“Hablamos esta noche”: Julia, la manzana de ayer

Julia, la nueva pareja de Víctor, aparece como una más de sus víctimas. Cabe situar en algún punto anterior al comienzo del relato, un momento en el que ella se enamoró del perfecto semblante de Víctor, un hombre atractivo y de éxito del que parece posible esperar el más perfecto amante. Sin embargo, en el más perfecto amante cabe esperar también la presencia de un deseo y un compromiso de los que hace tiempo que Julia no tiene noticia. Julia aparece como una mujer en demanda del deseo de él, esperando detectar nuevamente la presencia de ese deseo como la razón para no abandonarle, y así procura generar las situaciones correspondientes para azuzar a su deseo:

"Hablamos esta noche" (Pilar Miró, 1982)

Julia: He vuelto a recibir carta de Fano.
Víctor: ¿De quién?
Julia: Fano, Italia. El laboratorio de biología marina que me ofreció trabajo.
Víctor: Primera noticia.
Julia. Víctor, te lo conté.
Víctor: Debo estar perdiendo las neuronas. ¿Vas a aceptar?

Así sucede, por ejemplo, en esta escena en la que Julia lanza a Víctor una alerta suficiente para que él sepa que, en este momento, no es suficiente para ella. Que su deseo no es suficiente. No en vano, Víctor ni siquiera deja de cenar, ni la mira con preocupación, mientras ella le cuenta sobre la llegada de esta oportunidad profesional que puede suponer su partida, es decir, una importante separación que podría dar con el final de su relación. Lo que Julia está reclamando de Víctor es su deseo, es decir, saber de él para poder compensar las razones puramente racionales que la empujan a abandonar España:

Julia: Pues… es bastante tentador. En un país como el nuestro donde no existe la investigación… Nuestro futuro no puede ser más negro.
Víctor: Entonces vas a aceptar.

Víctor parece tener más interés en presentar su capacidad para adivinar la decisión de Julia que en intervenir en la ecuación para que su deseo por ella impida su marcha, que es, en el fondo, lo que ella desea a toda costa.

Julia: No sé todavía. Quiero pensarlo. [suspiro] Y hablarlo contigo.
Víctor: Es tu carrera, no seré yo quien te lo impida.

Víctor percibe la posibilidad de terminar compareciendo como un obstáculo para Julia como una rebaja para sí mismo, como si él fuera un lastre para ella, en lugar del atildado capitán capaz de hacerse cargo del éxito de cuantos le rodean. Por esta razón, finge estar dispuesto a aceptar cualquier consecuencia que siga a la decisión de Julia, haciendo así valer de nuevo su más autónomo semblante, alineando su conducta con un imaginario punto intermedio entre la posición del “Nada necesito” y la del “renunciaré a lo que haga falta por tu felicidad, incluso a ti”.

Sin embargo, la pulcritud en el respeto que él manifiesta por la decisión de ella es, precisamente, lo que más la exaspera y la decepciona a ella. Julia no quiere que él respete su deseo, sino ser desesperadamente el objeto de deseo de él, cosa que… simplemente, no sucede. Él, siempre comprometido con ser perfecto, y habitualmente capaz de hacer lo que haga falta para conseguir lo que desea, decide disfrazar su carencia de deseo para que parezca que respeta su libertad de decisión. Es incapaz de afrontar el hecho de que él mismo tiene sus propias incoherencias, que su deseo ya no está presente en esa relación con Julia y que lo que cabe hacer es asumir el fracaso. ¡Tamaña tarea esa para él!, precisamente, ¡reconocer el error!

Ella, solo puede levantar acta con su rostro de esa ausencia de deseo:

"Hablamos esta noche" (Pilar Miró, 1982)

Responde en silencio con un gesto de lástima con el que le acaricia a él, pero con el que se duele ella misma más por su propia tragedia que por el reproche que podría corresponder.

Julia: ¿No tienes miedo de una separación?
Víctor: Yo estoy seguro de mis sentimientos, ¿tú no?
Julia: No me gusta dar nada por sentado.

Ante la reclamación cada vez más expresa de Julia, la reclamación por el deseo de él, Víctor articula su fórmula habitual: Ser perfecto. Sin embargo, el coste de la perfección es renunciar a la vulnerabilidad, la incompletud de donde puede surgir el deseo, y más importante, la grieta de uno en la que puede instalarse el otro y con la que puede identificarse en tanto que ser, igualmente, incompleto. La afrenta de perfección que articula Víctor, discurso del perfecto garante, se levanta como un frío muro junto al que nadie podría acurrucarse como ser deseante, que es lo que Julia necesita hacer desesperadamente. Así es cómo Víctor miente, con la cabeza alta, con su semblante bien dispuesto, con su discurso habitual de firmeza y seguridad que, en esta ocasión, sin embargo, esconde la necesidad y la oportunidad de asumir un enorme fracaso.

Julia, desesperada, le da el trabajo prácticamente hecho a Víctor, dispuesta a resolver el asunto en caso de que la postura de él pudiera deberse tan solo a un acceso de orgullo. Se lo pone a falta de un mero monosílabo:

Julia: ¿Prefieres que no me vaya?
Víctor: Prefiero que elijas libremente.

"Hablamos esta noche" (Pilar Miró, 1982)

Y Julia elige marcharse.

Julia se levanta y abandona la mesa, como símil de esa otra partida definitiva que ejecutará más adelante. Terminará haciéndolo pues es lo único que podrá hacer ante la falta de deseo de Víctor. Mientras este coge una manzana y la muerde, Julia le exclama:

Julia: ¡No te las comas, también son de ayer!

Así es cómo Julia anota que ante esa fascinación de Víctor por lo perfecto, lo fresco y lo maravilloso, esa que aplica para sí mismo, ella no puede comparecer como el objeto de deseo que él espera. Ella es… una manzana de ayer. Es el momento de recordar que así había sido cómo Julia se había presentado ya al comienzo de la escena, unos minutos antes, cuando ponía la mesa y decía:

Julia: Perdona pero es el mismo menú de ayer, no he tenido tiempo de hacer nada.

Hemos analizado esta escena por lo revelador de la lógica del personaje de Julia. Y también de los efectos que esa comparecencia de perfecto garante de Víctor tiene en los demás para los que, con el tiempo, el semblante, simplemente, no es suficiente. Julia es una mujer amante, deseante, aún enamorada de Víctor, desesperada por acceder a instancias profundas de él en donde pueda localizar su deseo, sus debilidades e incompletudes que saben a las suyas propias, o al menos con las que las suyas pueden reverberar sinceramente.

También resulta interesante analizar la escena en que Julia y Víctor aparecen en la cama después de haber tenido sexo:

"Hablamos esta noche" (Pilar Miró, 1982)

Julia: ¿me das un cigarrillo?
Víctor: No queda ni uno.
Julia: Hay en mi bolso.

Julia envía a Víctor directamente a su bolso sabedora de que allí encontrará el billete de avión para ir a Italia, así como algunas guías turísticas. Le lanza, por tanto, una nueva alerta que dice: “Me estás perdiendo”:

"Hablamos esta noche" (Pilar Miró, 1982)

Víctor: ¿Para qué son estos…?
Julia: ¿Qué…?
Víctor: Nada, nada…

Julia finge no saber a qué se refiere Víctor, a pesar de que ella ha sido quién ha provocado el “encuentro”, tanto si lo hiciera de forma consciente como si lo hiciera a modo de “acto fallido”. De un modo o de otro, consciente de que el “encuentro” se ha producido, es decir, de que la alerta ha sido de nuevo esgrimida, implora silenciosa, desnuda y vulnerable, que él la reclame, que diga lo que hay que decir para no perderla. Toda ella es un gesto de ofrecimiento y de espera tan sincero como el buen hacer de Mercedes Sampietro es capaz de articular. Y es una imagen poderosa en cuatro tiempos en los que el ardid de Julia completa sin efecto su propio ciclo de vida, con fases en las que podría estar pensando…

"Hablamos esta noche" (Pilar Miró, 1982)

"Hablamos esta noche" (Pilar Miró, 1982)

Víctor: ¿Contestaste a los italianos?
Julia: Todavía no…
Víctor: ¿No les has dicho que no vas a aceptar?

¡Esto es lo más lejos que Víctor puede llegar!, fingiendo dar por hecho los sentimientos de ella, es decir, asumiendo la perfección de la escena con Julia, lo correcto de ambos, y por tanto, asumiendo que ella dirá que no se va a Italia, que no aceptará el trabajo.

No es extraño que sea Julia, la que más profundamente puede indagar bajo el semblante de perfección de Víctor, la que nos devuelva su análisis más cruel y certero. Será durante la escena en que ella le abandonará por fin:

"Hablamos esta noche" (Pilar Miró, 1982)

Julia reprocha a Víctor que no le haya contado nada sobre lo que sucede con su hijo Claudio, es decir, le acusa de no haber enseñado nada de su vulnerabilidad, de haber comparecido de nuevo como el perfecto garante al que no le sucede nada, al que todo le va bien. “El muro”:

Julia: Una vez más me he tenido que enterar por terceros porque no has sido capaz de decírmelo tú. [Suspiro] Estoy harta. Si no merezco tu confianza, ¿qué mierda significo en tu vida?
Víctor: Sabes perfectamente que hay asuntos privados sobre los que no me gusta hablar.
Julia: Mentira, te encanta. Siempre que puedas dar con ellos una imagen maravillosa de ti mismo.

Y ahí está, la frase mayor del análisis, la lógica imperante, absolutamente primordial del personaje de Víctor, expresada con claridad por parte de Julia. Ya en ese “te encanta”, y el modo cómo Sampietro la pronuncia, con un goce vengativo, se advierte la acusación de narcisismo que acompaña a Víctor y que explica, en realidad, todo su comportamiento. Ella es quien lo expresa con mayor precisión, la que lo enuncia con acierto y puntería. Será ella quién devolverá al espectador la carta maestra con la que el relato en su conjunto se abre y se explica con detalle, en el momento en que la lógica narcisista de Víctor, la de la “imagen maravillosa de ti mismo”, obra como llave de acceso al universo simbólico del relato. Será esta frase la que sirva para adjudicar y ajustar la presencia del resto de símbolos y permita entender, de hecho, la razón del relato mismo.

Julia: Pero un hijo homosexual es demasiado, claro. Eso es algo que podría emborronar esa imagen espléeendida que siempre has querido dar.

Y no son palabras muy distintas de las que Luis María, algo después, en otra escena, empleará para describir a Víctor. Hagamos una pausa para atender al modo cómo la frase anterior, dicha por Julia, muta de forma, pero no de sentido, en palabras de Luis María:

"Hablamos esta noche" (Pilar Miró, 1982)

Víctor: Tú eres escrupuloso, pero yo me conformo con ser sencillamente responsable.
Luis María: La ruina has dicho… tu propia ruina.
Víctor: No seas ofensivo.
Luis María: Perdona, olvidaba que de los dos tú eres el irreprochable.
Víctor: Imbécil.

Imagen espléndida se convierte aquí en “irreprochable”. Y no deja de ser interesante que mientras eso es lo que Víctor, él cree ser “responsable”, la vertiente luminosa de su lugar predominante. Pero ya llegaremos a Luis María; volvamos a Julia.

Julia: Pero un hijo homosexual es demasiado, claro. Eso es algo que podría emborronar esa imagen espléeendida que siempre has querido dar.

Julia continúa acertando con las palabras, “imagen espléndida”, “imagen maravillosa”… expresiones con las que Julia subraya la condición de máscara de todo lo que él es, poniendo en valor que sus actuaciones son semblante, que su presencia es sombra y que, en el momento de mostrar la debilidad, la sombra se torna en muro:

Julia: Por eso te callas. No por Claudio, ¡por ti! Por eso te importa, ¡por ti!
Víctor: Julia

Hay un instante en que ese “Julia”, pronunciado por Víctor Valverde, por Víctor, suena alcanzado y vulnerable. Es apenas medio segundo en el que el vocativo femenino de ella pareciera una puerta que comienza a abrirse. Hay en esa forma de llamarla un sabor a “necesitarla”, que es lo que Julia viene deseando que él muestre desde el comienzo del relato. Dura apenas medio segundo, pero el efecto de esa aparente puerta que se abre, espacio de vulnerabilidad, ese lapso tras el nombre de ella que sabe a capitulación, a calcetín del revés, a fondo humano y frágil, tiene la capacidad de hacer que una enojadísima Julia se vuelva un segundo a mirarle… y hay en esa espera de ojos un instante en que ella cree llegar esa palabra rota para poder repararlo todo. Detalle interpretativo de Mercedes Sampietro que retrata esa suerte de luz que parece empezar a salir por esa puerta abierta. No nos perdamos su rostro tras ese “Julia” de Víctor, que le interrumpe el mutis, la espantada, en forma de esperanza…

"Hablamos esta noche" (Pilar Miró, 1982)

Una mirada que en un puñado de fotogramas lanzados, articulan el umbral del umbral de una ternura que está deseando ser puesta en juego, que casi parece esconder una debilidad desesperada, pero que se trunca violentamente al revelarse que no era más que el comienzo de una ironía:

Víctor: Juliagracias por tu comprensión.
Julia: Podrías haberla buscado, pero has vuelto a perder la oportunidad.

De semejante vaivén entre el reproche y el borrador de una ternura demasiadas veces abortada en el último momento, solo cabe tomar la decisión de un final. Y esta vez sí, Julia termina dejando a Víctor y dejando que el nivel del agua del canal suba otro tanto, acercándose cada vez más a la raya roja.

Julia: Por cierto, tus llaves…

"Hablamos esta noche" (Pilar Miró, 1982)

 

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