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La “mirilla” humana y moral de Kieslowski en "El Aficionado" (1979) como ejercicio reflexivo para el espectador

Contexto

Encontramos el concepto de la “mirilla” como ese visor clandestino que nos permite observar desde el anonimato, es el vehículo que nos da la opción de contemplar aquello externo sin formar parte del hecho en sí, pero pudiendo opinar de aquello observado. Además, esta característica anónima que permite la mirilla crea la posibilidad de contemplar aquello que debería permanecer oculto.

Se crea así una relación imaginaria entre el observador y el objeto observado, un canal de comunicación entre las dos partes que crea un estado de contemplación y reflexión. Si lo aplicamos, como es nuestro caso, en el plano cinematográfico cobra un sentido más firme y lógico, dado que será el director —Kieslowski— quien ejerce este derecho de observar sobre aquello que filma. Pero en su obra, El Aficionado (Amator, 1979), va más allá extrapolando este ejercicio en su propio protagonista.

A su vez esta pieza cinematográfica por el contexto histórico en el cual se inscribe, su director y su creación, coincide con el momento político protagonizado por la Unión Soviética. Este movimiento consideraba el arte cinematográfico como un elemento comunicativo efectivo, capaz de crear un vínculo entre la esfera política y el pueblo, es decir, con los ciudadanos. Veían así el séptimo arte como una oportunidad a través de la cual podían transmitir un mensaje, unas ideas, una concepción concreta, etc.

Es característico el contexto que muestra Kieslowski en su obra porque muestra su propio tiempo y con frecuencia trata sus filmaciones con un carácter documental, mostrando en sus cintas la Polonia comunista y postcomunista, el presente que él mismo vivió. El Aficionado ya muestra un paso hacia ese documentalismo, hacia una introspección más profunda de las personas, mostrando así una preocupación por la evolución psicológica de sus personajes, por lo que ciertos críticos le han nombrado el documentalista del alma[1]. De esta forma su narración toma una perspectiva casi poética sobre sus personajes y sus experiencias, retratando los sentimientos y emociones de estos en cada momento.

Azar

Filip Mosz, quien da vida al personaje principal de la película polaca, resulta ser un trabajador que por casualidad o por azar da con una cámara de vídeo con la que quiere grabar el nacimiento de su primera hija. De hecho vemos en los primeros minutos del film como va al hospital a grabar las primeras escenas de su hija, con la clara intención de captar esas imágenes, de congelarlas para que así duren en la posteridad, las roba del presente para tenerlas siempre en un futuro. Pero este hecho no es más que el trampolín hacia la práctica de la grabación que acabará convirtiéndose en su verdadero trabajo.

Este componente casual o de azar no lo es para el verdadero director, Kieslowski. De hecho es un tema que siempre trata en su obra y al cual le da una dimensión individual en sus narraciones, siendo el detonante de ciertos actos o acciones. De esta forma el azar se convierte en un elemento clave dentro de la trama y de la vida de los personajes, como en el caso del señor Mosz quien gracias a un hecho casual acaba teniendo la oportunidad de dirigir una película, participando en festivales y saliendo galardonado de ellos, siendo esto el inicio de una nueva vida para él.

Vemos así como, en palabras de Walter Benjamin[2], la producción de la obra de arte se inicia con ciertas imágenes que están al servicio de la magia, es decir, con visiones de la realidad que es incontrolable, podríamos decir que responde al azar propuesto por Kieslowski. Sin embargo, sea azar o ingobernabilidad, estas imágenes y acciones por el simple hecho de existir y de darse en un espacio y tiempo ya permiten el acto de ser vistas, observadas, analizadas y susceptibles de ser captadas y transformadas en obra artística.

Como decíamos es gracias a esta magia, a esa realidad ingobernable, que el señor Mosz es capaz de dar un vuelco a su vida, iniciando su nueva etapa como director de cine, con todo lo que ello le conllevará.

Sin embargo, su obra no es aleatoria, vemos cómo toma su nuevo camino como una práctica seria y comienza a informarse y formarse al respecto, con lecturas específicas, nuevas relaciones y amistades que le acercan al mundo de la grabación académica. Así, en su casa comienza a grabar escenas domésticas pero con cierto preparado o bien una aleatoriedad dotada de una visión artística.

La realidad

Destaca cómo esta nueva práctica, que ya casi es una obsesión para el señor Mosz, le afecta en todo momento en su vida. Por ejemplo, le vemos viajando en tren y con sus manos dibuja lo que sería el plano de la cámara e imagina cómo quedaría esa realidad plasmada a través de su cámara. Igualmente le vemos hacer este gesto mirando por el balcón de su apartamento, en un acto nostálgico del mirar encuadrando el paisaje de su barrio. Vemos como es una inquietud presente y condicionante en la vida diaria de nuestro protagonista, quien practica una observación constante de las cosas que le rodean.

Este hecho lo vemos representado incluso cuando la mujer lo abandona, cuando ella está recogiendo sus cosas para irse de casa, él hace el gesto con sus manos simulando el plano de la cámara de cine. Vemos cómo él ve la estética de la imagen y de los hechos incluso en las escenas más dramáticas, cómo ve la poesía en la vida misma.

Este hecho lo vemos representado incluso cuando la mujer lo abandona, cuando ella está recogiendo sus cosas para irse de casa, él hace el gesto con sus manos simulando el plano de la cámara de cine. Vemos cómo él ve la estética de la imagen y de los hechos incluso en las escenas más dramáticas, cómo ve la poesía en la vida misma.

Su nueva amistad, el director de cine Zanussi, le explica cómo él con su obra pretende “ayudar a la sociedad con las películas”, ya sea mediante la observación, el análisis o la reflexión de aquello que muestra en sus filmaciones.

Valoran el séptimo arte como una herramienta social, como un filtro sensible el cual mediante una mirada contemplativa permite al espectador hacer una reflexión de la vida misma. Sin embargo, Mosz, no se considera artista ni quiere ser reconocido como tal, él —como el propio Kieslowski en un primer momento— prefiere ser considerado un documentalista, alguien que muestra aquello que ya existe de por sí. De hecho este es su primer trabajo dentro del mundo de la grabación, se dedica a grabar documentales para la televisión y así defiende su idea de que el medio natural puede convertirse en público.

En una de sus presentaciones, el jefe de cultura lo reconoce en su trabajo diciéndole que ve cómo ha surgido algo nuevo en él y en su obra, como ahora es un hombre sensible, en el sentido contemplativo. Es decir, ahora Mosz se ve afectado de forma directa y emocional por la vida y realidad que le rodea, por todos los hechos casuales que le acontecen.

Esta tez documentalista se sustentaría en la búsqueda de la esencia, de la autenticidad postulada por Walter Benjamin[3]. Esa autenticidad defiende que es la quintaesencia de todo objeto o momento, aquello que puede ser transmitido y que define el hecho o objeto en sí. Vemos como el protagonista, Mosz, pretende captar esta esencia de las cosas, de los hechos que vive, de la vida, a través de su cámara. Busca y observa en detalle cada escena de su experiencia intentando encontrar su esencia y así captarla para la posteridad.

Censura

En torno al debate de las imágenes filmadas, es decir aquello susceptible de ser convertido en película y en obra de arte, surge también el factor de la censura. En el caso de nuestro protagonista, Filip Mosz, la padece de su jefe en la empresa, quien le encarga y subvenciona su trabajo, e intenta guiar con sus gustos y preferencias el trabajo del joven director.

Se le censura en un primer momento imágenes de su primer encargo, donde graba escenas de la fiesta de la empresa en la que trabaja. En este caso además de los bailes y la propia fiesta, Mosz decide grabar el momento en que cobran los bailarines y camareros, es decir escenas intrínsecas del hecho pero que, a juicio del jefe, no deberían aparecer en la grabación por ser vulgares.

En el segundo encargo para la empresa, donde debe filmar a sus trabajadores y jornadas, se encuentra con diversas restricciones. En un primer momento, durante la filmación le recriminan por qué graba a ciertos trabajadores en la puerta del aseo, en los pasillos, y le achacan que se excede en los límites de la intimidad de los propios trabajadores, mientras él defiende que graba simplemente aquello que acontece en la empresa. Este encargo, además, cuando lo visiona el jefe y ve que ha grabado a un trabajador que tiene una discapacidad, también se lo recrimina diciendo que ese vídeo parece una mofa. Mientras, Mosz defiende que él se limita a grabar la realidad de lo que vive, todo aquello que sucede en la empresa tal y como se le presenta. Cabe decir que su amigo y director Zanussi le justifica igualmente estas imágenes afirmando que es la realidad que viven y como tal es susceptible de ser grabada.

También veríamos un atisbo de censura en su hogar, cuando su mujer ya cansada, angustiada e incómoda por la presencia de la cámara, le pide que pare de grabar. Un ejemplo sería cuando Filip está grabando a su pequeña y esta se resbala, empezando a llorar y él prefiere grabar ese hecho casual, la evolución de la acción mientras la mujer le pide que cese la grabación para auxiliar a la bebé.

Exposición al público

Estas piezas creadas como arte adquieren su función artística en el acto de su exposición, cuando estas se muestran a un público que las contempla, en nuestro caso el público y espectador de la película. Será esta gente que contempla las imágenes moldeadas y manipuladas, analizándolas desde un sentido crítico, quien les acabe dando un sentido y una interpretación.

Esta idea también queda reflejada en la obra de Benjamin quien dice: “El cine sirve para ejercitar al ser humano en aquellas percepciones y reacciones que están condicionadas por el trato con un sistema de aparatos cuya importancia en su vida crece día a día”[4]. Se enfrenta en un primer momento a la gente con las imágenes, las cuales a su vez son su propia realidad, y que ahora tienen la oportunidad de ver gracias a las técnicas artísticas y herramientas que hacen posible esta exposición.

Es interesante el concepto de público en el mundo cinematográfico dado que la opinión individual de cada espectador crea la conocida “crítica”, la opinión común o generalizada con motivo de un film concreto la cual es determinante para el futuro del mismo —dependiendo de si es una buena crítica o no—. De esta forma es en el séptimo arte donde el espectador verdaderamente forma parte de la obra, es tocado directamente durante la proyección, vive la experiencia a lo largo de toda la obra y finalmente la juzga, dando su punto de vista y consolidando así el proceso artístico de la película y su vivencia como espectador.

Es muy interesante además esta exposición de la obra de Kieslowski porque para él el público era una pieza clave dentro de la misma producción. Él grababa y trabajaba teniendo presente siempre este acto de presentación y recepción por parte de los espectadores, quienes —como comentábamos— con su interpretación cerrarán el acto cinematográfico. Además la obra del polaco da lugar a múltiples interpretaciones, todas ellas válidas, no cierra con un final definitivo sino que da vía libre para que el público pueda culminar la obra a su juicio. Así consigue hablar directamente y conectar con cada uno de sus espectadores de forma individual.

Además, todo y ser un acto de actuación ficticio, debemos tener en cuenta que las acciones se llevan a cabo en el momento justo en que fueron grabadas. Somos los espectadores quienes en el acto del visionado las revivimos dotándolas a su vez de sentido.

Inquietud moral

A la obra de Krzysztof Kieslowski, la crítica le otorga también el concepto de que es un cine que muestra la inquietud moral, siendo El Aficionado una de sus piezas maestras dentro de este estilo narrativo. Además, el director polaco lo que pretende con su obra es entrar en el interior del hombre, tratar sus inquietudes, sus problemas personales, emociones…

Esta característica la vemos representada por una parte con Filip Mosz, quien desde una inquietud personal se lanza a cambiar su vida profesional y personal. Este cambio que decide tomar en su trayectoria afecta consecuentemente a toda su vida, a su trabajo, a su relación familiar, su estado personal, etc. Vemos cómo decide sumergirse en ese nuevo camino, esa nueva aventura personal sin saber a dónde le llevará propiamente y dejando en manos del azar todo lo que le pueda pasar.

Por otro lado, la mujer de Mosz y madre de su hija, también tiene un gran papel dentro del concepto de la inquietud moral. Ella vive de forma directa el cambio de rumbo de su marido y se ve afectada por este en diversos momentos y factores de su vida y desde un primer momento empieza a mostrar su angustia al respecto, su descontento e incluso rabia —como vemos en la escena en que rompe un espejo de la casa en un acto de enfurecimiento—. Además ella se enfrenta a este nuevo rumbo de vida sin preaviso, el azar le presenta esta nueva afición de su marido y tiene que asumirla, con todo lo que conlleva y afecta en su día a día. Frente a esto ella se niega y prefiere romper su relación, hecho que sorprende a nuestro protagonista quien queda desolado.

De esta forma encontramos como es el mismo acto de vivir el que trae ese azar y casualidad, en el transcurso de la vivencia, en el sumar experiencias y las decisiones que se toman a lo largo del camino son las que verdaderamente dictan aquello que nos pasa como personas y lo que les pasa a nuestros protagonistas en sus vidas. Es entonces cuando surge la inquietud moral, el saber si se ha acertado, si se ha respondido correctamente frente al azar que se ha presentado.

A Kieslowski le preocupa captar tanto el mundo banal como la belleza que en él habita. La cotidianidad, lo feo, lo brusco acompañado de la belleza de cada acto individual y conjunto. Su papel como director era hacerse una serie de preguntas y grabar la esencia de estas incógnitas sin dar propiamente una respuesta, porque Kieslowski no las conoce tampoco. Presenta así problemas cotidianos, problemas morales, a través de los personajes pero que en su mayoría quedan sin resolver, dando vía libre a la interpretación del espectador.

El giro final

Cuando llegamos al final de la filmación, encontramos que la vida de nuestro protagonista ha cambiado radicalmente. Quien en un primer momento tenía trabajo estable, una mujer con la que tenía una relación feliz, una hija recién nacida, etc., se encuentra ahora solo en su apartamento, enfrentado a su propia vida laboral y personal, solo con su cámara. Tal y como afirmó Kieslowski, “la gente se muestra fuerte lo que les lleva a una profunda soledad”[5], Mosz en su firme convicción de escoger ser director de cine ha acabado solo con su nueva labor.

La escena final resulta sorprendente por la potencia que aguarda, creando un resumen perfecto de todo lo que hemos visto en el film a la vez que gira el papel del propio protagonista. Kieslowski culmina su obra de forma que Filip Mosz, el personaje principal y el aficionado a director de cine, gira su cámara hacia él, pasando en este acto a convertirse en el objeto filmado, el objeto observable, analizable, vulnerable.

Al convertirse él en el objeto expuesto, empieza a relatar su historia, así comienza con el nacimiento de su hija y poco a poco desarrolla el cómo y por qué empezó todo, como llegó a iniciar su carrera dentro del mundo de la grabación, como esta acaba convirtiéndose en una obra cinematográfica, en definitiva como llegó a convertirse en creador.

Es especialmente curioso como crea su relato desde la propia grabación, en este caso desde la autograbación, desde la introspección, girando el objetivo hacía el, “apuntándose”, autocuestionándose. 

Conclusiones

Hemos visto como el hecho de observar nos convierte en jueces, como ese acto cobra un sentido elevado cuando se hace con una lógica completa del hecho de mirar, de contemplar, de analizar.

El caso de El Aficionado de Kieslowski es un ejemplo magnífico de lo que puede conllevar el hecho de observar. Filip Mosz acaba obsesionado con esta práctica, analizando cada acción que tiene lugar en su vida, buscando esa esencia de las cosas para así captarla y congelarla gracias a su cámara. Este artefacto de grabación que a su vez hace de mirilla a través de la cual él capta el mundo, su realidad, su vida.

Será en la exposición de su producción fílmica, en la pantalla, cuando el público tenga la oportunidad de mirar por esa mirilla que, Mosz, con su estilo propio, ha creado. Y nosotros como espectadores miramos a través de la mirilla o filtro de Kieslowski, vemos aquello que él nos quiso hacer ver, aquello en lo que quería que reflexionáramos: ¿Los estándares sociales de la familia? ¿El trabajo como fuente de estabilidad? ¿La ruptura con toda rutina en busca de un nuevo objetivo? ¿La ruptura y descomposición familiar? ¿La mala concepción del “artista”? ¿La soledad del individuo?

Es interesante el ejercicio de reflexión e introspección que permite el acto de observar, porque en ese momento en que nos creemos jueces, en que analizamos unos hechos, unas imágenes, que nos son expuestas a su vez nos estamos cuestionando a nosotros mismos. Comparamos actos o visiones que vemos y analizamos —casi inconscientemente— con nuestra propia experiencia, con nuestra vivencia y sensaciones. De esta forma se crea el verdadero acto de comunión entre la pieza —la película en este caso— y el público, los espectadores, haciendo una obra de arte total teniendo en cuenta todos los componentes que de ella participan: director, actores, cámara, público.

Sin duda un clásico polaco, que todo y ser datado del año 1979 Krzysztof Kieslowski consigue consagrarse como atemporal por las cuestiones personales y emocionales que en el film se plasman. Es gracias a la mirilla humana y moral que utiliza y aplica en El Aficionado que no deja indiferente al espectador del 2021.

Notas

[1] “Dias de cine: Krysztof Kieslowski”. Recuperado de YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=xSMh6aLpDkM

[2] Benjamin, W. (ed. 2003) La obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica. México: ITACA [Pág. 52]

[3] Ídem 42.

[4] Ídem 56.

[5] Opus cit. “Dias de cine: Krzysztof Kieslowski”.

Referencias bibliográficas:

Benjamin, W. (ed. 2003) La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. México: ITACA

“Días de cine: Krysztof Kieslowski”. Recuperado de YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=xSMh6aLpDkM 

“Introducción a EL AFICIONADO - Filmoteca de Sant Joan d´Alacant - ENE. 2021.” Recuperado de YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=8YZmfW3zGL4

Historiadora del arte y fiel seguidora del arte en pantalla. Encaprichada del mundo humanístico en todas sus formas y expresiones. De vez en cuando escribo para compartir con el mundo mis planteamientos e inquietudes.

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La “mirilla” humana y moral de Kieslowski en "El Aficionado" (1979) como ejercicio reflexivo para el espectador
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