Los hombres de Pilar Miró

Las repeticiones de un verdadero artista dicen tanto como sus palabras más auténticas, revelan sus mayores inquietudes, aquello que palpita sin remedio al fondo de sí mismos, como un desesperado secreto que clama por ser dicho. Y a Pilar Miró le palpitaba el deseo de retratar en cada película que ella misma escribía y dirigía, es decir, en sus películas más personales, su forma más íntima de tocar, mirar, sentir y, en definitiva, AMAR, a los hombres de su vida. Puede que aquí, en sus películas, lleven nombres de personaje, ficciones del relato, pero el análisis revela la verdad encubierta en esos nombres, la fórmula tras el enigma con la que entender el modo cómo amó y fue amada, sufrió e hizo sufrir.
Escogemos los tres films más personales de Pilar Miró: “Gary Cooper que estás en los cielos“, “Hablamos esta noche” y “El pájaro de la felicidad“. Textos en los que late evidente una repetición maestra, la de Mercedes Sampietro en el lugar de su directora, dirigida en lo artístico para representar en la pantalla todas las demás repeticiones, sus “lugares comunes”, el mapa de sus inquietudes más románticas, los signos con los que cifró cuanto debía ser contado de sí misma, y que se ocultaron a las entrevistas y al cuché con el que un país la escudriñó sin remedio hasta su muerte. Lo que sigue, lejos del chisme y del cotilleo, y sin intención biográfica alguna, es el acta de sus repeticiones, sus signos más íntimos y sus retornos fantasmáticos.

Los hombres y el amor en las películas de Pilar Miró


Tres hombres, un ideal

"Gary Cooper que estás en los cielos" (Pilar Miró, 1981)Gary cooper que estás en los cielos
(1981)
La escena más crucial jamás rodada por Pilar Miró por cuanto se refiere a su relación con los hombres. Ninguna de sus películas más personales se escapa al influjo de esta escena fundamental cuyos secretos explican tanto la película que la contiene, como el resto de films escritos y dirigidos por ella, incluso con doce años de diferencia.
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El niño-Mario y la imago

"Gary Cooper que estás en los cielos" (Pilar Miró, 1981)Gary cooper que estás en los cielos
(1981)
Descubrimos a Mario, un atractivo periodista de El País con el que Andrea mantiene una relación en descomposición de dos años de duración. Sin duda, uno de los grandes nombres de esta serie de hombres, a pesar de ser uno de los más emblemáticos narcisistas de la filmografía. La sombra de este personaje alcanzaría a todos los demás.
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Bernardo

"Gary Cooper que estás en los cielos" (Pilar Miró, 1981)Gary cooper que estás en los cielos
(1981)
Bernardo y punto“, viene a escribir Pilar Miró para referirse al imborrable efecto que este hombre tendría en la vida de Andrea, y quizás, con otro nombre, en la vida de la directora. Una referencia ideal, un arquetipo casi inalcanzable, las coordenadas de aquel que con su altura labró una auténtica posición paterno-simbólica.
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Álvaro, el espejismo

"Gary Cooper que estás en los cielos" (Pilar Miró, 1981)Gary cooper que estás en los cielos
(1981)
Álvaro, uno de los actores con los que Andrea dirige una producción televisiva, señala las coordenadas más extremas de un narcisista patológico e insensible que por su conducta pareciera incluso un personaje imposible. Sin embargo, Álvaro servirá a Pilar Miró para mostrar las carencias de este estereotipo y de paso vivir un delirio.
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Julio y su madre por un día

"Gary Cooper que estás en los cielos" (Pilar Miró, 1981)Gary cooper que estás en los cielos
(1981)
Al más periférico de los hombres le reservó Pilar Miró una de sus más profundas confesiones, una autocrítica que no se brindó jamás a ningún otro de sus amantes a lo largo de su filmografía. El indefenso Julio, amante un por día, no pudo más que ser el niño para el que Andrea se elevó como la más fascinante imago primordial.
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Víctor, el esplendoroso

"Hablamos esta noche" (Pilar Miró, 1982)Hablamos esta noche
(1982)
Por su lado más visible, Víctor es un brillante y exitoso ingeniero, responsable de la inauguración de una flamante central nuclear y que aparenta ser un atractivo y competente hombre de familia. Sin embargo, el brillo de su semblante esconde siniestras carencias subjetivas de cuyos efectos nadie termina escapando a su alrededor.
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Fernando, el facsímil

"El pájaro de la felicidad" (Pilar Miró, 1993)El pájaro de la felicidad
(1993)
Concebido por Pilar Miró en la que será ya una película de madurez, el personaje de Fernando supone la reedición de otro hombre-menor: un tipo de éxito profesional, aparente galán capaz de sostener a sus seres más queridos, que esconde, sin embargo, una voluntad solo al servicio de sí mismo y de su propio placer. Un nuevo capítulo narcisista.
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Enrique

"El pájaro de la felicidad" (Pilar Miró, 1993)El pájaro de la felicidad
(1993)
El personaje de Enrique da cuenta del paso del tiempo en la vida de la directora. Se trata un personaje a la sombra de otro mayor, casi mitico, Bernardo, aunque construido con la inestimable textura de la vida, la complejidad de una existencia real que desorienta y fragmenta nuestro deseo. Aun con todo, un auténtico padre que no se hundió.
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Eduardo, el desertor

"El pájaro de la felicidad" (Pilar Miró, 1993)El pájaro de la felicidad
(1993)
Aunque construido por la directora como un personaje aparentemente potente, llamado a dar la réplica a un personaje complejo y aguerrido como el de Carmen, Eduardo (José Sacristán) termina ostentando, junto con el paroxismo de Álvaro, una posición egoísta e individualista como se encuentran pocas en cualquiera de los otros films.
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