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El castillo del Duque Barbazul

Si hay un sonido no tanto convencional, como habitual, en los comienzos de las representaciones de ópera, y recordemos que la ópera es una de las piezas principales de la musicalización de The Souvenir, es el del momento en que el conjunto de músicos del foso ensayan las melodías que más tarde conformarán la música, y afinan sus instrumentos. Dicha escena precede al comienzo de la música o, tratándose de ópera, mejor decir que precede a la representación. Y si sumamos otro elemento, este sí convencional, que significa algo pero que no se suele escuchar en realidad, como es el de los toquecitos de la batuta, el conjunto exclama con precisión que la representación va a dar comienzo. Este es el tándem musical con el que Joanna consigue que un subsegmento concreto del viaje a Venecia, que ya había empezado antes, se recaracterice como una auténtica representación, que a su vez es una representación dentro de otra, la de la propia The Souvenir. Y que comienza ya incluso desde la aproximación al teatro de la Fenice con una enunciación autoconsciente de su propio amaneramiento ultracinematográfico: Hogg acusa e intensifica los picados, ilumina los planos con un toque de artificialidad —como la iluminación de un escenario de ópera—, toma primeros planos de objetos detalle —como el roce con el suelo de piedra del borde inferior del vestido largo de Julie—, reacompasando el tempo diegético a un lapso teatral, un tiempo que es paladeo mismo de una falsa enunciación cinematográfica con la que se hace saber de ese carácter de representación. ¿Por qué tomarse tanto esfuerzo visual para mostrar esta escena? Hay varios motivos, unos que tienen que ver con el propio descubrimiento, terrible, de Julie, y otros, como el que más nos interesa aquí, que tiene que ver con la propia música, que como vemos había sido tan significativamente introducida y señalada. Acompaña las imágenes El castillo de Barbazul (1918), única ópera que compuso el húngaro Béla Bartók.

En su único acto, se narra la historia de Judith (mezzosoprano) y Barbazul (barítono), los dos únicos personajes con frase de la obra —tan centrales como lo serán Julie y Anthony en The Souvenir—, a su llegada al castillo de este, un siniestro lugar donde no alcanza la luz del sol hasta el que ella le ha seguido profundamente enamorada. Atrás quedan sus padres y su hermano —una familia acomodada, de acuerdo al texto de Balázs en el que se basó Bartók—, tristes por su partida con Barbazul, pero Judith está convencida de su amor y dice que jamás le abandonará, a pesar de que el castillo es, más bien, una excavación en roca y sus paredes, frías e inhóspitas, humedecen sus dedos (“muros y vigas, todo es aquí llanto”9). Allí descubrirá siete puertas cerradas, que Barbazul se empeñará primero en mantener así, pero que irá permitiendo abrir a Judith a lo largo de la obra, para ir descubriendo lo que esconden. Por orden: una cámara de tortura, con las paredes llenas de sangre; un depósito de armas también manchadas de sangre; un enorme tesoro con joyas manchadas de sangre; un magnífico jardín con las flores manchadas de sangre; un amplio paisaje lleno de sombras teñidas de sangre; un lago de aguas blancas, que son las lágrimas de Barbazul; y la séptima puerta —cuyo contenido intuye Judith antes de abrirla, y aun así la abrirá— que contiene los espectros inmortales de las tres mujeres anteriores de Barbazul. Finalmente, Judith reconoce su lugar junto a ellas, se coloca a su lado en el interior del espacio al que da acceso la puerta, y esta se cierra, dejando a Barbazul solo en la oscuridad. 

Como ven, prácticamente… la historia de The Souvenir, sobre todo si concebimos a Judith como un trasunto de Julie, con cuyo nombre comparte una clara homofonía, y que además ambos empiezan por “J”, como “J”oanna Hogg. Judith es, en esencia, una mujer enamorada, como Julie, que sigue al hombre al que ama solo para descubrir que esconde un castillo oscuro y siniestro, su terrible adicción. Judith encuentra en la séptima puerta a las tres mujeres anteriores de Barbazul, como tres habían sido las novias anteriores de Anthony antes de Julie, tal como lo había desvelado él mismo en la escena en que este le propone viajar a Venecia:

Julie: ¿Has estado antes?
Anthony: Sí. Tres veces.
Julie: ¡¿Tres veces?!
Anthony: Una en verano, dos en invierno. 
Julie: Ajá. ¿Por qué fuiste? ¿Fuiste solo?
Anthony: No, fui con … em… Desiree. Se volvió loca de celos y saltó a un canal. No la volví a ver. Al menos, eso es lo que se desprende de su nota de suicidio. Yo creo que se escapó con un gondolero. 
Julie: No me sorprende… [Pausa] Entonces, tres novias.
Anthony: Sí, todas se llaman Desiree. Extraño, eso. 
Julie: ¿Cómo se llamaban?
Anthony: Miriam, Caroline y Angela. 

Luego, para Anthony, Venecia está asociada a sus tres novias anteriores, y será el lugar en el que escucharemos la ópera en la que un hombre esconde los espectros de sus tres mujeres anteriores. Se advierte en la frase de Julie (“Entonces, tres novias”) el desencanto de no ser la única, como el de Judith al intuir la presencia de las tres mujeres anteriores de Barbazul. No obstante, a pesar de no ser la primera, Julie acepta ser la cuarta, por su amor por Anthony, como Judith, a pesar de intuir su destino, pedirá que se abra la séptima puerta para unirse a las otras tres mujeres, por su propia voluntad. En la ópera de Bartók, Barbazul señala los momentos del día en que encontró a cada una de sus mujeres (una por la mañana, otra a mediodía y otra por la tarde), reservando la noche para el encuentro con Judith:

BARBAZUL
Encontré a la cuarta a media noche.

JUDITH
¡Basta, Barbazul, basta!

BARBAZUL
Una noche estrellada,
negra como el ébano.

JUDITH
¡Basta, yo aún estoy aquí!

BARBAZUL
Tu rostro se hallaba en sombras.
Era espléndido tu cabello de seda.
Desde entonces, tuya es la noche.

Y no olvidemos que fue precisamente una noche, en una fiesta en su piso, cuando Julie conoció a Anthony:

Como también transcurre de noche la escena anunciada por los toquecitos de la batuta allá en Venecia, durante la cual, tal como se nos da a ver, ambos hacen el amor. 

Pero no abandonemos aún la escena de Harrods. Si nos fijamos en alguna de sus decisiones de puesta en escena, cabe pensar que el triste descubrimiento que allí esperaba a Julie, ya estaba, de alguna forma, escrito. Así puede pensarse, al menos, si advertimos que, justo en el instante en que Julie acepta emocionada la propuesta de Anthony de ir de viaje a Venecia, un camarero trae la cuenta de su comida, que parece ascender a treinta y cinco libras, y que Anthony pasa a Julie para que sea ella quien se encargue de pagarla… que es lo que, finalmente, ella terminará haciendo en cuanto al viaje a Venecia, pues el viaje se financiará con sus propios objetos de valor, sustraídos por Anthony. 

Una vez abierta la séptima puerta, Barbazul presenta, uno a uno, a los espectros de sus anteriores mujeres, relacionando a cada una con un momento del día —similar al modo cómo Anthony relata los distintos momentos del año en que viajó, con sus novias, a Venecia—, y Judith responderá siempre, tras conocerlas, las mismas frases: “Deslumbrantes bellezas de otro tiempo, nada soy comparada con ellas”, “¡AH!, cuánto más afortunada que yo” o “Cuánto más hermosa que yo”. Frases, todas ellas, que recuerdan al modo cómo Julie reaccionó en Harrods ante los nombres de las ex-novias de Anthony: “Supongo que eran increíblemente bellas, divertidas y montaban a caballo”. 

A menudo tendemos a oscurecer el reverso de Anthony como si sus actos estuvieran siempre guiados por un deseo oscuro, que insinúa malas intenciones, y de hecho es obvio que su personaje se aprovecha de la situación económica de la familia de Julie, que la sostiene durante sus años de estudiante de cine. Sin embargo, la elección de El castillo de Barbazul también nos sirve para ubicar en Anthony un deseo de redención, que tiene que ver con su propio amor. No en vano, Barbazul ruega a Judith que no le obligue a abrir las puertas —como Anthony le dirá a Julie que si no desea torturarse con el recuerdo de sus ex-novias, no le pregunte, como tampoco aceptará bien que le pregunte si se ha drogado—, pues él siente que esa es su única esperanza para poder dejar atrás su pasado sangriento. Barbazul, como Anthony, ¿oculta sus errores para poder entregarse impunemente a ellos? ¿O los esconde de sí y de la mujer que le ama, con objeto de llegar a ser el hombre que ella cree que es? Anthony ama a Julie, al mismo tiempo que consume sus recursos, y en su fantasía cree que será capaz de mantenerse anclado a la vida, a la luz, a través del amor de Julie. Todo esto, en conjunto, viene Anthony a poner en juego a través de una de las escenas más íntimas del film, tras su reconciliación, a solas, en la cama:

Julie: ¿Aún me amas?
Anthony: Sí. 
Julie: ¿Sí?
Anthony: Sí. [Pausa]. ¿Qué te hace pensar que no?
Julie: A veces no soy muy amable contigo. [Pausa] Soy una bestia contigo. 
Anthony: No eres una bestia. Yo soy la bestia.
Julie: No, yo soy la bestia.
Anthony: Yo soy la bestia. 
Julie: Compartiremos la bestia.
Anthony: Eso estaría bien, de hecho.

Compartir la bestia, para Anthony —un ser de la oscuridad como Barbazul—, es depositar algo de su esperanza en la fuerza del anclaje a Julie —el ser de luz con el que espera salir a flote—. Y Joanna creyó cada palabra de esa conversación, como Judith creyó en la redención de Barbazul hasta el instante mismo en que entendió que su lugar estaba junto al de sus otras mujeres. Si necesitan una prueba de la intimidad de esta escena, que Joanna vivió llena de verdad, solo tienen que comprobar que la cineasta la rodó con ese otro formato de imagen, con mucho grano y cierto desenfoque, con el que ya había subrayado lo mágico de otros instantes junto a Anthony. 

Se ha publicado: “Judith, a causa de su inclinación por este hombre extraño (que en realidad es el arquetipo del hombre), y tal vez por el eterno deseo femenino de redimirlo, le pide también la última llave”10. Así, de alguna forma, aparece la idea de que Julie creyera sus palabras, haciéndose consciente de que el éxito de la fantasía de Anthony, contener a la bestia, depende también de sí misma en gran medida, y acepta la tarea de buen grado. Es decir, acepta su lugar en el sueño de redención de Anthony, o incluso asumiendo ella misma la función de redimirle. 

Como ven, la posición de Julie es más compleja de lo que puede parecer (“me llevó muchos años sentirme preparada para contar la historia, creo que probablemente unos treinta años”, diría Joanna Hogg11). Hay quien ha sobreinterpretado el final de El castillo del Duque Barbazul afirmando que “ella lo acusa de asesinar a sus anteriores esposas y de esconder sus cuerpos detrás de la séptima puerta”12, pero lo cierto es que, si uno lee con atención la estrofa de Judith…

JUDITH
(liberándose del abrazo)
¡Abre la séptima puerta, la última!
He adivinado tu secreto, Barbazul.
He adivinado lo que escondes.
Manchas de sangre
en tus instrumentos de tortura,
sangre en tus coronas,
roja la tierra de tus flores,
roja la sombra de tus nubes.
Ahora lo sé todo, Barbazul,
sé de quién es ese llanto.
Todas tus anteriores esposas
tuvieron un sangriento final.
¡Ah, ahora sé que aquellas
habladurías eran ciertas!

…no se aprecia inequívocamente dicha acusación, sino más bien una cierta toma de conciencia, consecuencia de hacer encajar las piezas y descubrir los actos de Barbazul, pero también, al mismo tiempo, ser ya incapaz de evitar sentir que los terribles actos de su amado son también su propio destino, es decir, que hay algo en esa búsqueda de lo siniestro que tiene inesperadamente que ver con ella misma, que le atrae profundamente. “Tengo que llegar hasta el final. ¡Abre la última de tus puertas!”, dice a continuación, llevada por el goce de hacer realidad su íntimo destino fatal, que también es una forma de sacrificio por el hombre amado, una forma de hacer realidad su promesa: “Aunque me abandones, nunca te dejaré. Prefiero morir en este frío umbral”. Joanna Hogg eligió esta obra para describirse a sí misma siguiendo a un hombre, por amor, hasta su castillo —espléndida metáfora la de Venecia, al tiempo una ciudad rebosante de arte, como Anthony, pero también húmeda y oscura en sus noches de invierno, como las paredes de un castillo—, e incluso más, haciéndose confeccionar un precioso vestido para viajar junto a él, y terminar abriendo allí las siete puertas. Por supuesto, Venecia debía estar en el cartel de The Souvenir

Y esta es la forma, al contrario de lo que se puede pensar, más verdadera, con la que Joanna da cuenta de lo sucedido en Venecia: mediante esa representación “a punto de comenzar”, tras los toquecitos de la batuta, que es al mismo tiempo una educada elipsis de los hechos concretos, con la que la cineasta se ahorra mostrar la humillación que acompaña a su propio fingimiento ante el mentiroso, pero también una representación plástica que porta una verdad —¿no se aprecia, en esta escena, también algo de una realidad envuelta en las emociones, al estilo de Powell y Pressburger?—. Los hechos reales aparecen sustituidos por la música de Judith y Barbazul, y por unas imágenes que son representación de una representación, de carácter sexual, con la que Joanna desnuda su entrega a Barbazul, incluso después de descubrir el oscuro secreto del fingimiento del robo —el otro lado de una puerta—, quizás un intuir su lugar en esta historia fatal que remite al destino de Judith. La enunciación del film adopta las formas teatrales, identifica sus detalles fetiches y, de alguna forma, nos cuenta el acto con el que Barbazul la tomó para sí, el acto que es el punto de inflexión con el que su tiempo juntos quedaría para siempre… dividido en dos.

En definitiva, ¿qué obra de ópera iba a ser la elegida para un film cuya historia se despliega en un juego de puertas, que una cuya sinopsis consiste en ir abriendo las siete puertas sobre el escenario? Debía ser El castillo del Duque Barbazul, cuya nobleza de duque, por cierto, resuena a ese elitismo de la formación de Anthony, su educación de clase alta y su pasión por los espacios lujosos, la ópera y la estética más refinada.

Siguiente: The Souvenir y The Souvenir. Part II: el díptico que no era.

Referencias

[9] Libreto de la obra recuperado el 17 de abril de 2022 de: http://kareol.es/obras/elcastillodebarbazul/libreto.htm 
[10] El castillo de Barbazul. (sin fecha). En Wikipedia. Recuperado el 17 de abril de 2022 de: https://es.wikipedia.org/wiki/El_castillo_de_Barbazul 
[11] Collider Interviews. (2019, 9 de febrero). The Souvenir: Joanna Hogg & Tom Burke Interview [Archivo de video]. Youtube. Recuperado el 17 de abril de 2022 de: https://www.youtube.com/watch?v=dps7QBjRkBw 
[12] El Castillo de Barba Azul. (sin fecha). La Phil. Recuperado del 17 de abril de 2022 de: https://es.laphil.com/musicdb/pieces/1113/bluebeards-castle

Productor y Director de "Código Cine". Publica artículos, ensayos y reportajes de análisis y comentario fílmico en esta y otras publicaciones desde mediados de los años 90. También co-editor de "SOLARIS, Textos de cine", editorial fundada en Madrid que edita la Colección SOLARIS de libros, así como otras publicaciones de cine.

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