“Welcome” de Lioret: La migración como “género cinematográfico” que sigue inspirando a Occidente

Philippe Lioret narra en “Welcome” el reto de un inmigrante iraquí de cruzar a nado el Canal de la Mancha para reunirse con la mujer a la que ama, consiguiendo una historia de narrativa sencilla capaz de dejar pensando… ¡a Occidente!.

 

Es posible que, a golpe de película y puede que ya desde hace demasiado tiempo, se haya forjado uno de esos géneros cinematográficos que llamaríamos “encrucijados” y que tomando elementos de otros géneros y aunando algunas líneas básicas de sus argumentos, cuenten juntos la suerte, o la mala suerte, de aquellos inmigrantes africanos que llegan hasta puertos costeros con la esperanza de cruzar algún canal (Canal de la Mancha, Estrecho de Gibraltar, etc.) y comenzar una nueva vida en un país próspero y seguramente occidental. El género cuenta, lamentablemente, con el carburante aparentemente inagotable que proporcionan las tragedias de la vida real, como la reciente de Lampedusa,  que cada cierto tiempo proporcionan una razón más para seguir llevando al cine esta historia siempre parecida. Valga como ejemplo la reciente “Le Havre” (2011), de Aki Kaurismaki, que aunque cinematográficamente no exhibió brillos suficientes para convertirse en un gran film, sí contribuyó con su mera existencia a avanzar en la sanción, cada vez más definitiva, de este género que tan bien refleja nuestros días.

Sin duda, uno de los ejemplos de este género que recientemente ha logrado un mayor reconocimiento por parte de la crítica y del público ha sido “Welcome” (2009) de Philippe Lioret. En ella, un joven de origen iraquí que llega en condición de ilegal hasta el puerto de Calais, pretende cruzar el Canal de la Mancha a nado para reunirse con la mujer a la que ama que le espera en Londres. Contará, eso sí, con la ayuda de un francés de clase media que se sensibilizará con su historia y que como profesor de natación le entrenará para llevar a cabo su sueño. Cuenta con una narrativa transparente, simple y seguramente demasiado honesta que descubre y ofrece con humildad su propia evolución sin trilerismos argumentativos ni grandes sorpresas de guión. Su forma de exposición se atribuye deliberadamente algunas características del formato documental para que lo expuesto fluya y se “lea” con garantía comunicativa, lo que reduce el interés de la película desde el punto de vista cinematográfico pero nos permite alcanzar detalles y rincones de una narración más interesada en reflejar un escenario social y su problema, que en enriquecer su texto con decoraciones estéticas (que considerando el objeto del film resultarían ser una forma de vanidad de Lioret). En esto se acerca también a las formas de “Le Havre”, que también cuenta con una forma de presentación inmediata, previsible y sencilla a favor de la historia y de su capacidad para trasladar la problemática abordada.

Sin embargo, una vez apartadas estas distracciones visuales y derogadas de la acción en cuyo contexto vive la historia de “Welcome”, cabe proponer la cuestión sobre cuál es la historia principal de la película, puesto que tanto Bilal (el nadador) como Simon (su entrenador) comparecen con sus propias historias y si bien la historia del primero parece apuntar claramente hacia la probabilidad de que “Welcome” exista para denunciar la situación que viven los refugiados en los puertos europeos, también es cierto que la historia de Bilal sirve como catalizador psicológico para que Simon complete algunos aprendizajes personales que se nos insinúan claves para enderezar el gran problema de su vida que es haber perdido a su esposa de la que se está divorciando. Es extraordinariamente evidente que el ejemplo de Bilal y su compromiso de amor desprende una enseñanza que Simon recibe de forma implícita y cuya aplicación a su propia historia se apuesta a que servirá para “volver” con su esposa (Simon usa esa palabra exacta con toda la intención de hipersignificar su voluntad de recuperarla). Desde este punto de vista, es la historia de Simon la que evoluciona a lo largo de la película gracias a la irrupción del personaje de Bilal que le inspira con su propio sueño, y la que acapara la última parte de la película, como si todo lo demás hubiera sido un medio para explicar y comprender cómo se construyen los pilares de la reparación del matrimonio de Simon.

Más aún, el ejemplo de Bilal y muy especialmente los valores que desprende, el compromiso por el amor que puede conllevar la propia vida y que da sentido a la existencia, comparece aquí como una iluminación no sólo para Simon sino para un enorme colectivo occidental que ha reubicado sus valores románticos relativizándolos (por exceso de normalidad) en niveles que llamaríamos secundarios. Bilal es capaz de cruzar a pie un continente desde Irak para darle una oportunidad a una historia de amor que puede no ser más que una quimera; pero Simon, ya casado con su esposa, no es capaz de recuperarla a pesar de seguir viéndola aún con cierta frecuencia y ello aunque lo único necesario sea experimentar un cambio puramente psicológico, ¡un descubrimiento por realizar!. Se trata del tópico “tan lejos, tan cerca”, que tiene lecturas en los dos sentidos y que aunque plantea una aparente paradoja, tiene todo el sentido para los espectadores occidentales acostumbrados a lidiar con las historias románticas que se quiebran en contextos de absoluta libertad y que pueden repararse con arreglo a elementos propios de los personajes, sin ayuda de terceros ni de imposiciones externas. Desde este punto de vista, la historia de Bilal es mucho más simple, pura e intensa; mientras que la de Simon se emparenta con las cotas de complejidad sentimental que resultan familiares a la audiencia (occidental) de “Welcome” y que puede que sea, en realidad, la historia que se quiere contar.

Puede que el reto de Bilal y el reflejo lógico de la problemática de los refugiados sea un tema clave, fundamental, el verdadero fondo de la película, pero lo cierto es que si atendemos a su lógica argumental pareciera que es, más bien, una trama útil para una historia puramente occidental. O quizás se pretenda tan sólo de apuntalar la esperanza por que Occidente pondere de nuevo el valor de su libertad comparándose con quiénes la han perdido.

Visto así, el propio nombre de la película, “Welcome”, puede sugerir varias interpretaciones multidireccionales insinuando la complejidad del problema migratorio y de sus efectos culturales allá donde se produzca. Por un lado, Welcome” puede hacer referencia al trágico sarcasmo con el que Europa parece recibir a Bilal a pesar de contar con naciones económicamente prósperas, algunas de las cuáles participaron en la guerra de Irak que podría estar relacionada con la razón por la que Bilal abandona su país. La materialización doméstica de este sarcasmo desentendido que esconde la crueldad de la guerra en cuestión con una buena dosis de hipocresía se concreta en el felpudo del vecino de Simon que reza “Welcome” a sus visitantes con una magnífica caligrafía, pero cuyo dueño no duda en denunciar a la policía la presencia de Bilal en el edificio para hacerle detener. Desde otro punto de vista, uno que a medida que avanza el análisis va cobrando más legitimidad, se propone que dicho “Welcome” corresponde en realidad a la insólita bienvenida que la vida de Simon va dedicar a Bilal considerando el efecto terapéutico de su presencia. “Welcome” se convierte en una metonimia que intercambia el orden entre causa y efecto y que hace referencia al agradecimiento (final) que Simon terminará profesando por el joven nadador que con su ejemplo y la energía de su reto y de su compromiso iluminará el existencialismo transitorio de Simon proporcionándole una voluntad vital que será punto de partida para la recuperación de su ex-mujer (o así se insinúa en una virtual prórroga fílmica que se producirá en el entendimiento de los espectadores). De hecho, a lo largo del metraje, como decíamos, el de Simon es el único personaje que realmente experimenta una evolución y a la que vamos asistiendo desde que éste comparece como una enteca figura pelele en manos de la tristeza y desprovisto de autoestima, hasta que reúne la determinación de defender su compromiso para con Bilal de forma institucional frente a las autoridades y de forma física frente a su vecino intolerante. De este modo, el enriquecimiento vehemente de la voluntad de Simon se convierte en una primera fase reconstituyente de su personalidad que, hacia el final del relato, proporcionará verosimilitud a su virtual éxito en la empresa de recuperar a su mujer. Valga como indicio para convalidar este éxito (no visible, puesto que trasciende al metraje) el hecho de que su esposa aún profesa por él un sustrato emocional que en realidad parece estar más bien a la espera de un cambio en Simon, y no con voluntad de pasar página. Así, la heroicidad de Bilal sin un reflejo escópico a través de las imágenes, perdura, sin embargo, en el corazón de Simon. Y hé aquí de nuevo otro argumento para pensar que el verdadero enfoque de la película es la historia de Simon, y no tanto de Bilal, aunque Bilal y su obsesión… vendan más entradas de cine.

En lo que se refiere a la capacidad de análisis que “Welcome” tiene sobre la verdadera problemática del problema migratorio en Europa, conviene apuntar que, aunque su voluntad merezca ser dignamente reconocida y se advierta una cierta documentación de campo, el alcance del análisis es claramente menor y más simple que el alcanzado por otras obras cinematográficas que también han compartido este objetivo. Para ilustrar esta diferencia valga acordarse de películas como “Z” (1969) de Costa-Gavras, que en 127 minutos es capaz de completar un exhaustivo barrido de 360 grados por la relación entre un régimen dictatorial (paradigma de una hipotética dictadura universal) y sus fuerzas políticas de oposición. O también, podríamos acordarnos del contundente éxito alcanzado por Laurent Cantet cuando en 2008 estrenó “La Clase, un verdadero laboratorio cinematográfico capaz no sólo de reflejar la problemática de la educación pública en Francia (donde la mayoría de los alumnos son inmigrantes o hijos de inmigrantes) sino de hacerlo con la sensibilidad necesaria para captar su complejidad sibilina, sus múltiples caras, sus sutilezas y la entrega personal que la empresa requiere a todos los profesionales de la docencia que optan por lidiar en tan desagradecido contexto. También lo logró Cantet cuando en 1999 estrenó “Recursos Humanos, que reflejó en una historia de claras trazas didácticas la lógica del conflicto entre patronal, sindicatos y trabajadores. Y por último mencionaremos “Hoy empieza todo” (1999) de Bertrand Tavernier que obtuvo un éxito enorme reflejando la gran dificultad que sufren los docentes de centros públicos para hacer su trabajo cuando los alumnos sufren la marginación social o la pobreza. Welcome” de Lioret comparte con ellas el compromiso de la denuncia y la preocupación personal de sus autores, pero quizás no alcance la exhaustividad analítica de las mencionadas. Quizás sea ésta buena oportunidad para insistir de nuevo en que la historia de Bilal parece más bien una subtrama de apoyo para justificar el cambio evolutivo de Simon (eso sí, de lo más llamativa por el reto y además relevante por lo sociopolítico) que el verdadero objetivo de la película, requiriendo así una menor documentación previa y llegando a un final de lógica más… occidental.

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  • Hace unos años vi una película en el que un joven inmigrante realizaba un viaje desde África, creo que Marruecos o Argelia, escondido en los ejes de un camión, su destino creo recordar que era Gran Bretaña. Estoy buscándola pero soy incapaz de recordar más detalles. Agradecería muchísimo si me pudiera ayudar.
    Un saludo,

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