así podemos escuchar a Charlie hablando de Nicole:

Lo que me encanta de Nicole: Consigue que cualquiera se sienta bien incluso en situaciones incómodas. Escucha de verdad lo que le están diciendo. A veces escucha demasiado y demasiado tiempo. Es buena ciudadana. Siempre sabe lo que hay que hacer cuando hay malos rollos familiares. Yo tengo mis manías y ella sabe cuándo debe presionarme y cuándo dejarme en paz. Nos corta el pelo a todos. Inexplicablemente, siempre tiene un té preparado que luego nunca se toma. No se la da bien guardar calcetines, cerrar armarios o fregar platos pero lo intenta por agradarme. Nicole se crió en Los Ángeles entre actores, directores, películas de cine y televisión, y se lleva muy bien con su madre, Sandra, y con su hermana, Cassie. Nicole hace unos regalos increíbles. Es una madre que juega con su hijo, pero de verdad. Nunca se escaquea de un juego ni dice que es suficiente, aunque algunas veces sea más que suficiente. Es competitiva. Es un portento abriendo tarros porque tiene mucha fuerza en los brazos, algo que me parece super sexy. Siempre tiene el frigorífico hasta arriba, en nuestra casa nadie pasa hambre. Sabe conducir con marchas. Después de la película «Todo sobre esa chica», podría haberse quedado en Los Ángeles, ser una gran estrella, pero lo dejó todo para venir a hacer teatro conmigo a Nueva York. Es valiente. Baila increíblemente bien. Es contagioso. Ella me incita a querer bailar. Cuando no sabe algo, no ha leído un libro o visto una película o obra lo dice claramente, no como yo que disimulo o digo algo como “hace bastante que la vi”. Le encanta buscar la forma de poner en práctica mis ideas más estrambóticas. Es mi actriz favorita. 

Y, aunque Nicole no lo lea en la terapia, también acabaremos escuchando estas palabras dedicadas a Charlie:

Lo que me encanta de Charlie: Charlie es imperturbable. Jamás deja que las opiniones de los demás o los obstáculos le distraigan de lo que quiere hacer. Charlie come como si quisiera acabar cuanto antes y como si no hubiera más comida en el mundo. Tiene que estrangular un sándwich mientras lo devora. Es increíblemente ordenado y puedo estar tranquila porque lo tiene todo controlado. Piensa en el ahorro energético. No se mira demasiado al espejo. Llora fácilmente en el cine. Es muy apañado, igual zurce un calcetín, que cocina la cena o plancha una camisa. Nunca se siente derrotado, algo que a mí me pasa todo el rato. Charlie acepta mis neuras y mis cambios de humor estoicamente, no se deja llevar por ellos ni me los echa en cara. Viste muy bien. Nunca se pone algo ridículo, lo cual es raro en un hombre. Es muy competitivo. Adora ser padre. Le encanta todo lo que debería odiar, como las rabietas o levantarse por la noche. Es casi irritante hasta qué punto le gusta, pero, en realidad, es bonito. Se pierde en su propio mundo, en eso se parecen Henry y él. Sabe como decirte que tienes comida entre los dientes o en la cara sin hacer que te avergüences por ello. Charlie se ha hecho a sí mismo, sus padres sólo los he visto una vez, pero me contó que pasó su infancia rodeado de alcohol y episodios violentos. Se fue a vivir a Nueva York desde Indiana sin ningún apoyo y ahora es más neoyorquino que nadie. Allá a donde vaya siempre consigue formar una familia con la gente que le rodea. En la compañía de teatro fue como un mago que hace que todos se sientan participes. Nadie, ni el ultimo meritorio, se sentía innecesario, se acordaba de las bromas de cada uno. Es tremendamente organizado y minucioso y sabe muy bien lo que quiere, no como yo, que nunca lo tengo claro. 

La separación como todo acto tiene una repercusión en la persona que la ejecuta y en quien lo recibe. En este caso, tanto Charlie (Driver) como Nicole (Johansson), experimentan el dejar y ser dejado por igual, al ser más o menos consensuada su separación. En el caso de nuestros protagonistas, toman la decisión pero siguen conviviendo hasta el momento en que ella viaja a Los Angeles, en principio por un período de tiempo corto, siendo este momento el inicio de la verdadera separación.

En este momento, cuando se consolida la ruptura, aparece el duelo, el cual, definido en palabras de Sigmund Freud, consiste en la reacción frente a un objeto de amor perdido. Es a partir de esta evidencia, de la toma de conciencia de la pérdida, que el mundo empieza a cambiar. Se inicia una etapa de ruptura con un pasado que hasta ahora lo significaba todo y comienza una adaptación a una nueva vida, una nueva normalidad en la que no estará el objeto de amor, en que no estará la pareja sentimental.

Si bien, en nuestro caso, al ser la pérdida del ser amado y la ruptura de la relación amorosa que los une, sería más apropiado hablar del proceso de melancolía, también propuesto por Freud, entendida como una “hemorragia libidinal”. Este proceso melancólico se consolida en la psique de la persona y es perteneciente al sentimiento de autoerotismo. Aquí aparecen sentimientos de culpa (autoculpa) y reproches a uno mismo como forma de castigo y redención, es decir, la persona melancólica asume que —en este caso— la ruptura ha sido culpa suya, porque no se ha esforzado o porque no ha sido suficientemente fuerte o constante como para mantener esa unión.

En casos extremos se podría hablar de la melancolía psicótica donde se produce un delirio de insignificancia que afecta a las capacidades básicas del cuerpo humano, acompañado de la autocrítica extrema e incluso de un sentimiento de vergüenza, prefiriendo cargar con esta carga autoimpuesta que con la verdadera realidad donde se ha producido la pérdida, negándola e ignorándola. En su máxima expresión, esta negación podría suponer un extrañamiento de la realidad tal que produjera una psicosis alucinatoria del deseo, del amor por el objeto perdido.

Es interesante hablar de la melancolía y no tanto del duelo, porque si bien se pierde una persona –fundamentalmente importante en la vida del otro— es un sentimiento de tipo más pulsional nutrido de estos sentimientos autodestructibles para el individuo. Lo que es generalizado en ambos procesos y en la transición de la ruptura es un gran sentimiento de dolor emocional. Este “yo” que se construyó y desarrolló en la relación ha dejado de existir y pierde así una parte de sí mismo en el proceso de duelo, de forma que debe enfrentarse, ya no a la pérdida del objeto amado sino a la pérdida de una parte del “yo” en sí, pudiendo aparecer lo que Freud formula como un aplastamiento subjetivo.

Vemos a Nicole, quien realiza el acto de la separación al irse de Nueva York, sufriendo ese desgarro de la realidad, ese distanciamiento de su vida que ahora ya no existe para comenzar una nueva etapa con nuevas experiencias. En este punto conoce a Nora, una abogada reputada, con la que se abre y habla de sus sentimientos y percepciones.

Destaca, siguiendo con la perspectiva de Nicole, como afirma que ella asumió y se integró a la vida de Charlie de forma que no desarrolló su propia vida, se transformó y se conformó con ser el soporte de él. Se dejo llevar por la idealización de él y de la relación, olvidándose de sí misma mientras él crecía y sumaba logros, como el hecho de consolidarse como un reputado director de teatro. Afirma que sus intenciones y planes quedaban en segundo plano, de forma que Charlie siempre priorizaba su vida y posición, olvidándose de cuidar y tomar en consideración a la que era su mujer y madre de su hijo.

En este momento del proceso es interesante recuperar también las palabras de Lacan quién postuló que en la subjetivación “para que algo se signifique es necesario que sea traducible en el lugar del Otro”[1]. Este proceso, necesario, se da en la traducción del horror y el dolor por medio de los sistemas de la lengua dándole la oportunidad al deudo (a la persona que ha perdido el objeto amado) de retornar a la vida social permitiéndole conservar el objeto perdido de otra manera y con otra consideración.

Nicole proyectaría en Charlie su pasado, construido por ambos, pero que ya no existe ni tiene lugar en el mundo tangible. Vemos a Nicole volviendo a la vida social y creando desde cero su carrera como actriz y finalmente como directora, con una nueva identidad de Charlie, una nueva perspectiva que le permite mantenerlo pero sin el vínculo romántico originario.

Para asumir esa nueva realidad, el divorcio y la notificación del mismo son un punto clave. Dado que es dar forma y nombre a la situación de la pareja y el paso previo al inicio de esta nueva normalidad que mencionamos y previo al desarrollo de esa nueva vida social donde cada uno se convertirá ahora en un ser individual sin ningún lazo que, aparentemente, que los una.

Resulta muy interesante, en las secuencias en que Charlie visita a un abogado para que le represente, cuando este le afirma “divorciarse con un hijo puede ser una de las cosas más duras, es como una muerte sin cadáver”. Como hemos mencionado, el duelo es la pérdida del objeto amado, en el caso de una ruptura romántica, una muerte de la relación, una muerte sin cadáver, recuperando este símil como indicador del dolor psíquico por el que pasan los protagonistas.

Llegados a este punto, resta hablar del trauma como desgarro y ruptura del imaginario y de lo simbólico versus la realidad actual que debe acatarse. Vemos como el duelo asume la pérdida mientras que la melancolía puede provocar al deudo el deseo de irse con el perdido, movido por el motor pulsional e irracional de la pasión.

El momento de asumir la pérdida de forma total e individual, la derrota y el vencimiento del romanticismo lo vemos en la escena en que ambos se encuentran para dialogar, debatir y finalmente discutir en el nuevo piso de Charlie, en Los Angeles. “No reconozco a la mujer que era cuando estábamos casados” mostrando así el aislamiento de la realidad que compartían, donde ya han evolucionado y abandonado la rutina que los unía. Charlie afirma a gritos: “Cada vez que despierto desearía que estuvieras muerta”. Deseando la muerte del dolor, la no existencia de la persona, del objeto amado, que ha perdido.

Finalmente se consolida el proceso de divorcio, ambos firman los papeles y escuchamos a Charlie cantar: “alguien que me abrace demasiado fuerte. Alguien que me haga sufrir… Estar vivo. Que alguien me necesite demasiado. Que alguien me conozca demasiado. Insúflame vida. Pero estar solo. Es estar solo, no estar vivo”. Reconoce así su perdida, reconoce su soledad y comienza a asumir su nueva normalidad.

Y es justo aquí cuando aparece lo que el Dr. Freud denomina con el concepto de “añoranza” hacia ese amor ya perdido, apareciendo la nostalgia hacia ese pasado que ya no existe. Cuando la persona es capaz de sentir esta añoranza es porque ya ha asumido plenamente la pérdida del objeto y es consciente de que no volverá, de la falta de esa persona y/u objeto. Así se abre un camino hacia esa nueva normalidad post-separación donde se pueden dar diferentes opciones: una idealización del pasado o bien una relación renovada con el que “ya no existe” creando un nuevo lazo con ese fantasma que se ha transformado en “otro”.

Recuperamos una frase de Borges quien afirmó: “cuando un amor muere, por un tiempo la vida sigue siendo el espejo de ese amor, pues la separación no puede realizarse sin más…”[2] . Al final, ella ha conseguido su sueño de ser directora y él acepta una residencia en la universidad de Los Ángeles, para mantener un nuevo contacto con su pasado, con la nueva versión de su relación. Ambos han pasado el duelo, la melancolía, incluso la nostalgia rompiendo con todo rastro de espejismo de su relación.

En la última escena de este fantástico largometraje aparece el hijo practicando su lectura y justamente lee la carta que Nicole le escribió a Charlie, en la terapia inicial, al inicio de la ruptura. Ahora pasado todo el tiempo, toda la separación, todo el duelo y melancolía ya no tiene sentido esa carta, ni esas palabras. Parecen recrear su propia historia basada en una realidad pasada, una realidad que ya no existe y que al revivirla se convierte en ficción.

Acabamos con la confirmación de estos sentimientos encontrados, cuando Nicole en su carta y Charlie al leerlo en voz alta se dicen adiós por última vez diciendo: “nunca dejaré de quererle aunque eso ya no tenga sentido”.

Bibliografia:  

[1] Elmiger, María Elena. (2011) Variaciones actuales de los duelos en Freud. Desde el jardín de Freud: revista de psicoanálisis,N.o11, pág. 38. [Recuperado el 07 de septiembre de 2020 de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4547184]

[2] Jorge Luis Borges, “Ausencia” (1923), en Obra poética, vol. i (Buenos Aires: Emecé, 1997), pág. 46.

Elmiger, María Elena. (2010). La subjetivación del duelo en Freud y Lacan. Revista Mal Estar e Subjetividade, 10(1), 13-33. [Recuperado el 07 de septiembre de 2020 de http://pepsic.bvsalud.org/pdf/malestar/v10n1/v10n1a02.pdf ]

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