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“Dates”: La vida "de cita en cita" en un inquietante formato televisivo

Cada capítulo, una cita romántica. Esta es la inquietante y original propuesta de “Dates”, una serie de tv más interesante por este curioso formato que por la historia de sus personajes… disfuncionales.

Al amparo de la llamada “golden age de las series de televisión”, y en pleno disfrute de la inesperada confianza que la audiencia ha comenzado a brindar a este producto televisivo, podemos decir que han aparecido grandes series de televisión de una calidad tan reconocida como comparable a la que antes sólo encontrábamos en formatos superiores como el cine. Es evidente que algunas series de tv han cosechado no sólo un éxito notable de audiencia (“Breaking Bad”, “Juego de tronos”) y una repercusión mediática incuestionable (“Gossip Girl”, “Lost”), sino también una calidad intrínseca de lo más meritoria que ha engrandecido el género y lo ha elevado seguramente por encima de la media de su canal televisivo original (aunque hoy, recordemos, está en plena mudanza hacia nuevos canales). Sin embargo, al socaire de las grandes series de tv también han aparecido una miríada de series de calidad sólo decente que se benefician de este clima favorable y que, seguramente, en otras circunstancias, ni siquiera habrían llegado a rodarse.

Y como tercer grupo, ejerciendo una forma de marketing que muchos llamarían “de nicho”, se ruedan en estos tiempos otra clase de series que podríamos categorizar como “experimentales”. Pueden serlo por su formato, por sus localizaciones (“Orange is the new black”), por su propuesta políticamente incorrecta (“Infieles”) o por cualquier otro criterio que las diferencia de otras series mainstream. A menudo, es precisamente en ese criterio atípico donde reside el único interés de dichas series, que se encomiendan a su especificidad para configurar una propuesta innovadora y con suerte atractiva para la audiencia. Lo de la continuidad de la serie en forma de sucesivas temporadas puede ser ya algo más complicado de alcanzar, pero al menos sí impactan desde el primer momento y suscitan un interés. En estos tiempos, cuando la producción de series de TV está disparada, el interés de la audiencia puede ser una oportunidad… de la que otras series de mejor calidad ni siquiera disfrutan.

Dates” podría pertenecer por mérito propio a esta última categoría “experimental” ya que su único atractivo aparente es el de hacer coincidir cada uno de sus capítulos con una cita (a priori romántica) entre dos personas que se conocen a través de una web de contactos. La idea parece encaminarse a las personas que viven esta clase de encuentros, y sería fácilmente relacionable con reflexiones sobre la evolución del flirteo, la seducción y las relaciones en un mundo tan intermediado por la tecnología (un tema perfecto para una serie como “Black Mirror”). Sin embargo, la serie renuncia a cubrir la temática online, su vertiente tecnológica, y propone a la audiencia unirse a la cita una vez que ésta comienza ya en la vida real. “Dates” no está interesada en la comunicación romántica entre personas que se conocen a través de webs de contactos, sino tan sólo en la violenta e intensa experiencia de situar a dos desconocidos frente a frente en un contexto predefinido de antemano como “una cita”. La serie focaliza su interés en la fricción social e interpersonal que se produce durante una cita y en el misterio inevitable que suscita su incierto final. Cada capítulo es una pregunta y su final debería ser una respuesta, la que satisfaría la curiosidad morbosa de una audiencia que quiere asistir a la alternancia entre pose, seducción, desnudez, curiosidad, riesgo, exposición y todos los ingredientes que pueden comparecer en una cita interesante. Digámoslo de este modo: El verdadero protagonista de “Dates” es el formato que emplea para contar la historia de sus personajes disfuncionales. La serie existe para su formato, como test y experimento de su idea original: Un capítulo, una cita. Y propone la percepción del mundo más allá del espacio/tiempo limitado de las citas como una realidad a deducir a partir de conexiones cortas e intensas con el espectador, que son cada una de las citas.

Decíamos que “Dates” es un ejemplo de serie de tv “experimental” dado que cada capítulo, normalmente de no más de 24 minutos, plantea una nueva cita en un nuevo lugar y a menudo con nuevos personajes. Además, al no realizar ningún “planteamiento de personajes” previo sino que la audiencia induce lo esencial de cada uno durante la propia cita, la serie nos aboca a la emoción del encuentro sin asideros ni contextos para poder valorar “lo que va a suceder”. Antes hablábamos de que cada capítulo es una pregunta, y los guionistas se esfuerzan por que cada capítulo fuerce la renovación de la pregunta disparando el misterio de su “respuesta” final. Toda la serie se desarrolla de cita en cita, conectando una cita con la siguiente, y por tanto configurando un universo en donde el tiempo y el espacio parecen servir únicamente a la lógica del encuentro romántico sea satisfactorio o no. Se dibuja un mundo intenso y en ocasiones claustrofóbico donde “lo demás” que los personajes son, queda en la puerta de la cita, y a veces hasta reducido a un mero miscelánea de donde tomar algunos datos con los que conversar durante el encuentro. Eso sí, el formato experimental admite renovaciones intensas que redecoran cada capítulo hasta hacerlos parecer verdaderamente diferentes.

Paradójicamente, “Dates” no parece interesada en el fenómeno social y/o personal que entrañan las citas románticas, o al menos no con una intención epistemológica o inteligibilizadora. La serie no se esfuerza por alcanzar su presunto objeto de estudio con una representatividad muestral, sino más bien proponer la categoría de encuentro romántico que son las citas como el contexto (renovable) en el que poner a funcionar personajes con lastres psicológicos, conductuales, familiares, etc. El título de la serie se llama como el lugar donde sucede lo que realmente se cuenta, pero la serie no está tan interesada en esos “contextos” como en los lastres personales de sus personajes. Dicho de este modo, el nombre de la serie es una verdadera metonimia que “confunde” contenido y continente y que desplaza su lente hacia los personajes que participan (incautos) en la escena. “Dates” se inclina más al experimento de plantear “qué pasaría si una persona con este problema fuera a una cita” que en descubrir las cosas que suelen pasar en las citas de verdad. Los personajes no representan personalidades diferentes dentro de la media conductual, sino que la mayoría de ellos presenta, como decíamos, un “lastre” personal que va a interferir en el desarrollo de la cita. Pueden ser manías, trastornos de la conducta, tendencias violentas, narcisismo, etc., ingredientes explosivos que la audiencia primero intuye, después confirma y termina considerando, en gran medida, lo que condiciona los encuentros. Los finales de las citas son inseparables de estos lastres personales, lo que hace que “Dates” tenga un soterrado punto de vista de lo más pesimista sobre las personas. Realmente, llega a caer en la tentación de considerar a sus personajes un segmento problemático de la sociedad que se relaciona entre sí bajo la digna apariencia de una cita, un formato social de prestigio, pero sólo para dejar vislumbrar/confirmar sus traumas personales. Cabe preguntarse si la “opinión” virtual de “Dates” sobre sus personajes incluye al universo total de las personas o tan sólo a aquellas que participan en las citas online.

"Dates" serie de televisión

En este sentido, la serie no renuncia a algunos tópicos esperables como, por ejemplo, la presión psicológica de algunos personajes por conseguir pareja, que es una realidad esperable en el contexto de una web de contactos online. Sin embargo, y en aras de un espectáculo que puede llegar a ser algo gratuito, introduce elementos improbables que hacen discurrir algunas de sus historias por carriles artificiales sólo comprensibles desde la lógica del más puro espectáculo.

La elección del contexto urbano en el que se producen las citas no es arbitrario: Las citas se producen en la ciudad de Londres, famosa por ser una de las ciudades más cosmopolitas del mundo, donde el anonimato, la libertad de toda condición (incluida la sexual) y el libre acceso a la red del que disfruta la inmensa mayoría de los ciudadanos, son características “garantizadas”. Se trata de una ciudad moderna donde la fotografía del estado actual de las relaciones románticas refleja los problemas presentes en la mayoría de democracias avanzadas y donde los valores más conservadores no son en absoluto vinculantes. Seguramente, la elección de Londres tuvo mucho que ver con las razones por las que la serie de TV “The secret diary of a call girl”, protagonizada por una prostituta de lujo (Billie Piper), también se situó en Londres. Para hacer más intensa la forma cómo “Dates” refleja la cultura de Londres, los guionistas no dudan en incluir ciertos lugares icónicos de la ciudad dentro de las historias: las bocas de metro, las galerías de arte, los pubs… La serie respira Londres con cada detalle y lo hace con cierto estilo. De hecho, el último plano de la primera temporada revela la irrepetible vivienda de uno de los personajes que, con un estilo moderno a rabiar, se articula como homenaje desmedido y encantado por la ciudad de Londres.

Por tanto, una serie de tv de formato experimental cuya existencia se debe seguramente a la enorme receptividad existente en este momento a favor de las series de tv y que se encomienda con esmero a lo atractivo de su inquietante formato con la esperanza de que éste sea suficiente para la audiencia. Dicho formato impide además contar con grandes actores de renombre debido a la supuesta intercambiabilidad de los mismos capítulo tras capítulo, por lo que tampoco puede emplear el nombre de una gran estrella para reforzar su atractivo. Adicionalmente, el formato corto de 24 minutos fuerza a los personajes hacia la exageración un punto más de lo conveniente haciendo que la serie pierda su rigor y se distraiga con los “lastres” personales de sus personajes, aunque la cosa no llega a ser tan preocupante como en otras series como "Mixology" (su serie de televisión hermana, donde no existe ni un ápice de seriedad). Toda la serie parece justificada por el cliché que sostiene que los participantes en “citas de internet” son una troupe de lo más… llamativa. ¿Cliché o realidad?

Productor y Director de "Código Cine". Publica artículos, ensayos y reportajes de análisis y comentario fílmico en esta y otras publicaciones desde mediados de los años 90. También co-editor de "SOLARIS, Textos de cine", editorial fundada en Madrid que edita la Colección SOLARIS de libros, así como otras publicaciones de cine.

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