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“Annette”: La teatralización de la vida misma, encarnada en el romance de Driver y Cotillard

Empezaremos recuperando la cuestión que plantea Erich Fromm en sus investigaciones en torno al amor, ¿es el amor un arte? Sin duda, Carax se esfuerza en su obra para que así sea. Eleva este sentimiento, y todas las emociones que lo acompañan, a un plano cinematográfico de tez musical que podríamos calificar como un discurso plenamente poético.

Sin embargo, este planteamiento no debe situar al espectador ante lo que se espera de un musical romántico sino que el director francés va más allá y recrea todo un análisis de ese romanticismo más problemático, de los excesos del amor o, quizá, del desamor extremo. Todas estas impresiones crean y modelan lo que será un film sin duda conmovedor en muchos aspectos.

No podemos obviar el modo cómo Carax decide introducirnos en su narración. Esa advertencia musical, en tono pop rock, una musicalidad activa y alegre que anima al espectador y lo posiciona ante el discurso, mediante una presentación de los personajes. Destaca como las melodías irán cambiando y variando en cuanto a tono y mensaje, pero sin duda esa fuerza, esa vida, de la primera canción nos sirve como preliminar para encarar el musical que tenemos por delante.

Ahora bien, la advertencia inicial se remonta incluso al momento previo a esta primera canción, donde un narrador nos impone “coja aire por última vez”. Este último suspiro del espectador que le debe preparar para sumergirse en lo que será la visualización del amor romántico de la forma más cruda y directa. Ahora sí… So may we start.

Película "Annette" (2021) de Leos Carax.
Annette (2021)

Con esta fantástica introducción recrea el momento en el que en un teatro se subiría el telón, Carax nos avisa del inicio de la obra, nos presenta a los personajes y anima al espectador (con un carisma que pronto desaparecerá) al visionado de esta fantástica historia.

Una vez se inicia propiamente la trama, esta queda inaugurada con la aparición de Marion Cotillard viajando en su limusina. No pasa desapercibida la roja manzana que va comiendo, casi sin querer, de forma autónoma y que deja mordisqueada, olvidada en un lado de la composición. Además, toda la escena donde se encuentra nuestra Ann queda gobernada por un rojo característico que inunda su escenario. Parece evidente la lectura de estas primeras secuencias: el rojo, símbolo de la pasión y del pecado, está referenciado a su vez por la manzana mordida por ella, creando una alusión directa al pecado original. Así, Ann pasa, desde el inicio, a encarnar la figura de una Eva terrenal, una imagen laica de la cantante de ópera que queda divinizada bajo la óptica de Carax.

Película "Annette" (2021) de Leos Carax.
Annette (2021)

El discurso continúa con la presentación de Adam Driver, quien da vida a Henry. Este aparece directamente subido en el escenario siendo presentado bajo el título de “El simio de Dios”. Sin duda esta presentación resulta una advertencia y cabe preguntarse, dada la evolución de la trama, ¿en qué llegará a convertirse este animal?

Destaca la contraposición personal e identitaria de ambos personajes que están destinados a unirse, una unión de prácticamente dos antagónicos. Así vemos a Henry encarnando aquello tan banal como es el humor, el hacer chistes y divertir, el reír, mientras Ann, con su canto de ópera, no solo conmueve sino que emociona a su público, siendo su actuación —como el propio Henry admite— algo “sagrado”. Mientras él solo “mata a su público” con la risa.

A pesar de las diferencias y de las aparentes críticas y prejuicios contra la unión se desata un amor desenfrenado. Vemos una luna de miel que parece infinita y que alcanza un clímax terrible, sumido en una espiral de toxicidad. Celos y envidia, las peores sensaciones que enterrarán el romance de las dos jóvenes promesas.

Partiendo entonces de una clara contraposición de ambos personajes, vemos la extrapolación de sus personas, de su psicología. Recuperamos aquí la idea de enamoramiento promovida por Erich Fromm, quien define este estado como un momento en que se confunde la mente, donde se disipan las barreras que existían hasta el momento entre esos dos extraños1. En este mismo punto destaca la escena de amantes que protagonizan en un prado, dando un paseo en la naturaleza libre, mientras Henry se acerca por detrás extendiendo sus brazos hacia Ann. Vemos así la representación del deseo sexual como estímulo al deseo de conquistar a la otra persona, por la vanidad o el deseo de herir —incluso destruir— que promovió también Fromm.

Película "Annette" (2021) de Leos Carax.
Annette (2021)

En la segunda ocasión que Henry va a recoger a Ann a la ópera vemos un ligero cambio de actitud y de percepción de la pareja, especialmente por parte del cómico. De hecho, este llega justo cuando el espectáculo está acabando y presencia la muerte del personaje encarnado por Ann, siendo este hecho a su vez una premonición de lo que estará por venir, de lo que acabará siendo su relación y la aparición de él en la vida de ella.

La consumación de la pareja llega con su recién nacida, la pequeña Annette. En ella reside la inocencia de cada individuo y su amor más puro entre ellos, ahora proyectado también hacia su primogénita.

Película "Annette" (2021) de Leos Carax.
Annette (2021)

Su aparición no es indiferente y de hecho resulta de lo más inquietante, al adoptar esa forma de muñeca, de juguete. No podemos obviar el afán de provocación del director y, qué mejor forma que cambiar la tierna carne humana de un bebé por la madera, aparentemente impersonal, de una muñeca, pero referenciando a su vez de forma directa el símbolo de la infancia y de la inocencia con esta metamorfosis inesperada de la neonata.

No podemos obviar la evidente relación con la clásica narración literaria de Pinocho. Aquí los padres, los creadores, dan vida al juguete de sus vidas, a su propia hija. Dotando de alma al objeto de su amor, dando vida a la encarnación misma de su relación. Al igual que en la narración infantil acabará destacando este nuevo ser por su autonomía, picardía e incluso por su carácter y actitud hacia su progenitor2.

Película "Annette" (2021) de Leos Carax.
Annette (2021)

No es casual que su hija resulte ser su juguete, su pequeña Annette, ya no por ser su creación sino por su función de nexo entre la pareja. Es la pieza del puzle que los mantiene unidos en sus últimos días.

Además, el juguete, la muñeca, por sí sola es símbolo directo de la fragilidad, la inocencia, la infancia y juventud… valores que nuestra pareja protagonista ha ido perdiendo, descuidando o rompiendo a lo largo de la narración. Si recuperamos las palabras de Erich Fromm, “el amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos”3, podríamos esperar un rejuvenecimiento del espíritu de Henry, de sus sentimientos e ilusión. Sin embargo, la llegada del nuevo miembro de la familia parece desatar el terror que hasta el momento estaba en calma. Henry, con su peculiar humor, afirma en su show haber matado a su mujer y recrea el cómo sin querer le quita la vida, todo fruto del juego infantil (como son las cosquillas, reafirmando así su personalidad inmadura). A esto sumamos las sospechas de Ann que manifiesta de forma directa: “algo va mal”.

Con este conflicto interno, que poco a poco va aflorando en la realidad de la relación de nuestros protagonistas, ambos se embarcan en un crucero personal. Se manifiesta y externaliza el enfrentamiento en la naturaleza donde se encuentran: ese mar embravecido, la fiereza del agua que no es más que un reflejo de las emociones que están sintiendo ambos amantes. A esto acompaña la banda sonora que empieza a reproducir sonidos fuertes y contrastados, así como el cromatismo de la imagen ayuda a crear un plano del todo inquietante. Todos estos elementos acaban conformando un escenario dramático que dará paso al trágico final. Así, de repente, vemos a Henry en un bote con la pequeña Annette: han perdido a la voz de la familia, ¿o quizá no?

Al volver a casa, el personaje que ayuda con el piano en las actuaciones de Ann (interpretado por Simon Helberg) cobra importancia, ya que ahora adquiere fama dentro del mundo musical convirtiéndose en director de orquesta. No solo aumenta su estatus sino que ahora forma parte de la familia de Henry y Annette. Le vemos como un miembro más en formar parte del entramado que se teje entorno la figura de la pequeña.

Una vez descubren el talento en la niña, heredado de su madre, arranca una espiral de explotación y una vida de desenfreno para Henry, que acabará con su absoluta perdición. El clímax llega cuando su hija canta la canción que él compartía con su bella amante, aquí el padre pierde del todo los estribos y lo paga con su nuevo buen amigo. Cabe destacar el cómo los hijos y el amor que se siente hacia ellos, es un cariño que reside en las aspiraciones creadas hacia esa nueva persona, motivado en parte por su forma similar al progenitor4. Así no es de extrañar que la pequeña Annette, al parecerse tanto a su madre, desate tantas pasiones como hizo ella, tantas alegrías y desesperaciones en aquellos que la rodean.

Es muy interesante el último show de Baby Annette, donde se niega en cierta forma a cantar, donde vemos una fuerza que le imposibilita lo que para ella ya era un habitual, y no solo eso sino que en el momento en que se pronuncia es para acusar a su padre. Es interesante este acontecimiento donde la pequeña, podríamos decir, se convierte en una extensión del propio Henry, quien lleva la culpa. De hecho, esta culpa la vemos de forma directa en su rostro, ya que tras su primer delito aparece una marca que irá aumentando progresivamente con la evolución del mismo personaje. Teniendo en cuenta estos factores veríamos a su hija, a su muñeca, como una representación de su inconsciente, de su propia razón, la cual muta en esta figura infantil que lo acompaña siempre, que es su propio fruto, su hija.

Vemos una degradación de todo lo que se nos había presentado en un inicio como idílico: el rostro del joven Henry se ve mancillado por esa mancha que cada vez ocupa más lugar, vemos como la magnífica casa donde residía toda la familia es abandonada y como su estado es de total abandono… Observamos, en definitiva, como todo va llegando a su fin y Carax se encarga, con todo detalle, de que el espectador entienda que nos adentramos en el capítulo final de nuestra historia.

Así pues, es determinante el encuentro de él con su pequeña en la cárcel. Vemos cómo en un momento dado Baby Annette se transforma y de repente cobra vida, abandona su forma de juguete para adoptar la forma y vida de una niña de verdad. No es casual que esta transformación tenga lugar en el momento justo en que ella decide cortar la relación con su padre, diciéndole incluso que ya no la puede querer, advirtiendo que debe alejarse y abandonar el contacto con ella.

Película "Annette" (2021) de Leos Carax.
Annette (2021)

Es interesante como Erich Fromm en sus páginas sobre el amor paternal afirma que los progenitores nunca retirarán su amor hacia sus hijos, así leemos “no hay ningún delito, ningún crimen, que pueda privarte de mi amor, de mi deseo de que vivas y seas feliz”5. En contraposición, lo que vemos en estos últimos minutos del film es la relación inversa, de la pequeña Annette hacia su padre, y vemos cómo ella sí es capaz de retirar su amor a su progenitor e incluso prohibirle cualquier sentimiento hacia ella. Es determinante el modo como considera y juzga a su padre por haberle arrebatado toda una vida —ya no solo su infancia— y por haberle arrebatado a su madre.

Observaremos esto en cómo Henry, en esta nueva situación, en este nuevo escenario, toma conciencia de todos los hechos que ha llevado a cabo, de todas las atrocidades que ha cometido y de todo lo que ha llegado a perder con su locura. Además, recuperando el paralelismo con el cuento de Pinocho, veríamos al padre como mártir, como burlado, frente a esa muñeca que cobra vida, y cada vez más fuerza. Tanto es así, que él se ve juzgado, ya no por el tribunal que le otorga esa nueva vida entre rejas, ya no por su inconsciente del cual se ha desligado (su hija), sino por nosotros (los espectadores). Todo el público que se sitúa al otro lado de la pantalla, que ha observado y seguido toda la narración, llegamos a un final donde nos posicionamos como jueces, siendo determinante las últimas frases de Henry “dejad de mirarme”.

Se cierra así la película y la trama de forma casi poética. Leos Carax nos introdujo con un prólogo muy marcado y definido (una canción de tono animado presentando a todos los personajes que formarían parte de la historia) hasta llegar al final (con una frase seca y ruda, tras haber perdido tantos personajes por el camino, tras haber visto la evolución del propio protagonista y su total perdición). Carax crea el discurso perfecto, una historia intensa y frenética, una espiral de pasiones y emociones, con una interpelación muy clara a la presencia del espectador: “dejad de mirarme”. Henry ha sido juzgado, nosotros hemos cumplido nuestro papel como observadores, como jueces y ahora solo nos queda dejar de mirar la pantalla: la obra, la película, ha acabado.

Referencias

[1] Fromm, E. (1981). El arte de amar. Barcelona: Paidós, p. 58.
[2] Béjar Trancón, A., Vaz Leal, F.J., y Penasa López, B. (2002). El conflicto parental en la ficción literaria: Pinocho y Frankenstein. SEPYPNA. Recuperado de: https://www.sepypna.com/revista-sepypna/articulos/conflicto-parental-ficcion-literaria/
[3] FROMM, E., op. cit., p. 35.
[4] Idem, p. 49.
[5] Idem, p. 50.

Historiadora del arte y fiel seguidora del arte en pantalla. Encaprichada del mundo humanístico en todas sus formas y expresiones. De vez en cuando escribo para compartir con el mundo mis planteamientos e inquietudes.

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