Los hombres de Pilar Miró: Víctor, el esplendoroso

En “Hablamos esta noche” (1982), el foco de atención principal sustituye a una mujer, como lo había sido Andrea en la anterior “Gary Cooper que estás en los cielos” (1981), por un hombre, Víctor, que se convierte en el protagonista indiscutible del relato. En realidad, en Código Cine ya analizamos el film prestando máxima atención al personaje de Víctor, pero aquí nos proponemos atender a su personaje por el lugar que ocupa en esa serie que serán “los hombres de Pilar Miró” en sus tres films más personales. Dicho de otra manera, por qué necesitó Pilar Miró construir un personaje como este y qué aportaba a la serie de hombres en la se integró con pleno derecho.

Por tanto, no analizaremos aquí el film “Hablamos esta noche” (análisis disponible bajo el título Hablamos esta noche” de Pilar Miró: De la quiebra del semblante al aprendizaje de la angustia), sino que haremos un resumen de las claves principales del personaje de Víctor con especial atención a su relación con Julia. ¿Por qué Julia? Porque es el personaje interpretado por Mercedes Sampietro, el alter-ego de Pilar Miró en el plano del relato que nos devolverá lugares comunes que no nos costará reconocer y poner en relación con el resto de sus films, apuntando al propio autoanálisis de Pilar Miró, sus inquietudes y sus repeticiones.

"Hablamos esta noche" (Pilar Miró, 1982)

A Víctor le hemos etiquetado “el esplendoroso”, aunque “il trovatore” podría ser un mejor apelativo puesto que ese podría haber sido el elegido por Pilar Miró, como parece apuntar el hecho de que el film incorpora de algún modo en su interior la presencia de la ópera “Il trovatore” de Verdi, y seguro que no por casualidad. Nuestro trovador es un atractivo hombre de éxito profesional que dirige la construcción y puesta en funcionamiento de una nueva central nuclear construida en España a comienzos de la democracia. Es… el hombre al cargo, elegido por sus máximos responsables políticos por transmitir la confianza de que las instalaciones estarán en funcionamiento en la fecha prevista. Y es que esa, la cuestión de la confianza, es clave para la construcción del personaje de Víctor, pues nadie como él sabe colocarse en la posición más alta, sujetar el cetro y transmitir la confianza. Sin embargo, aunque Víctor sabe devolver el semblante más esplendoroso, como sus éxitos profesionales, esconde en su corazón un reverso oscuro lleno de incapacidades y carencias.

Y es que, según se nos permite saber mediante el resto de mujeres con las que Víctor se relaciona o se ha relacionado, Víctor hace valer como nadie su más perfecto semblante seductor, el del hombre de éxito capaz de hacerse cargo de todo por los demás. Así es cómo se nos da a ver cuando llega a su vida la jovencísima y preciosa Clara (Amparo Muñoz)…

"Hablamos esta noche" (Pilar Miró, 1982)

…para la que Víctor despliega su más potente faceta de seductor, y con quien comienza una tórrida aventura al margen de Julia, su pareja.

"Hablamos esta noche" (Pilar Miró, 1982)

Víctor está acostumbrado a ser el más deseado, el más exitoso, a sentir que él es todo lo que los demás pueden desear, a confiar en que su presencia ilumine y sea suficiente para satisfacer a quienes le rodean. Sin embargo, semejante ejercicio de autoconfianza responde a una lógica narcisista que esconde, al mismo tiempo, una gran cantidad de incapacidades. O mejor, para escapar de ellas en una huida hacia adelante en busca de la próxima mujer ante la que brillar con luz propia, sabedor de que siempre llega un momento en que la caída del semblante deja a la luz sus carencias más flagrantes. Mientras, como el niño que en el fondo es, disfruta de cuanto dicho semblante maravilloso le proporciona:

"Hablamos esta noche" (Pilar Miró, 1982)

Y por cierto, sintiéndose verdaderamente un niño fascinado por una belleza enorme a la que admirar:

"Hablamos esta noche" (Pilar Miró, 1982)

¿Y dónde es, en “Hablamos esta noche”, que vemos el descubrimiento de las incapacidades de Víctor? Sin duda, con Julia, la mujer que le amó, que lo esperó todo de él y a quien terminó decepcionando como antes a todos los demás. Ella ya sabe de su esplendoroso semblante, de su luminosa capacidad para seducir a todos y para transmitir una confianza sin respaldo interior.

"Hablamos esta noche" (Pilar Miró, 1982)

Julia: Estoy harta. Si no merezco tu confianza, ¿qué mierda significo en tu vida?
Víctor: Sabes perfectamente que hay asuntos privados sobre los que no me gusta hablar.
Julia: Mentira, te encanta. Siempre que puedas dar con ellos una imagen maravillosa de ti mismo.

Como venimos defendiendo, Mercedes Sampietro suele representar la posición de Pilar Miró en el relato y no deja de ser interesante que es a su personaje, a Julia, a quien Miró le reserva la línea de guión más esclarecedora de todo el film: “Siempre que puedas dar […] una imagen maravillosa de ti mismo”, con la que todo él cobra sentido y con la que el personaje de Víctor queda radiografiado a la perfección. Esas palabras podría haberlas pronunciado el personaje de Mª Rosa, pareja anterior de Víctor, pero fueron reservadas para el personaje con el que Miró parece jugar algo de una venganza, como si fuera ella la que deseaba levantar acta de que Víctor, simplemente, no está a la altura de su promesa. En realidad, a ninguna altura; es decir, que nada de él responde ni a la expectativa que él prefigura, ni a la altura de una posición masculina en pos de un padre-simbólico.

El hecho de que sea Julia, cuasi Pilar Miró, quien rebaje la altura de Víctor, nos remite al modo cómo Andrea, en “Gary Cooper que estás en los cielos”, había rebajado a Mario en su escena con Julio:

"Hablamos esta noche" (Pilar Miró, 1982)

Andrea: Mario necesita una mujer que se ocupe constantemente de él. No me necesita a mí, no tolera cómo soy. No le interesa nada de lo que a mí me preocupa. Está acostumbrado a ser el centro.

Está acostumbrado a ser el centro”, dice aquí otro personaje de Mercedes Sampietro, quejándose del narcisismo de un hombre al que eligió para amar, que conecta con precisión geométrica con la queja de Julia a Víctor en “Hablamos esta noche”. Misma actriz, misma queja, misma geometría del deseo y de la expectativa, un lugar común que juega una profunda repetición cuya grave resonancia parece alcanzar a la subjetividad misma de Pilar Miró. Parece que Mercedes Sampietro sigue sirviendo a Miró para levantar acta de lo que los hombres elegidos NO son, pero deberían.

Pero volvamos a nuestra escena en “Hablamos esta noche”:

"Hablamos esta noche" (Pilar Miró, 1982)

Víctor: Julia, gracias por tu comprensión. – le dice irónico Víctor a Andrea, reprochándole lo que para él es una falta de empatía:
Julia: Podrías haberla buscado, pero has vuelto a perder la oportunidad.

Ese “gracias por tu comprensión” que Víctor le espeta a Julia en medio de la discusión y que es una frase irónica con la que le reprocha precisamente que no le comprenda, nos remite a otra demanda similar en “Gary Cooper que estás en los cielos” por boca de Mario, el personaje que, de nuevo, encuentra su conexión con Víctor:

"Gary Cooper que estás en los cielos" (Pilar Miró, 1981)

“Gary Cooper que estás en los cielos” (Pilar Miró, 1981)

Mario: Te quedas embarazada y decides que vas a tener ese hijo. Lo decides tú sola. Incluso, haces gala de tu decisión como si yo no tuviera nada que ver con él, como si yo no fuera más que un inseminador elegido después de un sondeo, parece una broma. O como si estuviéramos ahora en el exacto, en el justo momento de fundar una familia. Y ahora, por lo visto, cambias de opinión otra vez. ¡Por tu cuenta, claro!
Andrea: ¿No es lo que tú querías?
Mario: ¡Nunca entenderás nada de nada!

Nunca entenderás nada de nada”, que suena a “No me entiendes”, y que viene a significar algo muy próximo a aquel irónico “Gracias por tu comprensión”, es decir, “por tu incomprensión”. Así, Mario y Víctor coinciden en una reclamación por ser comprendidos, pero no tanto por defender una visión paternal frente al personaje (dos veces) interpretado por Sampietro, sino por defender, en ambos casos, el espacio de su propio deseo. Nada tan propio de aquel que espera que el mundo se pliegue a sus deseos, que considerarse incomprendido cuando este, simplemente, no lo hace.

Existe otro inquietante punto de conexión entre ambos personajes que refleja algo de una repetición muy personal, una cuyo sabor revela casi adyacencia con lo que podemos saber aquí de la propia Pilar Miró. Algo de sus repeticiones, de sus “encuentros fallidos” que tienden a reeditarse, al menos en su cine, y que cobra la forma de una mujer que despliega, para el hombre al que da la oportunidad de ser amado, la oportunidad de ser ese hombre que ella espera, pero normalmente solo para demostrar que no puede serlo. Es con arreglo a esta lógica que pueden concebirse dos escenas que, cada una en un film distinto, parecen mirarse mutuamente. Ciertamente, no lo hacen desde el plano explícito de la superficie textual del film, pero quizás sí desde un plano más profundo del que podríamos imaginar que proviene la energía para rodarlas.

Se trata, por un lado, de la escena entre Mario y Andrea en el coche, en “Gary Cooper que estás en los cielos”:

"Gary Cooper que estás en los cielos" (Pilar Miró, 1981)

Mario: Me siento solo. Sin… sin afecto, sin apoyo. Son innumerables las veces que me acerco a ti buscando todo eso. Apenas necesitaría un roce de tu mano, Andrea. Pero una vez y otra, te niegas a la más mínima muestra de proximidad. Desde luego tienes algo positivo, no intentas traicionarte. Ni siquiera apuntas un gesto ambiguo. No te importa lo que yo sienta, tú directamente y sin dudarlo, me rechazas.
Andrea: ¿Y nunca te has preguntado por qué?
Mario: Eso lo sabré cuando lo haya… analizado. Si como tú dices, esto es un fracaso, intentaré sobrevivir.
Andrea: ¿Y si yo no pudiera sobrevivir?
Mario: ¿Tú? No me hagas reír, por favor. Tú puedes prescindir del aire que respiras, y desde luego de mí. Te has dedicado a demostrármelo durante dos años.
Andrea: ¿Por qué estás tan seguro de haber equivocado?

Aislemos las preguntas de Andrea: Por un lado, “¿Y nunca te has preguntado por qué?”, cuestión con la que Andrea parece proponer a Mario identificar lo que hasta ahora no ha puesto en juego, algo que ella espera, y que podría abrir la puerta de su cariño. Por otro lado, “¿Por qué estás tan seguro de haberte equivocado?”, pregunta con la que trata de hacerle saber que, al contrario de lo que él dice pensar sobre ella, es una mujer vulnerable y profundamente necesitada. Si a esto sumamos su siguiente pregunta:

Andrea: ¿Crees que puedo hacer algo por entender o es tarde?

… y el gesto de cogerle la mano sobre la palanca de cambios (por cierto, justo el “gesto ambiguo” que Mario decía que Andrea nunca hacía por él), localizamos a una mujer que no hace otra cosa que ofrecer un camino, una oportunidad para que él muestre su deseo y con él la posición que ella conlleva en todos los sentidos. Que Mario rechace el gesto de la mano de Julia sobre la suya no es por el resentimiento que dice sentir en la misma escena, sino porque aceptar ese cariño conlleva para él asumir el resto de responsabilidades de la posición paternal en la que no desea verse.

Por otro lado, la escena de la cena entre Víctor y Julia en “Hablamos esta noche”:

"Hablamos esta noche" (Pilar Miró, 1982)

Julia: He vuelto a recibir carta de Fano.
Víctor: ¿De quién?
Julia: Fano, Italia. El laboratorio de biología marina que me ofreció trabajo.
Víctor: Primera noticia.
Julia: Pero Víctor, te lo conté.
Víctor: Debo estar perdiendo las neuronas. ¿Vas a aceptar?
Julia: Pues… es bastante tentador. En un país como el nuestro donde no existe la investigación… Nuestro futuro no puede ser más negro.
Víctor: Entonces vas a aceptar.
Julia: No sé todavía. Quiero pensarlo… [suspira] y hablarlo contigo.

Ese suspiro antes de la frase “y hablarlo contigo” vale por un “gesto ambiguo”, una muestra de cariño, el umbral de un espacio de comprensión que Julia pone en juego pero del que Víctor no quiere saber, pues supondría asumir una posición respecto a ella y las renuncias que ello conlleva (no olvidemos a su amante, Clara). Todo lo que Julia desea es el deseo de Víctor, que él lo muestre, al menos haciéndole saber que no quiere que se marche a Italia. Sin embargo, Víctor fracasa ante Julia al decir:

Julia: No sé todavía. Quiero pensarlo… [suspira] y hablarlo contigo.
Víctor: Es tu carrera. No seré yo quien te lo impida.

En ambos casos, una escena íntima entre un hombre y una mujer, cuya relación atraviesa un mal momento, y en la que ella, sin pronunciar las palabras explícitas, no hace otra cosa que esperar sentir su deseo, y la responsabilidad que le acompaña. Tanto Andrea primero, como Julia después, han elegido a hombres-niño preocupados de sí mismos, ansiosos por ser situados en el centro de la mirada de ella, y disgustados por sentir que no lo son, por ver que ella se siente insatisfecha.

Atendemos a una nueva conexión entre los dos personajes: Mario y Víctor son infieles a los personajes interpretados por Sampietro:

"Gary Cooper que estás en los cielos" y "Hablamos esta noche" de Pilar Miró

Y, por cierto, en ambos casos descubierta por los personajes de Sampietro pues, si en “Gary Cooper que estás en los cielos”, el personaje de Andrea le sigue con el coche hasta verle entrar abrazado a Marisa, en “Hablamos esta noche” así lo insinúa Julia:

Julia: Estoy harta de tus mentiras.
Víctor: ¿No quedamos en que habías superado tu extraña etapa de celos?
Julia: No te salgas por la tangente. No estoy hablando de esa tal… Clara, o como se llame.
Víctor: ¡Y dices que no son celos!

En definitiva, y empleando la nomenclatura de “Gary Cooper que estás en los cielos”, pareciera que el personaje de Víctor es un Mario con deseo de pasar por Bernardo, es decir, como si adoptara las formas de una posición paterno-simbólica y se postulara como garante de todos, pero sin la altura interior para representar ese papel, para ocuparlo plenamente. Lo atildado de su aspecto le emparenta más con Mario, que con Bernardo

"Gary Cooper que estás en los cielos" y "Hablamos esta noche" de Pilar Miró

Pero lo cierto es que en el delirio al que alcanza su impostura, Víctor sí que funda esa familia de la que Mario no quería saber nada, aunque no tanto con la intención de sacarla adelante por medio de su propio sacrificio, sino como una oportunidad de sumar un nuevo brillo, uno más de sus propios éxitos, y continuar viviendo la fantasía de comparecer como su garante. En otras palabras, Víctor es el valiente impostor que Mario no se atrevió a ser para seguir viviendo su delirio narcisista. Y, por tanto, aún podríamos decir que Víctor es la forma cómo Pilar Miró arguye que ese déficit subjetivo que ella denuncia se encuentra también incluso entre aquellos que parecen haber triunfado y haber formado una familia. Es decir, que no todos los que parecen ser Bernardo con más éxito que él mismo, tienen, en realidad, ese ingrediente necesario, sino que puede ser apenas una esplendorosa fachada.

Análisis textual y detallado del personaje de Víctor disponible en: Hablamos esta noche” de Pilar Miró: De la quiebra del semblante al aprendizaje de la angustia.



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